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Crece la bola de nieve: Plan de Rodríguez llega al mundo tras amenazas a Cecy Flores

Cuauhtémoc Villegas Durán/Ajo Blanco

El horror que se esconde en las entrañas de los Altos de Jalisco ya no pertenece únicamente a la geografía del abandono local; ha roto las fronteras nacionales para convertirse en un foco de atención internacional. Lo descubierto en una brecha camino a la comunidad de Plan de Rodríguez, en Lagos de Moreno, no es un hecho de sangre aislado ni una simple estadística de la “nota roja” estatal. Es la confirmación de una maquinaria de exterminio que, lejos de ser contenida, se expande bajo el amparo de la impunidad y la simulación institucional en la víspera del Mundial de Futbol 2026, por lo que ocultarlo ha sido imprescindible para la federación y el gobierno estatal.

La bola de nieve informativamente hablando, comenzó a crecer no solo por la crudeza del hallazgo —un pozo artesanal de calcinación extrema donde la materia humana fue reducida a cenizas y fragmentos óseos pulverizados entre alambres de neumáticos—, sino por la virulenta reacción del entorno delictivo. Las amenazas de muerte explícitas denunciadas por la activista Cecy Flores tras destapar este infierno en Plan de Rodríguez encendieron los tableros de organismos internacionales y agencias de noticias en el extranjero. El mensaje de los perpetradores es claro: el control territorial es absoluto y las buscadoras operan bajo la mira directa de quienes ejecutan el horror.

Mientras el mundo voltea a ver la desprotección sistemática en la que las familias de los desaparecidos desentierran la verdad, la respuesta del Gobierno de Jalisco y su Fiscalía ha sido el refugio en el eufemismo lingüístico. En un intento casi desesperado por contener el daño a la imagen pública y amortiguar las cifras, la narrativa oficial insiste en llamar a este centro de exterminio un “depósito de combustión”, bajo el absurdo argumento técnico de que carece de una “estructura arquitectónica diseñada para cremar”. Esta obsesión burocrática por controlar el lenguaje denota un cinismo preocupante: para la autoridad, el problema parece no ser la existencia de piletas dedicadas a borrar identidades, sino el término con el que los colectivos y la prensa libre lo nombran. Si la Fiscalía nunca investigó al Mencho en más de 30 años que operó en Jalisco, pero le inventa delitos a un periodista para destruirlo, lo que menos le interesa es investigar quiénes son los desaparecidos y mucho menos investigar quién los mató porque a veces son los mismos cuerpos de seguridad, a veces van coludidos y a veces la responsabilidad es por la omisión, pero al final y aunque el alto Comisionado de la ONU lo ignore, en todos los casos el Estado es responsable de la barbarie que ha permitido, el ser humano sin recursos legales y económicos camina entre el fuego del Estado y la sinrazón de los criminales, fomentados y prohijados por el mismo Estado que les suministra impunidad, armas, policías, leyes, políticos, militares, ciudadanos, partidos políticos, territorio, control político, música que enaltece al que mata y denigra a las víctimas, pagada por los municipios, los estados y la Federación, en conciertos masivos por todo el país, en la radio, en la televisión, en el internet durante más de una década creando una generación de indolentes y sociópatas, la generación de la Cuarta Transformación, gracias al dictador platanero de Palenque, un ambicioso y ruin, señor de la oscuridad.

No se puede tapar el sol con un tecnicismo administrativo, y menos cuando la presión de organismos como Amnistía Internacional ya exige garantías físicas de manera formal. La realidad de la frontera entre Jalisco, Zacatecas y Aguascalientes —donde esta misma noche los caminos se tiñen de fuego con ataques directos a las fuerzas de la Defensa y ponchallantas que dejan a familias varadas en la oscuridad— es una sola: el control criminal de las rutas y el perfeccionamiento de los métodos para ocultar el delito.

Plan de Rodríguez hoy es el epicentro de un debate global de derechos humanos. Separar nítidamente este infierno de cenizas de otros hallazgos como las bolsas de restos en Las Pintitas es fundamental para entender la diversificación del horror. La bola de nieve sigue creciendo, y la autoridad local se está quedando sin palabras para intentar ocultar lo que a todas luces es un territorio sin ley.

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