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𝗘𝗹 𝗶𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗰𝗼𝗮𝗿𝘁𝗮𝗱𝗮: 𝗽𝗹𝗮𝘇𝗮, 𝗽𝘂𝗲𝗯𝗹𝗼 𝘆 𝗲𝘃𝗮𝘀𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗲𝘀𝗲𝗻𝘁𝗲

Jaime Laguna Berber

Claudia Sheinbaum Pardo no acudió al Monumento a la Revolución únicamente a rendir cuentas. El acto presentado como informe, fue en realidad una operación política de auto defensa. Su propósito consistió en cubrir la crisis abierta por las acusaciones de narcopolítica contra figuras de Morena mediante una escenografía de masas, un lenguaje de pueblo y una apelación constante al pasado.

El lema escogido —“Honestidad, resultados y amor al pueblo y a la patria”— no es un eslogan neutro. Podría servir en principio para cualquier partido, incluso uno de derecha, es más, hasta Morena. Condensó la narrativa defensiva del gobierno. Ante la acusación de corrupción, respondió con “honestidad”. Ante el desgaste de la gestión, respondió con “resultados”. Ante la crítica política, respondió con “amor al pueblo”. Ante los señalamientos provenientes de Estados Unidos, respondió con “patria”.

Cada palabra cumplió una función, pero ninguna abrió una explicación de fondo sobre la crisis política que enfrenta Morena.

Es abrazarse de la bandera, la soberanía, la democracia, las mayorías, para seguir vendiendo droga en las mañaneras y darles permiso a sus cómplices en las calles.

La presidentA volvió a la plaza pública para presentar su gobierno como continuidad moral de un proyecto respaldado por millones de votos. Recordó los casi 36 millones de sufragios obtenidos y sostuvo que rendir cuentas ante la ciudadanía forma parte de su obligación política. Una votación no cancela el deber de responder por hechos actuales. La legitimidad electoral autoriza a gobernar; pero no absuelve.

Sheinbaum afirma que “ese fue el narcogobierno”, en referencia a los sexenios de Vicente Fox y Felipe Calderón. La frase revela el mecanismo de evasión. La presidentA no contesta el problema presente; lo traslada hacia el pasado.

Coloca la discusión en Atenco, Oaxaca, el desafuero de López Obrador, el fraude de 2006 y la guerra calderonista contra el narcotráfico. Solo faltó agrgar el tema de la conquista española, el imperio de Iturbide, el de Maximiliano, la época profirista, la historia de todos los PRI que son los progenitores de Morena y la genealogía estaría completa.

Esos hechos merecen crítica, una actitud crítica, pero su existencia no responde a la pregunta: 𝗾𝘂𝗲́ 𝗵𝗮𝗿𝗮́ 𝗲𝗹 𝗘𝘀𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗺𝗲𝘅𝗶𝗰𝗮𝗻𝗼 𝗳𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗮 𝗹𝗮𝘀 𝗮𝗰𝘂𝘀𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗶𝗻𝘃𝗼𝗹𝘂𝗰𝗿𝗮𝗻 𝗮 𝗳𝘂𝗻𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗿𝗶𝗼𝘀 𝘆 𝗮𝗹𝗶𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗼𝗽𝗶𝗼 𝗿𝗲́𝗴𝗶𝗺𝗲𝗻. Hablemos del presente.

Los señalados por relación con el narco son de Morena, son destacados dirigentes de Morena. No, no son de gobiernos anteriores, son de esta farsa de transformación. No son representantes de Hernán Cortéz, ni de la corona española, ni de Iturbide, ni de Maximiliano de Habsburgo, ni de los viejos gobiernos porfi priistas. Son de Morena.

El presidencialismo priista mexicano, del cual abreva Morena, convirtió los actos públicos en ceremonias de adhesión. El informe nunca fue un instrumento de rendición de cuentas institucional pues funciona como liturgia política. La multitud aplaudía, el poder hablaba, la crítica quedaba afuera. Tortas y Frutsis para todos, pase de lista, acarreo, camisetas, banderas. Qué puede salir mal

La Cuarta Transformación prometió romper con esa cultura política, pero terminó reproduciendo una de sus formas más conocidas: el acto masivo como sustituto de la explicación pública. Transformó el acarreo priista en acarreo morenista. A eso se reducen los cambios.

Vestirse de pueblo no es rendir cuentas. Caminar entre simpatizantes no prueba honradez, los aplausos no sustituyen una investigación criminal, acusar a los gobiernos anteriores no elimina la responsabilidad del gobierno actual.

