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El Congreso de Aguascalientes: haciendo municipio para el CJNG

Ajo Blanco/Cuauhtémoc Villegas Durán

Hay verdades tan escandalosas que la retórica oficial intenta disimular con trámites burocráticos y dictámenes de comisión, pero que a ras de suelo se sienten como una bota en el cuello. Lo que hoy está cocinando el Congreso de Aguascalientes bajo el membrete de la municipalización no es un acto de justicia administrativa ni de desarrollo urbano ordenado; es, en los hechos, la formalización y entrega de un territorio al Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Como bien advirtió en su momento Otto Granados al señalar el peligro latente de aquel temible “duodécimo municipio” gobernado por los intereses del narco, la clase política local parece empeñada en materializar la peor de las pesadillas. Mientras los diputados levantan la mano en el recinto legislativo para aprobar la creación o regularización de demarcaciones en el oriente de la capital —como esa periferia donde los fraccionamientos se expanden al amparo de la opacidad—, la realidad cotidiana se impone con brutalidad.

Salir a buscar casa en zonas como Villa Montaña es toparse de frente con la farsa institucional. Ahí, las llaves de las viviendas no las entrega la autoridad municipal ni los gestores inmobiliarios: las distribuyen los operadores y capataces del cártel que controlan la zona. El Congreso discute mapas en el papel, pero en la calle las reglas del juego las dicta la delincuencia organizada.

Legalizar como municipio un territorio donde el Estado ya perdió el control soberano no es otra cosa que otorgarle patente de corso a los poderes fácticos. Los legisladores locales podrán firmar todos los decretos que quieran desde la comodidad de sus curules, pero con cada municipio que configuran a espaldas de la seguridad humana, lo único que hacen es certificar notarialmente el dominio del cártel. El duodécimo municipio ya no es una advertencia del pasado; es la obra que este Congreso está pavimentando y entregando en charola de plata el Estado y sus habitantes a, sanguinarios sin alma.

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