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“Leo”, entre la basura. Foto: Municipio de Aguascalientes.

Ajo Blanco/Cuauhtémoc Villegas Durán

Jehová es mi pastor; nada me faltará.

En lugares de delicados pastos me hará descansar;

Junto a aguas de reposo me pastoreará.

Confortará mi alma;

Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre.

Aunque ande en valle de sombra de muerte,

No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;

Tu vara y tu cayado me infundirán aliento.

Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores;

Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando.

Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,

Y en la casa de Jehová moraré por largos días. Salmo 23, Libro de los Salmos, Rey David.

Regresar al origen no siempre es un alivio; a veces es confirmar que el infierno tiene sucursales. Quien esto escribe vivió en Aguascalientes de 2004 a 2019, para luego ser desplazado de Jalisco por el “cochinero” criminal que el CJNG sembró en aquellas tierras. Pero al volver a esta ciudad, la sorpresa fue amarga: el cartel ya había tomado la plaza, y lo hizo bajo la mirada complaciente, o quizás cómplice, de una administración municipal que prefiere perseguir periodistas que clausurar antros de vicio.

El Aguascalientes de las 24 Horas: El Paraíso del Crimen

Mientras el alcalde Leo Montañez se llena la boca hablando de seguridad, la realidad en las calles cuenta otra historia. Bajo su gestión, Aguascalientes se ha convertido en el patio de juegos de la delincuencia organizada. Antros, burdeles, casinos, maquinitas y palenques operaron años las 24 horas del día sin que nadie les pusiera un alto, hasta que este medio empezó a denunciar la situación, iniciaron las actuaciones federales.

El escándalo de las menores de edad explotadas en un bar fue la gota que derramó el vaso, pero para “Leo” no hay investigación que valga contra la Dirección de Reglamentos. ¿Por qué el silencio? ¿Quién recibe las rentas de esas madrugadas de sangre y explotación? Mientras los negocios del crimen prosperan, el alcalde tiene las manos ocupadas, pero no en limpiar la casa, sino en ensuciarlas hostigando a quienes denuncian.

La Justicia Selectiva: El Caso del Expediente CI/AGS/32290/12-25

El hostigamiento no es solo omisión, es acción directa. En un caso que raya en lo criminal, la Policía Municipal de Montañez ha servido de brazo ejecutor para los caprichos de particulares como Jael Arely Leyva Lorenzo. Esta mujer, que ignora mandatos de jueces civiles y envía a sujetos a amedrentar al grito de “soy de la fiscalía”, tiene de su lado a los uniformados del municipio.

A mí, un periodista que busca la vía legal para resolver un conflicto de arrendamiento, me tratan como criminal. Me graban, me amenazan, ignoran al Poder Judicial y utilizan a la policía para intimidarme en mi propio domicilio. Leo Montañez ignora la ley, ignora a la Fiscalía y se ensaña con el comunicador por el simple hecho de ser “pobre” de recursos, pero rico en verdades que le incomodan.

El Alcalde que Tiembla ante el Poder, pero Aplasta al Ciudadano

Es una ironía sangrienta: Montañez no tiene el valor de enfrentar al CJNG que tiene tomado el sistema de entretenimiento y vicio de la ciudad, pero le sobra prepotencia para enviar patrullas a hostigar a un periodista desplazado.

Leo Montañez tiene las manos ensangrentadas, no solo por la violencia que omite investigar en Reglamentos de su municipio, sino por la agresión sistemática contra la libertad de expresión y los derechos humanos de quienes no nos callamos. Persigue periodistas por falsos señalamientos mientras los verdaderos criminales brindan en los palenques.

Un Mensaje al Palacio Municipal

Alcalde, el expediente CI/AGS/32290/12-25 está ahí. Las pruebas del hostigamiento de sus policías están grabadas. Usted podrá ignorar al Juez Civil hoy, pero la historia de Aguascalientes lo recordará como el edil que le entregó las llaves de la ciudad al cartel y usó el garrote contra la prensa.

Usted dice que no hay investigación a Reglamentos; nosotros decimos que lo que hay es un pacto. Y en ese pacto, los periodistas sobramos. Pero aquí seguimos, con la pluma afilada y la memoria intacta, porque el miedo ya lo dejamos en las carreteras de Jalisco. Aquí, en Aguascalientes, lo que nos queda es la dignidad de denunciarlo.

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