El recurso de apelar al pueblo, cuando se usa para cerrar la crítica, se convierte en escudo de poder. De este lado mis amigos, del otro lado todos son mis enemigos: Lo que sigue es una guerra civil.

La crisis de Morena no surge de la oposición, marginal, dispersa, vario pinta. Surge de una profunda putrefacción y contradicción interna. El movimiento que hizo de la honestidad su bandera enfrenta acusaciones contra personajes vinculados a su estructura política. El partido que denunció la corrupción del viejo régimen protege a los suyos. El gobierno habla de transparencia y no permite controles efectivos, investigación autónoma y acceso público a la información. La frase “no somos iguales” se convierte en consigna para cubrir que son peores.

La respuesta presidencial intenta activar una memoria selectiva. Fox y Calderón aparecen como símbolos del pasado represivo, corrupto y violento. La crítica a esos gobiernos es legítima. Atenco, Oaxaca, el desafuero, la guerra contra el narcotráfico y la violencia desatada durante el calderonismo forman parte de una historia que no debe olvidarse.

Pero el poder actual no puede vivir eternamente de los crímenes de sus antecesores. Gobernar exige responder por el presente. 𝗖𝘂𝗹𝗽𝗮𝗿 𝗮 𝗹𝗼𝘀 𝗮𝗻𝘁𝗲𝗿𝗶𝗼𝗿𝗲𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗽𝗿𝗲𝘀𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗻𝗼 𝗿𝗲𝘀𝘂𝗲𝗹𝘃𝗲 𝗲𝗹 𝗳𝘂𝘁𝘂𝗿𝗼.

La acusación contra Calderón es hablar al espejo. Sheinbaum dice: “ellos fueron el narcogobierno”, busca impedir que esa palabra se instale sobre Morena. Como un exorcismo. Pero el problema no consiste únicamente en quién merece primero esa etiqueta. El problema consiste en si el Estado mexicano ha mantenido, tolerado o reproducido relaciones de poder con estructuras criminales. Esa pregunta atraviesa al viejo régimen y también al nuevo. El priismo morenista es el ritual para que el monstruo se mantenga vivo.

El acto del Monumento a la Revolución mostró una presidencia que entiende la gravedad de la crisis, pero prefiere enfrentarla mediante movilización y discurso. Cerrar los ojos, echando rollo, que la aplaudan. La plaza funciona como tribunal popular anticipado. Ahí la presidenta se absolvió a sí misma, absolvió a su movimiento y trasladó la culpa hacia los gobiernos anteriores.

𝐋𝐚 𝐫𝐞𝐧𝐝𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐜𝐮𝐞𝐧𝐭𝐚𝐬 𝐫𝐞𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐞 𝐝𝐨𝐜𝐮𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬, 𝐝𝐚𝐭𝐨𝐬, 𝐞𝐱𝐩𝐞𝐝𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬, 𝐢𝐧𝐯𝐞𝐬𝐭𝐢𝐠𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬, 𝐜𝐨𝐦𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚𝐬 𝐲 𝐬𝐚𝐧𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬. 𝐑𝐞𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐞 𝐢𝐧𝐬𝐭𝐢𝐭𝐮𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐝𝐞𝐩𝐞𝐧𝐝𝐚𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐯𝐨𝐥𝐮𝐧𝐭𝐚𝐝 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐢𝐝𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚𝐥. 𝐓𝐨𝐝𝐨 𝐡𝐚 𝐬𝐢𝐝𝐨 𝐚𝐧𝐢𝐪𝐮𝐢𝐥𝐚𝐝𝐨, 𝐥𝐨𝐬 𝐫𝐞𝐬𝐮𝐥𝐭𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐝𝐞́𝐜𝐚𝐝𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐮𝐜𝐡𝐚 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐨𝐧 𝐜𝐚𝐧𝐜𝐞𝐥𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐫𝐞𝐠𝐫𝐞𝐬𝐚𝐫 𝐚𝐥 𝐩𝐞𝐨𝐫 𝐩𝐫𝐢𝐢𝐬𝐦𝐨, 𝐚𝐥 𝐝𝐞 𝐀𝐦𝐥𝐨, 𝐁𝐚𝐫𝐥𝐞𝐭𝐭 𝐲 𝐌𝐨𝐧𝐫𝐞𝐚𝐥.

