En la homilía de la Misa que celebró en Basílica de Guadalupe el miércoles 27 de mayo, Mons. Ramón Castro Castro, Obispo de Cuernavaca, recordó a las madres mexicanas “que han llorado por sus hijos desaparecidos”. | Crédito: Basílica de Guadalupe.
ACI Prensa.- Al encabezar la peregrinación de su diócesis a la Basílica de Guadalupe en Ciudad de México, Mons. Ramón Castro Castro, Obispo de Cuernavaca y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, recordó a las “madres que han llorado por sus hijos desaparecidos” en el país.
El prelado presidió la Misa de las 10:00 a.m. (hora local) del miércoles 27 de mayo en el santuario mariano, donde se conserva la tilma en la que hace casi 500 años se apareció milagrosamente la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe.
Ahí, Mons. Castro Castro destacó la valentía de la Virgen María, quien ante el sufrimiento de Jesús “no huyó, María no se escondió, María no pidió explicaciones, María no negoció el dolor, simplemente permaneció”.
“Esa es quizás la definición más profunda del amor: quedarse cuando sería más fácil irse”, señaló.
“En una cultura como la nuestra donde tantas relaciones son frágiles, donde tantas promesas son temporales, donde tantas presencias se vuelven intermitentes, María nos enseña que amar significa permanecer. Ella sabe de dolor, nadie como ella lo conoce, sabe el precio de amar”.
El obispo mexicano dijo luego: “Cuántas madres de nuestra tierra se parecen a ella, madres que han llorado por sus hijos desaparecidos, madres que sostienen hogares con trabajos agotadores, madres que oran de rodillas cuando nadie las ve, madres que son el último refugio de sus hijos adultos”.
Cifras oficiales de la Secretaría de Gobernación de México revelan que desde el 31 de diciembre de 1952 hasta la fecha desaparecieron en el país 401.313 personas, de las cuales 134.566 continúan sin ser localizadas.
A inicios de abril, un informe del Comité de las Naciones Unidas contra la Desaparición Forzada (CED, por sus siglas en inglés) solicitó que la Asamblea General de la ONU examine el caso de los desaparecidos en México, concluyendo que “existen indicios fundados de que se han perpetrado y se siguen perpetrando desapariciones forzadas en el contexto de varios ataques generalizados o sistemáticos llevados a cabo en México, es decir, como crimen de lesa humanidad”.
En su homilía, el prelado también destacó que en una peregrinación, como la realizada por los fieles de Cuernavaca, “el verdadero camino ocurre dentro”, pues “el peregrino auténtico no es el que sólo llega con los pies cansados sino el que llega con el alma abierta”.
También destacó que “peregrinar exige ligereza”, pues “quien carga demasiado no puede caminar bien”.
“Hay muchos de nosotros que llevamos años cargando cosas que ya no deberíamos cargar, heridas antiguas que se han vuelto identidad, resentimientos que parecen justicia, culpas que Dios ya perdonó pero que nosotros seguimos alimentando, nostalgias que nos impiden mirar adelante”, señaló.
Llegar al santuario en peregrinación, destacó, podría tener el sentido de “venir a dejar aquí lo que ya no necesitamos cargar, dejar aquí el rencor, dejar aquí la amargura, dejar aquí la tristeza que se volvió compañera permanente, dejar aquí la dureza del corazón”.
Al final de su homilía, Mons. Ramón Castro Castro alentó a volver la mirada a María, quien “no detiene nuestro camino, lo orienta; ella no retiene discípulos para sí, los entrega a su hijo”.
“Por eso regresaremos a casa quizás con el mismo trabajo, con las mismas dificultades, con las mismas luchas, pero no con el mismo corazón”, aseguró.
