
REPORTAJE ESPECIAL: El rescate de La Pona
De los manantiales de Ojocaliente a la salvación del último pulmón de Aguascalientes
Foto/reportaje/infografía/Cuauhtémoc Villegas Durán
I. El origen del suelo: El agua que parió a Aguascalientes
Para entender qué es hoy el predio de La Pona, es necesario retroceder el reloj biológico e histórico de la ciudad. El predio no es simplemente un terreno baldío lleno de maleza; es el remanente directo del complejo hidrológico que dio origen y nombre a nuestra entidad federativa: los antiguos manantiales termales de Ojocaliente y los terrenos de inundación del Ejido Ojocaliente.
Históricamente, la zona nororiente de la capital era un área de humedales naturales, ciénegas y vasos de captación pluvial. Durante la época colonial y hasta el siglo XIX, los excedentes de los baños termales de Ojocaliente corrían de manera natural hacia estas tierras bajas, creando zonas de inundación temporal donde el subsuelo permanecía permanentemente húmedo. Esta riqueza de agua subterránea permitió que floreciera una densa selva baja caducifolia, dominada de manera absoluta por el Prosopis laevigata (el mezquite ancestral).

Con el crecimiento urbano del siglo XX y la paulatina desecación de las lagunas naturales para dar paso a las zonas agrícolas del Ejido Ojocaliente, este predio de poco más de 30 hectáreas quedó aislado como una “isla ecológica”. El suelo de La Pona conservó esa memoria hídrica: su capacidad de absorción y sus mantos freáticos someros son los que permitieron que los mezquites sobrevivieran al asfalto que comenzó a rodearlos.
II. El despojo del patrimonio y el paso de mano en mano
La historia de cómo un ecosistema público y ejidal terminó en manos de desarrolladores inmobiliarios privados es un laberinto de especulación y omisiones políticas:
- La época ejidal y la desincorporación: Originalmente, estas tierras formaban parte de las dotaciones del Ejido Ojocaliente. Durante el auge del desarrollo industrial y habitacional de la segunda mitad del siglo XX, grandes extensiones de este ejido comenzaron a ser expropiadas o regularizadas para el crecimiento urbano.
- La llegada de los desarrolladores: A finales de los años 90 y principios de los 2000, el predio fue adquirido por particulares. La propiedad se consolidó principalmente bajo el control de dos razones sociales: Inmobiliaria Próxima S.A. de C.V. (dueña de la mayor parte del polígono) y Patrimonio S.A. de C.V. (SOFOM).
- El proyecto “Exo-Plaza” y la amenaza habitacional: Durante las administraciones municipales de las últimas dos décadas, los dueños intentaron de forma sistemática cambiar el uso de suelo de “Conservación” a “Habitacional y Comercial”. El plan original contemplaba derribar miles de mezquites para construir centros comerciales, vialidades y desarrollos de vivienda de alta densidad, argumentando que al estar rodeado por avenidas como Prolongación Alameda, el destino natural del predio era el concreto.
III. Dos décadas de fuego, resistencia y sangre verde
La Pona no se defendió sola; su permanencia es obra de la resistencia civil y de los colectivos ambientales de Aguascalientes (como Guardas de La Pona y Colectivo Salvemos La Pona), quienes recurrieron a juicios de amparo para frenar las licencias de construcción.
Ante la imposibilidad legal de construir, el predio comenzó a sufrir un “ecocidio silencioso” a través del fuego:
- Los incendios provocados: Durante años, el bosque de mezquites sufrió decenas de incendios forestales, la gran mayoría de ellos de carácter intencional durante la temporada de sequía. El objetivo de los siniestros era claro: “limpiar” el terreno, demostrar que la vegetación estaba muerta o degradada y así presionar a las autoridades ambientales para que dictaminaran que el predio ya no tenía valor ecológico que proteger.
- El abandono como estrategia: Los propietarios cercaron partes del predio pero permitieron el tiro de escombro, basura y el vandalismo, buscando que la ciudadanía viera el espacio como un foco de infección e inseguridad en lugar de un área natural. Sin embargo, el mezquite es una especie resiliente; a pesar de tener los troncos calcinados, las raíces profundas seguían rebrotando año con año.
IV. La gran negociación: El jaque mate legal del Municipio
La historia dio un giro definitivo el 2 de junio de 2026. Tras meses de intensas mesas de negociación lideradas por el alcalde Leonardo Montañez y el Secretario del Ayuntamiento, Enrique García López, el Cabildo de Aguascalientes aprobó por mayoría una compraventa histórica.
Días antes, la gobernodora María Teresa Jiménez Esquivel, había pedido al alcalde comprar La Pona para salvarla y así lo hizo Montañez.
Los números duros de la operación revelan una victoria financiera para el municipio, basada en la asfixia legal a la que se sometió a las inmobiliarias:
- El valor real en libros: De acuerdo con el Instituto Catastral del Estado, por su ubicación comercial, el valor real del predio ascendía a $707 millones de pesos.
- El costo final de compra: El municipio lo adquirió por $101,156,074 de pesos, pagados de contado con recursos propios y sin generar deuda pública.
- ¿Por qué aceptaron las empresas? La explicación oficial es contundente: el Ayuntamiento les notificó formalmente que, debido a la presión social y las restricciones ambientales, jamás se les otorgaría un solo permiso de construcción. Enfrentados a la realidad de poseer un terreno de 700 millones de pesos que legalmente era intocable, los empresarios prefirieron recibir los 101 millones netos y ceder las facturas al patrimonio municipal.
La compra total se dividió de la siguiente manera:
- A Inmobiliaria Próxima S.A. de C.V.: 290,710 metros cuadrados (29.07 hectáreas) por $94.7 millones de pesos.
- A Patrimonio S.A. de C.V.: 18,144 metros cuadrados (1.81 hectáreas) por $6.4 millones de pesos.
- Superficie total adquirida: 30.88 hectáreas (308,854 metros cuadrados).
- Precio promedio por metro cuadrado (/m²): $327.52 pesos.
El siguiente paso es la declaratoria oficial de La Pona como Área Natural Protegida (ANP) Urbana, asegurando que ni esta ni las futuras generaciones de políticos puedan volver a vender el pulmón del oriente.
V. El inventario de la vida: Flora y fauna de La Pona
A pesar de la presión urbana, el ecosistema de La Pona sigue vibrando con una biodiversidad endémica que justifica plenamente su rescate:
- Flora (Los gigantes del semi-desierto): El rey indiscutible es el Mezquite (Prosopis laevigata), con ejemplares que superan los 100 años de edad. Conviven con él el Huizache (Vachellia farnesiana), el Cactáceo (como el Nopal silvestre) y una capa densa de pastizales nativos que retienen la humedad del suelo.
- Fauna (El refugio del cielo): Al ser una isla verde, es el hogar de paso y anidación de decenas de aves. Destacan la Paloma huilota, el Zenzontle norteño, el Cardenal rojo, el Crisol, el Cernícalo americano (pequeño halcón) y varias especies de colibríes. En el suelo habitan roedores de campo, lagartijas de collar y una rica variedad de polinizadores e insectos que sostienen la cadena alimenticia local.
