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Columna: La Libertad Entallada

Por: Cuauhtémoc Villegas

El paisaje del centro histórico de Aguascalientes amaneció ayer con una nueva arquitectura: la del miedo disfrazada de orden. Las vallas metálicas que cercaron la Plaza de la Patria y el Palacio de Gobierno no solo segmentaron el concreto; fragmentaron el derecho constitucional a la libre manifestación, precisamente en el marco de la visita de la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso, quien irónicamente venía a recibir una “Medalla de la Libertad”.

Las imágenes que acompañan este texto son elocuentes. Un centro sitiado donde el ciudadano de a pie se vuelve un sospechoso y el manifestante un enemigo del ornato público. Mientras en el interior del Congreso se discurseaba sobre los lazos democráticos y la identidad cultural, afuera, la realidad se topaba con el frío del acero.

El Contraste del Discurso

Es profundamente contradictorio que el Gobierno del Estado celebre la “Libertad” mientras blinda sus edificios contra su propio pueblo. La presencia de colectivos, militantes y ciudadanos que acudieron a reclamar por la crisis del agua —ese líquido que se escapa en un 50% por fugas según el propio INAGUA— o por la falta de justicia, fue recibida con un operativo de seguridad que parecía más una zona de guerra que un protocolo de protección civil.

El secretario de Seguridad Pública ya lo había advertido: bloquear vialidades puede costar hasta cuatro años de prisión. Esta criminalización de la protesta no es un hecho aislado; es una tendencia que busca silenciar la crítica legítima bajo el argumento de “proteger los derechos de terceros”.


Un Análisis Crítico: ¿De quién es la plaza?

Para los medios nacionales e internacionales que observan este fenómeno —desde El País hasta la prensa local—, Aguascalientes se está convirtiendo en un laboratorio de “democracia de vallas”.

  • La Libertad Selectiva: Se premia a una figura extranjera con el símbolo de la libertad, mientras se inhibe el ejercicio de la misma a las madres buscadoras y a los ciudadanos sedientos de la colonia España.
  • La Estética del Bloqueo: El uso excesivo de fuerza y el cerco físico envían un mensaje claro: la crítica no es bienvenida en el escaparate de la “Feria más grande de México”.
  • El Silencio Comprado: Al amparo de leyes que buscan “regular” (leer: limitar) las manifestaciones, se construye una burbuja donde el gobernante solo escucha el eco de sus propios aplausos.

Conclusión

Las vallas se quitan, pero la memoria del agravio permanece. Privar al ciudadano del derecho a caminar y expresarse libremente en su propia plaza es la forma más burda de confesar que se le tiene miedo a la verdad.

Si para hablar de libertades necesitamos un ejército y un kilómetro de acero, entonces no estamos celebrando una medalla; estamos velando un derecho que hoy, en Aguascalientes, parece estar bajo arresto domiciliario.