
LONDRES.— El mundo del arte contemporáneo despide a uno de sus últimos grandes maestros. El pintor, fotógrafo y revolucionario visual de origen británico, David Hockney, falleció de manera pacífica este jueves 11 de junio a los 88 años en su residencia de Londres, según confirmó oficialmente su agencia de relaciones públicas, Bolton & Quinn. Al artista le sobrevive su pareja de vida, Jean-Pierre Gonçalves de Lima.
Con su partida se cierra un capítulo fundamental de la plástica del siglo XX y XXI, caracterizado por el uso vibrante del color, la experimentación tecnológica y una mirada única de la realidad.
Del gris de Inglaterra al sol de California
Nacido en Yorkshire, Inglaterra, en 1937, Hockney desafió las convenciones artísticas y sociales desde su juventud. Estudió en el Royal College of Art de Londres, donde se declaró abiertamente gay en una época en la que la homosexualidad aún estaba criminalizada en Gran Bretaña, plasmando el amor y la intimidad queer en sus lienzos con una naturalidad inédita para la época.
Aunque sus primeros pasos coincidieron con el auge del Pop Art de los años sesenta —compartiendo generación, aunque con un enfoque muy distinto, con figuras como Andy Warhol—, Hockney encontró su verdadera voz tras mudarse a Los Ángeles en 1964. Fascinado por la luz intensa, el cielo azul y el estilo de vida californiano, inmortalizó sus famosas escenas de piscinas. Su obra cumbre, A Bigger Splash (1967), se convirtió en un icono global. En 2018, su cuadro Portrait of an Artist (Pool with Two Figures) hizo historia al subastarse por 90 millones de dólares, rompiendo el récord de la obra más cara de un artista vivo en ese momento.
La reinvención de la fotografía: Los “Joiners”
Más allá del lienzo, Hockney dejó una huella imborrable en el lenguaje fotográfico. En la década de 1980, revolucionó el medio visual con la creación de sus conocidos “joiners” (collages fotográficos). Utilizando cámaras Polaroid y rollos de 35mm, Hockney tomaba decenas de capturas de un mismo espacio o persona desde distintos ángulos y momentos, para luego ensamblarlas en una sola pieza.
Con este método, rompió con la perspectiva fija de la lente tradicional y creó una experiencia “cubista” de la imagen, demostrando que la fotografía también podía registrar el paso del tiempo y el movimiento del ojo humano.
Innovación hasta el final
Hockney jamás temió a la tecnología; al contrario, la abrazó. En las últimas dos décadas sustituyó los pinceles tradicionales por pantallas, convirtiéndose en el artista más célebre en utilizar el iPad como lienzo definitivo para retratar los paisajes de Normandía y Yorkshire al aire libre.
Recientemente distinguido en este 2026 como Officier de la Legión de Honor en Francia, Hockney se despide dejando exposiciones activas y homenajes póstumos en recintos como la Serpentine Gallery de Londres y la Tate. Su filosofía de vida quedó siempre plasmada en la frase con la que solía firmar sus notas: “Love Life” (Ama la vida).
