0 13 min 11 años

tragediaporomision1

Todos los niveles de Gobierno sabían que el río Culiacán se desbordaría inundando colonias viejas y fraccionamientos de nueva creación. Se los advirtieron con estudios privados y públicos en la mano y urgieron a reencauzar el río… pero nadie atendió el llamado.

Reportaje/foto: Río Doce

Rafael D está parado en lo que debiera ser la sala de su casa y se recarga en una de las paredes. Hace tres días que pasó Manuel y se llevó casi todo. Vive en Valle Alto, por la calle Hacienda del Valle. Él y su esposa estuvieron viendo la lluvia y cómo corría el agua calle abajo. Pero de pronto observaron que la corriente se detuvo un momento y empezó a regresar. Entonces el agua comenzó a subir de nivel. Trataron de salir en el auto pero este se había mojado y no encendió. Escaparon con el agua hasta el pecho y dejaron sus cosas abandonadas. Cuando dejó de llover regresaron solo para encontrar que todo se había perdido.

Habla con pausas en pasado: “Teníamos refrigerador, teníamos cocina integral, teníamos dos libreros, más de cuatrocientos libros, dos computadoras, una sala, una recámara… la aseguradora del vehículo lo declaró pérdida total.

Entre tiliches amontonados hay un horno microondas que les acaban de prestar junto a una pequeña nevera donde apenas cabría un pollo.

Es uno de los 300 damnificados por el huracán en ese asentamiento construido por Fincamex, cuyos propietarios son Agustín Coppel Luken, Enrique de Rueda e Isauro Ancira, este último director general de la compañía.

No es la primera vez que la colonia se inunda, por lo menos en las etapas Uno y Dos, pero nunca los saldos habían sido tan desastrosos.

Ubicados en el poniente extremo de la ciudad, a 200 metros del río Culiacán, los fraccionamientos carecen de salidas suficientes para las aguas pluviales. Hay dos canales de desagüe que desfogan en el dren Bacurimí, pero este no ha sido desazolvado desde hace décadas.

La Comisión Nacional del Agua (Conagua), con estudios en la mano, advirtió al Ayuntamiento de Culiacán, cuando Héctor Melesio Cuen era alcalde, que esto podía provocar inundaciones en este sector, pero el ahora diputado electo por el Partido
Sinaloense (PAS), archivó el documento y lo mismo hizo el alcalde sustituto, Aarón Rivas Loaiza.

Más aún, el curso del dren fue modificado para facilitar la construcción del residencial Álamo Grande —aguas abajo—, propiedad del empresario Antonio Sosa Valencia, lo cual, dijo la Conagua, en río crecido provocaría un remanso con riesgo de inundaciones, debido a que su desembocadura estaba a contracorriente del río.

Nada se hizo. El día que llegó Manuel el dren Bacurimí se rompió, como se había previsto, e inundó las etapas Uno y Dos del fraccionamiento. El agua invadió un terreno baldío contiguo al canal y corrió hacia el bulevar Valle Alto, entró por la calle Nuevo Valle y anegó más de 500 casas, 300 de la cuales sufrieron daños graves en su estructura y pertenencias de sus dueños.

“No es momento de buscar culpables”, ha dicho el alcalde cuando le preguntan sobre su responsabilidad en el desastre, como presidente municipal, pero también como ex director del Desarrollo Urbano Tres Ríos (DUTR), cargo que ocupó durante casi toda la administración de Jesús Aguilar Padilla.

Y no es para menos, como director del DUTR, tuvo que ver en la ausencia de obras preventivas para evitar inundaciones no solo en la parte urbanizada de las márgenes del río Culiacán, correspondiente al Tres Ríos, sino en el río Tamazula, para proteger a los pobladores de la zona de La Campiña, Las Quintas e Isla Musala.

Cuando este desarrollo fue creado por el gobernador Juan Millán, en 2003-2004, se abrió el río en dos y con ello se puso en riesgo la zona de la Campiña, pues con la obra dejaron el afluente sur —pegado a esos asentamientos— como canal principal.

“El río pasaba por aquí”, dice una señora mayor que vive en La Limita y solo cuando había crecidas llegaba hasta La Campiña. Cuando hicieron la Isla Musala solo nos dejaron un dren lleno de moscos y de tule donde nunca corre el agua”.

El jueves 19, esa parte del río Tamazula se rompió enfrente del fraccionamiento Riberas del Tamazula dejando a decenas de familias en la ruina.

La tragedia de Valle Alto

El dren Bacurimí nace en el sur de Mocorito y desfoga en el río Culiacán, pasando en la ciudad por Bacurimí y los fraccionamientos Villas del Río II, IV, Valle Alto y lo que será el residencial Álamo Grande, actualmente en construcción.

La Conagua ya había advertido que con la modificación que hizo Álamo Grande al dren se podrían generar inundaciones, pues el desfogue se hizo a contracorriente del río.

No solo eso, cuando el dren pasa por la propiedad de Sosa Valencia, este se modifica generando riesgos de inundaciones.

De acuerdo con el Ingeniero Hugo Castro, director de Urbanización de Fincamex, una de las causas del rompimiento del dren es que el residencial Álamo Grande redujo la capacidad del dren en un 50 por ciento, lo cual en el momento más intenso del flujo de agua provocó un remanso que subió el nivel a la altura del fraccionamiento Valle Alto.

