Alfabeto QWERTY/Andrés Villarreal/Ríodoce
Cuando empezó todo, hace un año, muchos creyeron que sería cuestión de días. Muy rápido empezamos a contar los meses, y de pronto llegamos a un año de esta Historia con mayúsculas que enfrentamos en Sinaloa. Una Historia que se compone de millares de pequeñas-grandes historias que se guardan las familias arrolladas por la violencia. Son tantas que resulta literalmente inabarcable contarlas.
Para efectos de entendimiento, nos lo hemos explicado así: dos grupos de bandidos han intentado exterminarse entre sí. Se autonombran Chapitos y Mayitos, ambos dedicados a los mismos negocios en la cadena de tráfico de sustancias ilícitas y otros muchos delitos, todos mezclados con negocios legales. En ese intento de exterminio arrastran a ciudades y pueblos. Día y noche, bala tras bala, un asesinato y otro, una desaparición y una más. Pobres matando a pobres. Pura tropa. Y en medio, indefensa, una ciudad grande como Culiacán, o un pueblito pequeño —pongamos Tacuichamona, o Imala, o el que usted quiera.
Paquetes de libros
En un año ya nos dijimos todo lo que nos podemos decir. Analizamos, criticamos, entristecimos, lloramos, propusimos, echamos culpas, admitimos pecados, mentamos madres y rezamos padres nuestros. Pero este zarpazo del narco nos ha desgarrado como ciudad, como estado.
La única manera de explicarnos la realidad es siempre comparando. Y la Historia del último año en Sinaloa carece de episodios para compararla. Todos se quedan cortos. Es un Culiacanazo largo-largo. Es una narco-pandemia, nos decimos. Es como la guerra de los Beltrán Leyva contra el Chapo y el Mayo, pero recargada.
Es, ni qué discutirlo, una triste catástrofe social. Casi 2 mil asesinatos —casi todos jóvenes—; junto a un número superior o igual de desapariciones, tan bien de jóvenes; incuantificables daños a una economía que no depende del narco pero debemos reconocer que sí es uno de sus pilares. Tan simple como el impacto a la economía familiar de más de 6 mil familias a quienes les han robado su coche, y otros miles que han perdido su empleo.
Otros millares de familias han perdido su casa, porque los han desplazado. Dejan lo poco o lo mucho en sus pueblos, y empiezan de menos de cero. Todo porque en sus casas campean los bandidos, que ahora se sientan en sus sillas, comen sus gallinas, se ocultan en sus casas.
Es un concepto del lenguaje militar el que mejor describe esta Historia: Asedio. Culiacán y Villa Juárez y la Cruz, y…son ciudades y pueblos asediados, como en las guerras. Asedio porque hay un cerco sobre la ciudad, un ataque. Los culichis, y los de Concordia y en Las Puentes, resisten, se atrincheran. Sobreviven aterrorizados de día y salen a las calles y van al trabajo.
Y así llevamos un año, enterito. Paralizados de noche, en el horror con las redes sociales que no paran de circular la novedad de la pugna entre Mayos y Chapitos: la próxima balacera, los asesinatos y desapariciones.
Margen de error
(Luz) Claramente la historia sigue incompleta. Porque Sinaloa no es únicamente la descripción anterior. A esa historia le faltan los miles y miles que cada día salen a trabajar, hombres y mujeres curtidos en la vida. Le falta por ejemplo un atardecer rojizo, tan irreal que parece pintura.
Solo que el narco es poder. Se engrandece con el poder que da el dinero, la amenaza, la rendición. Y por ese poder es posible que altere por completo el curso de la vida de una ciudad de un millón de habitantes o la de un pueblo como Potrerillo de solo 100.
Un año después nos damos cuenta que el general comandante de la tercera región militar, Jesús Leana Ojeda, no se equivocó aunque hicieran burla de sus dichos. Se le preguntó ¿cuándo regresará la paz?: “No depende de nosotros, depende de los grupos antagónicos que dejen de hacer su confrontación entre ellos,” dijo Leana al concluir el desfile del 16 de septiembre de 2024, apenas ochos días después que iniciaran su guerra.
Primera cita
(Mañana) Es un año en que la violencia lo abarca todo. Somos una sociedad atrapada en el presente. Y a una sociedad la deben definir sus proyectos, el futuro. Este que ahora está capturado.
Por más que se enfrente la coyuntura lo que importa es recomponerse y en eso tenemos mucha prisa. Muy poco puede hacerse mientras los dos grupos sigan en este exterminio, matándose entre sí y de paso todo quien se atraviese en su camino en ese momento.
Atacar con más fuerza a Mayitos y Chapitos es lo más visible, lo inmediato, pero a la larga será lo que menos rinda frutos. Porque hoy se llaman Chapitos, hoy se llama Mayito Flaco, pero mañana cambiarán de nombres porque el negocio de las drogas seguirá siendo rentable, imparable. Lo deseable es que sea controlable.
Nunca como ahora le había ajustado tan exacto su nombre a Culiacán, que según una de sus muchas definiciones es el “lugar donde los caminantes tuercen su camino.” (PUNTO)
Artículo publicado el 7 de septiembre de 2025 en la edición 1180 del semanario Ríodoce.
