0 3 min 2 años

La Revista Proceso ha ajusticiado a sus colaboradores de izquierda. El nuevo director, Jorge Carrasco, ha decidido prescindir de las colaboraciones de Fabrizio Mejía, el caricaturista Rocha y un servidor.Esta decisión no tiene nada que ver con la crisis financiera que hoy sufre la publicación. Yo ofrecí seguir de manera gratuita y solidaria con mis colaboraciones quincenales. Aún así, desde hace dos semanas Carrasco dejó de responder a mis mensajes y hoy descubro que mi nombre ha sido simplemente borrado de la lista de colaboradores en la sección de “Análisis” en la página legal de la publicación. La manera tan opaca e indigna de manejar esta situación hace pensar que la decisión no respondería a cuestiones editoriales o financieros, sino más bien a intereses ideológicos y políticos.Publiqué mi primer artículo en Proceso el 23 de julio de 2006, un texto llamado “Recuento ciudadano” en el cual propusimos, en coautoría con la Dra. Irma Eréndira Sandoval, la utilización de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública para tener acceso a las boletas utilizadas en la elección presidencial de aquel año para poder verificar, o en su caso rectificar, el conteo oficial de la supuesta victoria de Felipe Calderón Hinojosa (véase: https://wapo.st/34hu96G).A lo largo de los últimos catorce años ha sido un privilegio colaborar de manera regular con la revista y le agradezco al antiguo director, Rafael Rodríguez Castañeda, por la oportunidad. Casi nunca falto a la entrega puntual de mi columna quincenal en la sección de análisis ya que pocas cosas son más importantes para mi que la apreciada cita con los muy distinguidos lectores de Proceso. Pero los tiempos cambian y la historia da muchas vueltas. Calderón giró instrucciones para que me excluyeran de los medios comerciales a partir de la presentación de la solicitud de juicio en su contra en la Corte Penal Internacional. Enrique Peña Nieto me eliminó de los pocos espacios que todavía tenía en los medios electrónicos a partir de mi denuncia del fraude electoral de 2012. Hoy he sido vetado una vez más y ha llegado a su fin mi colaboración histórica en Proceso. La buena noticia es que ya me he acostumbrado a los cambios y no cejaré ni por un instante en apoyar la lucha del pueblo mexicano por la verdad, la democracia y la transformación social, independientemente de la trinchera donde me toque librar las próximas batallas. Venceremos.