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Un año de guerra y no se ve la luz

Ismael Bojórquez/Altares y sótanos/Ríodoce

Un periodista de Ciudad de México me preguntó por qué creía yo, lo escribí, que una guerra entre chapos y mayos era imposible. El Cártel de Sinaloa había decantado en dos familias, los Guzmán y los Zambada y habían surgido diferencias entre ellas provocando escaramuzas que luego eran resueltas de algún modo. Aquel encontronazo entre rusos y ninis, por ejemplo.

Las relaciones entre ellos quedaron raspadas a partir del primer culiacanazo, porque los chapitos acusaban a los mayos de no haberlos apoyado. Circularon audios donde reclamaban su presencia mientras aquellos decían que estaban esperando la orden del “señor”.

El éxito obtenido, la liberación de Ovidio Guzmán López, los engalló. Días después fue el festejo de San Judas Tadeo en Lomas del Bulevar, donde se juntan cada año todas las familias narcas —alguien podría hacer chuza un día— y los chapitos se exhibieron como recién graduados.

El primer choque fue cuando el Nini quiso entrar a su pueblo natal, Agua Caliente, sindicatura de Tepuche, en patrullas estatales clonadas con un ejército de sicarios. Le llamaron la atención porque eran terrenos del Mayo Zambada pero de todas maneras se metió con el argumento de que era de allí y que eso le daba derecho. Días después empezó la guerra hasta que el Mayo sacó al Ruso y lo mandó al norte. No quería pleitos. El gobierno no despegaba los ojos de Culiacán desde aquel 17 de octubre.

Se especuló desde entonces si la guerra al interior del Cártel de Sinaloa era posible y se podía apostar diez a uno que no. Ya se había padecido una que duró más de cinco años —a partir de la detención de Alfredo Beltrán Leyva, el Mochomo— y dejó una estela de sangre que se expandió por buena parte del país debido al poder y estructura de los protagonistas, mayos y chapos, principalmente, contra los hermanos Beltrán Leyva asociados con los Zetas.

Porque se veía como meter un tigre a la sala de tu casa con los niños adentro, le dije al periodista.

Recordé esa conversación cuando vi la fotografía de Griselda López Pérez cruzando la aduana de San Isidro y entregándose al FBI junto con 16 familiares, entre ellos niñas y niños. Iban huyendo del tigre y abandonaron la casa para siempre.

No encuentro otra imagen que refleje con semejante claridad el despropósito de la guerra. La iniciaron los chapitos al secuestrar al Mayo para entregarlo a los gringos y los mayos solo tomaron tiempo para prepararse y responder al agravio. Estalló el 9 de septiembre del año pasado.

Aquel llamado de Zambada a no pelear por su secuestro parecía un mensaje cifrado en sentido contrario. Por la dimensión de la afrenta era imposible no responder. Si algún novelista hubiese inventado el secuestro del Mayo, tal como se dio, no hubiera tenido ningún crédito ni como ficción. Por eso creímos muchos que se había entregado voluntariamente hasta que esa idea perdió credibilidad sobre todo debido a la intensidad de la guerra.

¿Cuándo terminará? es una pregunta que nos hacemos muchos, pero es imposible preverlo. Lo que sí puede afirmarse es que acabará cuando uno de los dos grupos deje de existir por lo menos en Sinaloa. Sus estructuras están disgregadas en buena parte del país y se seguirán dando con todo donde se encuentren, pero en Sinaloa el fin de la guerra implica que uno de los dos bandos ya no opere aquí. No hay cabida para los dos. El gobierno lo sabe y como está interesado en que esto acabe enfocará sus operaciones sobre el grupo que considere menos vital. Creo que lo está haciendo desde hace mucho, casi desde que empezó este infierno.

El Cártel de Sinaloa seguirá existiendo con otra fisionomía, pero no va a desaparecer. Hablaba al principio que el cártel decantó en dos familias, los Guzmán y los Zambada. Los Fernández, los Cázares, los Esparragoza… que en otro tiempo integraron el cártel, fueron perdiendo protagonismo por distintas razones, a unos los agarraron y otros murieron. Esas familias siguen operando, pero casi desvinculadas por completo de Sinaloa.

Bola y cadena

LA DEMANDA DE UNA PAZ VERDADERA, no de una pax narca, es muy legítima. A partir de ella se pueden crear movimientos y condiciones para conseguirla, aunque esto ocurra en el muy largo plazo. Podrán terminarse las confrontaciones, pero las causas seguirán allí, como el viejo dinosaurio. Dejamos correr muy lejos las cosas, el gobierno y la sociedad, los dos con altos niveles de complicidad, y por ello seguiremos padeciendo sus estragos por muchos años.

Sentido contrario

ALGO PASA CON LA POLICÍA MUNICIPAL de Mazatlán, que está siendo objeto de ataques con explosivos. Han agredido a agentes en distintos momentos y ahora acuden a esta forma de agresión. Como en muchos municipios, la corporación ha sido acusada de estar coludida con el narco y las agresiones no pueden estar desvinculadas de compromisos que tal vez ahora no estén cumpliendo. O de alguna voltereta.

Humo negro

AHORA RESULTA QUE TAMBIÉN GUASAVE compró patrullas bajo el mismo esquema que usó Gerardo Vargas en Ahome y por lo cual fue separado del cargo y vinculado a proceso. ¿Qué hará la fiscalía en este caso y que hará el Congreso del Estado? Apuesto que nada.

Artículo publicado el 7 de septiembre de 2025 en la edición 1180 del semanario Ríodoce.