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Por: Cuauhtémoc Villegas Durán

Mientras las redes sociales se inundan con imágenes generadas por Inteligencia Artificial donde Donald Trump aparece sanando enfermos como si fuera el Mesías de Galilea, la historia —esa que no acepta filtros de Photoshop— nos cuenta un relato mucho más terrenal y peligroso. Lo que hoy vemos no es un milagro, es la culminación de un guion que Trump empezó a escribir en los años 70 en las calles de Queens y Manhattan.

1. El Origen: El Dinero como Única Deidad

Como bien documenta la serie Dinastía Trump, el hoy “ungido” por los nacionalistas cristianos no nació en un pesebre, sino en la opulencia de Fred Trump, un constructor que le enseñó que en este mundo solo existen dos tipos de personas: los “asesinos” y los “perdedores”.

La verdadera religión de Trump siempre ha sido el acceso mutuo con la prensa amarillista. Durante décadas, alimentó a los columnistas de chismes de Nueva York para construir la imagen del millonario infalible, mientras sus casinos en Atlantic City se iban a la quiebra. No es un salvador de la economía; es un genio del marketing de la derrota disfrazada de triunfo.

2. La Metamorfosis: Del “Playboy” al “Elegido”

Es irónico que los sectores más radicales del cristianismo hayan adoptado como su máximo estandarte a un hombre que:

  • Ha pasado por tres matrimonios y escándalos de alcoba que llenarían un tomo de la WikiSimpsons.
  • Presume de no haber pedido perdón a Dios nunca porque “no lo necesita”.

¿Cómo pasó esto? Según los análisis históricos, Trump aplicó en la política la misma fórmula de su reality show, “El Aprendiz”: crear una realidad alternativa. Al verse acorralado por investigaciones judiciales, decidió refugiarse en el Nacionalismo Cristiano. No es que él se haya vuelto religioso; es que entendió que si te envuelves en la Biblia, cualquier crítica en tu contra se convierte en una “persecución diabólica”. Es el mismo blindaje que usa Harfuch al venderse como objeto sexual y de culto: si la gente te adora, deja de juzgar tus resultados.

3. La Degradación Populista y el Mesianismo

Investigaciones recientes (como las de Dialnet y el CSIC) señalan que el “Trumpismo” ha provocado una degradación sin precedentes en la democracia. Al igual que los caciques que investigo para mi libro, Trump utiliza la polarización como combustible. Para él, “el otro” (el migrante, el opositor, el periodista) no es un adversario, es un enemigo del “Plan Divino”.

Lo que tú viste en esa foto de IA —Trump sanando enfermos— es la versión moderna de lo que intentaron dictadores como Duvalier en Haití o Ceaușescu en Rumania: borrar la línea entre el líder político y la divinidad. Cuando un gobernante se deja retratar como Cristo, nos está diciendo que está por encima de la ley.

4. La Advertencia de la Historia

La historia nos enseña que cuando los gobernantes se vuelven “dioses”, los ciudadanos se vuelven súbditos. La popularidad de Trump, al estilo de los Beatles en su momento, ha nublado el juicio de millones que prefieren la profecía al dato duro.

Mientras en México nos distraen con “objetos sexuales” en la seguridad o con “héroes” de hospital, en el norte se fabrica un mesías de hojalata. Ambos fenómenos nacen de la misma raíz: una sociedad que, anestesiada por el espectáculo, ha olvidado que a los políticos se les evalúa por la paz en las calles y la justicia en los tribunales, no por cuántos milagros digitales pueden simular.

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