El oficialismo ha debilitado o eliminado órganos autónomos que servían como contrapesos. Un gobierno que concentra poder y al mismo tiempo pide confianza plena coloca a la ciudadanía ante una exigencia inaceptable: creer sin verificar. La confianza pública no puede descansar en la palabra de quien gobierna. Debe descansar en mecanismos capaces de revisar al poder, incluso contra la voluntad del poder. Eso es superior a “informar” en la plaza que ellos, los apoderados, los empoderados, son mejores

La crisis social también golpea. El gobierno habla de resultados, pero millones de personas enfrentan carencias en salud, inseguridad cotidiana y deterioro educativo. Todos sabemos que en el ISSSTE y en el IMSS no hay abasto de medicinas, no hay atención. Los programas sociales sostienen una base de apoyo real, pero no sustituyen derechos universales efectivos. Un país no se transforma sólo con transferencias monetarias. Se transforma cuando la población accede a salud, educación, seguridad, justicia y futuro. Convertir a un pueblo en paria mantenido no es un programa social, es una perversa acción para sostener lo que no podría sostenerse de otra forma.

Porfirio Díaz regalaba bolillos en la plaza, ahora regalan dinero en programas sociales; esos regímenes solo caen mediante una revolución. No hay otra opcion en la historia.

El informe de Sheinbaum no cierra la crisis, profundizada por la exhibición de sus nexos con el narco, por el contrario mostró su profundidad. La presidenta necesitó llenar una plaza – lo del acarreo es importante pero accesorio-, reivindicar el voto obtenido, acusar al pasado, invocar al pueblo y declararse honesta.

Cuando un gobierno tiene que repetir con tanta fuerza que es honesto, el problema ya no está sólo en sus adversarios, está en la pérdida de credibilidad de su propia palabra. Dime de qué presumes y te diré de qué careces.

Morena puede conservar fuerza electoral, estructura territorial y capacidad de movilización. Pero la legitimidad democrática exige más que plazas llenas.

Si la respuesta a la acusación de narcopolítica consiste sólo en decir que los narcos gobiernos fueron los de antes, el presente queda sin explicación. Y un gobierno que no explica el presente empieza a parecerse demasiado al pasado que prometió superar.

La coyuntura muestra desgaste: Enkoll registró una caída de siete puntos en la aprobación presidencial, aunque Sheinbaum mantiene 68% de aceptación. La misma encuesta señala que 62% considera creíbles las acusaciones contra Rubén Rocha y que 45% las atribuye a evidencia real de vínculos con grupos criminales.

CONEVAL documentó el incremento de la carencia de acceso a servicios de salud; la OCDE reportó que sólo 34% de estudiantes mexicanos alcanzó al menos el nivel 2 en matemáticas en PISA 2022; y la Cámara de Diputados aprobó la reforma que extingue siete órganos autónomos, incluido el INAI.

𝐀𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐚́𝐛𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐦𝐚𝐥, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐥𝐚 𝐬𝐨𝐫𝐩𝐫𝐞𝐬𝐚 𝐞𝐬 𝐪𝐮𝐞 ahora estamos 𝐩𝐞𝐨𝐫, 𝐲 𝐧𝐨 𝐥𝐥𝐞𝐠𝐚 𝐚𝐮́𝐧 𝐞𝐥 𝐟𝐨𝐧𝐝𝐨 𝐝𝐞𝐥 𝐚𝐛𝐢𝐬𝐦𝐨.

𝐍𝐞𝐜𝐞𝐬𝐢𝐭𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐮𝐧𝐚 𝐢𝐳𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐝𝐚 𝐫𝐞𝐚𝐥, 𝐝𝐞𝐦𝐨𝐜𝐫𝐚́𝐭𝐢𝐜𝐚, 𝐪𝐮𝐞 𝐝𝐞𝐟𝐢𝐞𝐧𝐝𝐚 𝐥𝐚 𝐬𝐨𝐛𝐞𝐫𝐚𝐧𝐢́𝐚 𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐫 𝐝𝐞 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐞𝐦𝐩𝐥𝐞𝐨𝐬, 𝐭𝐫𝐚𝐛𝐚𝐣𝐨, 𝐬𝐚𝐥𝐮𝐝, 𝐯𝐢𝐯𝐢𝐞𝐧𝐝𝐚, … 𝐲 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐩𝐚𝐜𝐭𝐞 𝐜𝐨𝐧 𝐞𝐥 𝐧𝐚𝐫𝐜𝐨

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