AJO BLANCO
Por: Cuauhtémoc Villegas Durán
La Venia de Türk y el Freno de Sheinbaum
Vino, vio y se dejó envolver por el aroma de los pinos (o de lo que quede de ellos). La visita de Volker Türk, el Alto Comisionado de la ONU, terminó con la complacencia de quien confunde la cortesía con el cumplimiento. Dice el diplomático que hay “voluntad política”, pero su ceguera voluntaria ignora el elefante en la habitación: la reforma a las fiscalías no está en pausa por un berrinche del Congreso, está congelada por instrucciones de la presidente.
Además, que la ONU evada señalar que las desapariciones son un crimen de lesa humanidad, argumentado que no es una política de Estado, aunque existen miles de policías, militares y políticos que, sirven al aparato de Estado y al narco a la vez, han sido o están procesados por desapariciones y asesinatos, en ocasiones, de familias completas, incluidos niños.
Amén que existe una constante violación de los Derechos Humanos por parte del Estado hacía los ciudadanos más pobres y débiles y una impunidad hacía los miembros del Estado, muchos de los cuales, sino es que todos, en muchas ocasiones sirven a dos amos. Cientos de pueblos enteros de todo México sirven primero, a los carteles que, al Estado.
Si el mismo ha descrito que no existen palabras para describir el tamaño del horror, único en el mundo hasta ahora, fenómeno nunca antes visto por la humanidad, ya que es más complejo de lo que muchos quieren banalizar o al menos, minimizar.
Ese es el meollo del asunto. Mientras Türk lanzaba flores al “México vibrante”, desde la oficina principal de la nación se dictó la orden: la reforma a las fiscalías no va. No ahora, no así. Al posponerla, la presidente Sheinbaum no solo patea el bote de la justicia, sino que confirma que el control político sobre los Ministerios Públicos es más valioso que la autonomía técnica. La “voluntad” de la que habla el de la ONU es, en realidad, una estrategia de supervivencia institucional: te doy diálogo para que no me des sanciones.
Para el mexicano de a pie, este juego de espejos es mortal. Al posponer la reforma, la presidente garantiza que las fiscalías sigan siendo esos agujeros negros donde la verdad se pierde. Lo vimos hoy con la resolución de La Jauja: 122 años de cárcel para uno, mientras el sistema se hace de la vista gorda con el resto del comando armado. Una justicia de “chivo expiatorio” que solo funciona cuando el crimen entrega a los suyos, como ocurrió en aquel macabro episodio de Tlaquepaque.
Y mientras en las altas esferas se reparten sonrisas y promesas de derechos humanos, en la tierra de uno la realidad es de plomo y abandono. Las balas en Peñuelas no saben de prórrogas legislativas, y el cierre del albergue Ángeles de Mascotas tras 17 años de lucha es la prueba fehaciente de que la “voluntad política” no llega a las causas que no dan votos.
La ONU se va de México con una maleta llena de promesas y una foto con los colectivos que luchan y, los políticos que padecemos. Nosotros nos quedamos con el mismo sistema podrido que ella decidió no tocar. Türk compró la estrategia de la continuidad disfrazada de cambio, pero a los mexicanos no nos sirven las prórrogas presidenciales. Nos sirven los hechos, y el hecho es que, por orden superior, la justicia en este país seguirá esperando turno en la sala de los asuntos sin importancia.
Al caldero: Dicen que en la Feria ahora vigilan los cuchillos con cables de acero. Qué modernos. Lástima que para los delincuentes en las colonias no hay cable que los detenga, ni fiscalía que los busque, ni presidente que se atreva a reformar el sistema que los protege por omisión.
