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Los comerciantes de la zona de playas de Mazatlán registran caída de ventas

Con tres meses padeciendo el mar de fondo, los palaperos de Mazatlán consideraron que la violencia es lo que más ha golpeado su negocio.

Y no es para menos, según las propias cifras de la Fiscalía General del Estado (FGE), en los últimos tres meses la comisión de homicidios dolosos ha ido al alza, y con ello el impacto en la percepción de seguridad de quienes buscan en este destino turístico un lugar de esparcimiento y diversión.

Junio cerró con 26 homicidios dolosos, julio con 30, y agosto 73, 12 de éstos fueron feminicidios.

Septiembre inició trastocando el área turística de la ciudad con el asesinato de un trabajador de un bar ubicado en el corazón de la Zona Dorada, y hasta el momento se han registrado 32 homicidios en el Puerto, entre ellos el de un estadounidense en un negocio de mariscos en la colonia Francisco Villa.

Juan Burgara, líder de la unión que agrupa a 24 palapas en la zona de playa, reportó una temporada vacacional sin ganancias y una caída de clientes desde hace dos años.

“Lo que más nos pega es la violencia”

“Pues mire, lo que nos está pegando es el oleaje, pero más que nada, a nosotros lo que nos pega más es como está la situación ahorita, la violencia, eso es lo más fuerte, la verdad”, dijo Burgara.

El líder explicó que un foco rojo en la ciudad aleja al turista, sin importar la presencia militar en la zona.

“Obviamente que sabemos que si hay un foco rojo en una ciudad, en un estado, la gente no viene como venía antes, eso lo sabe usted, lo sé yo y lo sabemos todos”.

Añadió que el comercio y el turismo local se han ido apagando por la misma razón.

Varios negocios ya cerraron porque no alcanzan a cubrir la renta, empleados y gastos fijos.

Al homicidio ocurrido en la Zona Dorada le antecede otro hecho de alto impacto en el área, como el registrado el 11 de agosto a plena luz del día sobre la avenida del Mar, donde hombres armados dispararon contra la fachada de un negocio de venta de cerveza.

El establecimiento está ubicado entre hoteles, y apenas cruzando la avenida, están las palapas, visita obligada para quienes gustan de comer mariscos a la orilla del mar.

—¿Los homicidios que ha habido cerca de la zona turística, las balaceras, les han afectado? 

—Le voy a regresar la pregunta, ¿Usted como turista, si fuera a una parte de una balacera saliera en ese lugar?

“Ah, bueno, pues ahí está la respuesta”.

—¿Y la presencia de la Marina y el Ejército, la Guardia Nacional no inhibe la presencia de los turistas por la percepción de que algo puede suceder?

—Es que aquí lo podemos manejar…puede ser un arma de doble filo, (porque) hay gente que le puede dar confianza y hay gente que puede decir que hay un foco rojo ahí, por algo hay gobierno (…) a final de cuentas una cosa u otra todo perjudica, y nos perjudica a la gente que generamos empleo, que generamos trabajo y que vivimos de un negocio.

“Pues ya no es un mes ni dos, ya son dos años, pues 24 meses, muchísimos días”, lamentó.

“Entonces sí, sí está algo preocupante y está muy pesado seguir este ritmo, pero pues ahí estamos en la lucha”.

El mar de fondo, un daño menor

El oleaje fuerte lleva casi tres meses de forma intermitente.

Sube el agua, sube la marea y entra arena a las palapas, pero hasta ahora no ha habido destrozos de mobiliario, aunque un video mostró cómo una ola se llevó sillas y mesas de un negocio.

El cierre de playas por seguridad, cuando el oleaje se intensifica, también reduce las ventas, explicó.

El colapso de un tramo del malecón, mencionó, responde al mismo oleaje que durante meses ha prevalecido.

De la temporada vacacional larga, la más esperada del año, dijo, no dejó ingresos.

“Póngale que no hubo ganancias, y al final de cuentas son pérdidas, porque uno espera las temporaditas para hacer el ahorro y pagar lo que se debe al municipio, estado y federación”.

Comentó que el malecón que antes se veía lleno, ahora se ve solo con más frecuencia.

Haya clientes o no, la obligación de pagar impuestos no para, señaló.

Los palaperos pagan permisos fijos de venta de alcohol, recolección de basura, electricidad y por el uso de la Zona Federal Marítimo Terrestre (Zofemat), además del gasto en empleados.

Sacando cuentas, el líder de los palaperos describió los gastos que deben hacer, y que van desde la revalidación del permiso de alcohol, que cuesta 24 mil pesos, Zofemat suma otros 30 mil o 35 mil pesos.

“No es de poquito en poquito, nada más de un permiso de alcohol andas pagando la revalidación, 24 mil pesos, y ahí le sumas todo lo de la zona federal”.

Entre trabajadores, propietarios y proveedores, el líder calculó que unas 250 familias dependen de las 24 palapas.

“Aparte de los proveedores, también surten a los mismos negocios de nosotros que dependen de ellos”, agregó.

Aunque saben que la variación en las ventas es cíclica, es la violencia la que más preocupa, porque los clientes no llegan a un lugar donde la comisión de delitos está a la orden del día.

“La violencia nos afecta a todos, tanto en la vida cotidiana como en los negocios, hay mucho temor ahorita hasta de salir a la calle por todo lo que está sucediendo,  el que diga que no, no está viviendo aquí”, asentó, “ni está analizando las cosas, ni viendo las cosas como debe de ser, porque no es una película, es una realidad esto”.

Artículo publicado el 20 de septiembre de 2026 en la edición 1234 del semanario Ríodoce.

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