La sucesión se juega en un terreno minado
Elecciones 2027: Colima, solo si la maquinaria morenista funciona
Aunque Morena encabeza las encuestas rumbo a 2027en Colima, se enfrenta al desgaste del gobierno, la violencia y la debilidad de sus posibles candidaturas.

En Colima, la contienda no se perfila como un referéndum a favor del gobierno, sino como una prueba de resistencia para Morena.
Alejandro Pérez/Los Ángeles Press
En 2027, México enfrentará uno de los procesos electorales más amplios y complejos del sexenio: 17 gubernaturas, 500 diputaciones federales y la renovación total de ayuntamientos y congresos locales. Como en toda elección intermedia, el resultado no dependerá únicamente de la marca partidista, sino del desgaste acumulado del poder, del desempeño de los gobiernos estatales y de la capacidad real de movilización territorial.
Hemos iniciado un recuento y análisis estatal que mantendremos de manera permanente hasta la jornada electoral. Ya revisamos Sonora; ahora toca Colima, hasta completar las 17 entidades en disputa.
Colima: Morena arriba, pero no holgado
Las encuestas más recientes rumbo a la gubernatura de Colima muestran un liderazgo temprano de Morena, aunque acompañado de alta competencia interna y niveles significativos de indecisión. Datos de GobernArte y Cripsom (enero de 2026) colocan al partido en el poder al frente, pero sin márgenes de tranquilidad.
Intención de voto por partido en Colima:
- Morena: 36.8 %
- PAN: 16.0 %
- PRI: 15.6 %
- MC: 10.1 %
- PVEM: 2.9 %
- PT: 1.8 %
- No vota: 16.8 %
(Fuente: GobernArte, 10–15 de enero de 2026)
Los datos permiten varias lecturas incómodas para el oficialismo. Morena mantiene una ventaja clara de casi 21 puntos sobre el PAN, su competidor directo. Sin embargo, una eventual candidatura de alianza Morena–PVEM–PT sumaría 41.5%, apenas dos décimas por debajo del 41.7% que alcanzaría la suma PAN–PRI–MC.
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Dado que una alianza formal entre MC y PAN/PRI es políticamente improbable, hoy Morena tendría una elección relativamente tersa… siempre y cuando no se equivoque de candidata o candidato.
Y ahí está el verdadero problema.
Las personas importan más que las siglas
Cuando se mide por aspirantes, el escenario se vuelve menos cómodo para Morena.

Aunque Morena lidera como partido, sus aspirantes no arrastran el mismo respaldo individual. Rosi Bayardo, actual presidente municipal de Manzanillo, encabeza las preferencias internas, pero su ventaja se sostiene más por inercia partidista que por evaluación positiva de gestión. Mario Delgado, en contraste, ha navegado con cautela y bajo perfil, resistiendo incluso los vendavales políticos de las supuestas “listas” exigidas por Trump.
Rosi Bayardo: cuando la marca pesa más que los resultados
Bayardo arrastra críticas persistentes por su gestión administrativa y por episodios que marcaron negativamente su trayectoria. Nutrióloga de formación, ha sido señalada por carecer de experiencia en administración pública compleja, con resultados cuestionables en agua potable y seguridad.
Empresarios y ex legisladores morenistas —como Rubén Romo— la han acusado de opacidad en obra pública y uso político de programas sociales.
En 2021 fue señalada por actividades proselitistas en horario laboral, con uso intensivo de redes sociales que presuntamente violaron normativas electorales. Entonces, el tema pasó sin mayor costo, cobijado por la fuerza política de Indira Vizcaíno y el respaldo presidencial de López Obrador.
Hoy, ese contexto ya no existe. Por el contrario, la realidad es tan diferente como los sueños de AMLO con la colimota.
Es decir, la situación actual debe verse en el marco de la ruptura de Priscila García, figura política local y ex aliada, quien abandonó Morena acusando berrinches políticos, sabotaje institucional y maniobras contra la revocación de mandato de la gobernadora.
Analistas locales coinciden en un punto incómodo para el oficialismo: si Bayardo es la candidata, el riesgo de derrota es real, porque su imagen negativa obligaría a Morena a depender casi exclusivamente de su maquinaria electoral.
El lastre: Indira Vizcaíno y la violencia
Ese riesgo se agrava por el desgaste profundo del gobierno estatal. La administración de Indira Vizcaíno Silva llega a 2027 con aprobación inferior al 30 % (C&E, Mitofsky 2025), además de señalamientos como la gobernadora del periodo más violento en la historia reciente de Colima.
Entre las estadísticas que más le desfavorecen son las tasas de homicidio superiores a 90 por cada 100 mil habitantes, con focos críticos en Manzanillo y Tecomán, ligados a disputas del CJNG–Sinaloa. Sin olvidar la crisis institucional que se evidenció en marzo de 2024, tras la destitución del subsecretario de Seguridad por el uso de gas lacrimógeno contra mujeres en la marcha del 8M.
Vizcaíno, además, ha movido piezas para controlar su sucesión, confrontándose tanto con Bayardo como con Mario Delgado, y resistiendo, al igual que Rocío Nahle en Veracruz, cualquier intento de revocación de mandato, pese a la presión ciudadana y los señalamientos de organismos de derechos humanos.
El refilón
Así que, aunque Morena encabeza la intención de voto rumbo a 2027 (36.8%) y Rosi Bayardo lidera las preferencias individuales (28.6%), el panorama dista mucho de ser cómodo. El PAN, con Riult Rivera al frente (43.1%), tiene margen para crecer si logra articular alianzas internas y sumar figuras como Julia Jiménez y Sofía Peralta Ferro.
El PRI, que alguna vez hizo de Colima un bastión, mantiene a Mely Romero con 36.8% de respaldo interno, y Movimiento Ciudadano no está fuera del juego. Todo indica que PAN, PRI y MC ensayan un tejido fino para una alianza anti-Morena, alentada por el bloqueo presupuestal que han sufrido los municipios de oposición desde el Congreso local.
Colima no está perdido para Morena.
Pero tampoco está ganado.
Aquí, la operación tendrá mano sobre la supuesta ideología morenistas; la estructura definirá antes que los discursos; y la maquinaria suplirá a los liderazgos.
Si esa maquinaria falla, es decir, si se impone la soberbia, el nepotismo o la mala candidatura, Colima podría convertirse en algo mucho más peligroso que una derrota: hoy estamos ante la primera señal clara de que la marca ya no alcanza para tapar los errores del Poder.
