En la Jornada Mundial de los Pobres de 2025, el 16 de noviembre de ese año, el Papa León XIV almorzó en el Aula Pablo VI del Vaticano junto a más de 1.300 personas en situación de pobreza y exclusión. | Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN News.
Por David Ramos
Jun. 14, 2026
06:59 a. m.
En su mensaje para la X Jornada Mundial de los Pobres, que se celebrará el 15 de noviembre de 2026, el Papa León XIV aseguró que “la Iglesia, por su misma naturaleza, está llamada a ser pobre y refugio para los pobres”.
El mensaje, difundido por la Oficina de Prensa de la Santa Sede este domingo 14 de junio, lleva como título “El Señor es el refugio del pobre”, tomado del Salmo 14,6. “Las palabras del Salmista sugieren el camino que estamos llamados a recorrer con vistas a la X Jornada Mundial de los Pobres”, explicó el Santo Padre, destacando que “una vez más es necesario volver a la Palabra de Dios para verificar la importancia que los pobres tienen en la vida de la Iglesia”.
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La Jornada Mundial de los Pobres fue instituida por el Papa Francisco el 20 de noviembre de 2016, al concluir el Jubileo de la Misericordia. Ese día, en su carta apostólica Misericordia et misera, el fallecido Pontífice explicó que esta fecha “se debe celebrar en toda la Iglesia” en el XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario.
“Será la preparación más adecuada para vivir la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el cual se ha identificado con los pequeños y los pobres, y nos juzgará a partir de las obras de misericordia”, indicó Francisco, apuntando a la solemnidad que se celebrará este 2026 el domingo 22 de noviembre y con la que finaliza el Año Litúrgico de la Iglesia.
“Una injusticia social que brota de la corrupción arrogante”
En su mensaje, León alerta que “se observa, lamentablemente, cuán difundida está también en nuestros días una injusticia social que brota de la corrupción arrogante, tan deplorable como discriminatoria”.
“La pérdida del sentido de la trascendencia en la vida cotidiana ya no es tanto una negación teórica de la existencia de Dios; más bien se manifiesta en la falta de consideración de su bondad y misericordia para la construcción de la justicia personal y social”, señaló.
El Papa señaló que “los primeros en sufrir sus consecuencias son los pobres”, cuyo número, advirtió, “no por casualidad aumenta en muchas sociedades”. Además lamentó que “la ausencia de Dios coloca a las personas ya no unas junto a otras en el respeto recíproco, sino unas por encima de otras bajo el signo del dominio y del sometimiento”.
El “ambiente digital” aumenta la indiferencia hacia los pobres
Tras advertir que “el grito de justicia de los pobres hoy es acallado mediante múltiples técnicas, cada vez más sutiles”, León denunció que “el ambiente digital radicaliza el prejuicio hacia ellos y aumenta la cortina de indiferencia que rodea sus causas”.
“Al pobre no le queda más que gritar hacia Dios y hacer llegar a Él su lamento, con la certeza de ser escuchado porque Dios es fiel y rico en misericordia”, expresó, destacando que “quienes están oprimidos, humillados e indefensos crecen también hoy en la certeza de tener que abandonarse a Dios, cargados de confianza y de espera”.
“En este abandono total, vuelve a florecer el sentido de la propia dignidad, se reconocen hermanas y hermanos con quienes organizar sus sueños, y la esperanza se convierte silenciosamente en realidad. Refugiarse en Dios equivale a encontrar la protección verdadera y segura, aquella que los poderosos no pueden garantizar y prefieren negar”, dijo.
El Papa resaltó luego que el pobre “sabe reconocer más que otros lo esencial, porque vive de lo esencial. Más semejante a Cristo que todos, reconoce a Dios como su propio refugio incluso cuando las circunstancias parecen desmentirlo, y está colmado de esperanza por su justicia, que no tarda en manifestarse”.
Llamados “a convertirnos en refugio para el pobre”
León XIV aseguró que “en Cristo estamos llamados, por tanto, también nosotros a hacernos pobres y a convertirnos en refugio para el pobre”.
“La comunidad cristiana no puede permanecer insensible ante tantos que hoy están a la puerta y siguen siendo invisibles para quienes permanecen encerrados entre sus propios muros”, dijo, subrayando que “la Iglesia, por su misma naturaleza, está llamada a ser pobre y refugio para los pobres”.
El Santo Padre alentó también a preguntarnos urgentemente “en nuestra mente y en nuestro corazón”: “¿Somos signo de un Dios que es refugio para los pobres? ¿Tenemos conciencia de nuestra pobreza y la preferimos a la riqueza injusta? ¿Llegamos hasta donde se encuentran los pobres, experimentando su marginalidad? ¿Escuchamos sus pensamientos y compartimos sus esperanzas? ¿Pronunciamos sus nombres con ternura divina? ¿Nuestra caridad reactiva y sostiene en ellos el deseo de justicia y de rescate?”.
“Estas y muchas otras preguntas obligan a un serio examen de conciencia, para verificar cuánto estamos todavía llamados a llegar a ser en favor de los pobres y de su liberación”, aseguró.
Recordando el ejemplo de San Francisco de Asís, “queremos testimoniar que es posible, también hoy, experimentar la misma alegría al ponerse en el lugar de los pobres y escucharlos, en vez de sólo hablar de ellos”, dijo el Papa.
“Quien tiene a Dios por refugio es libre de tomar decisiones proféticas, que testimonian cómo todo puede ser repensado desde abajo, en la humildad y en la fraternidad que, sólo ellas, reparan un mundo herido por la prepotencia”, expresó.