A esto, agrega, contribuyó el hecho de que, al pasar por ese residencial se construyeron puentes con el paso de agua dividido en tres bloques (trampas), lo cual hace que se acumule basura e impida el libre flujo de las corrientes.

“Al subir el nivel se produjo el rompimiento y por lo tanto la inundación”, dijo, y agregó que “el dren no se limpiaba desde hace muchos años y se encuentra (todavía) azolvado, lo cual reduce su capacidad de traslado del agua de las lluvias hacia el río Culiacán, donde desemboca.

El dren Bacurimí mide 33 metros de ancho y tiene una caja de conducción de 19 metros cuando pasa por Valle Alto y estas mismas medidas tenía hasta el río. Pero a partir de que entra al residencial Álamo Grande no solo se desvía, también se reduce a 16 metros de ancho con una caja de nueve metros. En ese tramo el dren fue encarpetado con cemento hidráulico, algunas de cuyas lozas fueron arrancadas por la fuerza de la corriente.

Rectificación… de papel

En octubre de 2007, siendo director del DUTR Aarón Rivas Loaiza, se elaboró un proyecto de rectificación del río Culiacán para un tramo de ocho kilómetros a partir de la presa derivadora, ubicada a la altura del Puente Negro. La obra estimada llegaría a la altura de la colonia Bachigualato.

Se trataba, de acuerdo con la justificación del proyecto, de recomponer el cauce del río, afectado durante décadas por la extracción, sin control alguno, de material pétreo para la industria de la construcción —arena y grava, sobre todo—, lo cual provocó que las aguas corrieran un día por un lado y otro por donde le daba la gana, creando fosas profundas que afectan el curso normal del río.

Se advertía de la necesidad de reencauzar el río debido al riesgo de inundaciones de zonas recientemente pobladas, pero también para proteger flora y fauna. Era un proyecto hidráulico con un alto contenido de sustentabilidad.

La inversión estimada para llevar a cabo esta obra sería de 184 millones de pesos y se dijo que la recuperación del capital se daría en 15 años.

El estudio —al cual tuvo acceso Ríodoce— lo hizo la empresa Bioconsultores Asociados pero fue archivado sin que prosperaran sus recomendaciones. Al río Culiacán solo le sacaron material para crear bordos y hacer rellenos en terrenos que ya habían sido vendidos por el DUTR y que en su mayoría habían acaparado, a través de prestanombres, los mismos funcionarios del Gobierno, empezando por el gobernador Juan Millán, sus socios y sus compadres. Todo esto, con el fin de dotarlos de mayor plusvalía.

De nada sirvió que en el Plan Estatal de Desarrollo de Sinaloa 2005-2010 (PED), cuando gobernó Jesús Aguilar Padilla, en su apartado de Desarrollo Urbano y Ordenamiento Territorial, considerara que “el impacto que significa para el medio ambiente el crecimiento de las ciudades y la diversificación de la economía, exige modelos de desarrollo sustentable que permitan el crecimiento equilibrado de la entidad”.

Ni que pomposamente el Plan Municipal de Desarrollo para el periodo 2005-2007, cuando fue alcalde Jesús Vizcarra Calderón, dijera que el DUTR “ha venido resolviendo algunos complejos problemas de vialidad, equipamiento, transporte y servicios, reserva territorial y saneamiento ambiental… planteándose la continuación de los trabajos de urbanización de 96 hectáreas… e iniciar con el reencauzamiento del río Culiacán en una longitud de ocho kilómetros.

Conclusiones y advertencias

Las conclusiones del proyecto fallido fueron premonitorias:

“Por muchos años —dice a la letra— la construcción de las edificaciones en la ciudad de Culiacán y sus alrededores, tuvo como materia prima el material pétreo (grava, arena y tierra muerta) que se extrajo de los ríos Humaya, Tamazula y Culiacán. La extracción de los materiales desde los cauces se realizó sin el control adecuado de las autoridades responsables en su momento, lo cual provocó que los cauces naturales de los ríos perdieran su forma y capacidad original, formándose desviaciones y oquedades a lo largo del cauce.

“En años anteriores se han presentado inundaciones en las zonas aledañas de los ríos Tamazula, Humaya y Culiacán, realizándose diversas acciones en los dos primeros ríos que han reducido de forma parcial el problema de las inundaciones en la ciudad.

“En el caso del río Culiacán no se han realizado acciones de mantenimiento, por lo cual es urgente su implementación a efecto de evitar desbordamiento de su cauce y por ende inundaciones de importantes sectores aledaños a sus márgenes en donde se asientan desarrollos habitacionales de baja a mediana densidad, ya que la ciudad de Culiacán se ubica en una zona eminentemente ciclónica por lo que cualquier evento de esta naturaleza pondría en peligro a los habitantes de la zona.

“Por lo anterior podemos concluir que con el presente proyecto de reencauzamiento del río Culiacán, aunque sea en el primer tramo de la parte alta, se concretiza una de las principales acciones para reordenar el flujo y la capacidad de conducción de la corriente de agua y evitar posibles inundaciones, además, representa una actividad coadyuvante para salvaguardar las zonas urbanas plenamente consolidadas en las márgenes del mismo, protegiendo vidas humanas y sus propiedades, ello a su vez, también representará grandes ahorros que por efecto de daños, reconstrucción y mantenimiento requerirá la zona en caso de desbordamiento de esta importante corriente fluvial, entre otras cosas”.

Pero el proyecto fue archivado.