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Río Doce/Ismael Bojorquez

El primer llamado fue el lunes, durante la Conferencia Nacional de Municipios de México (CONAMM), realizada en León, Guanajuato. Estuvieron presentes el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y los dirigentes de los partidos. Hay que blindar el proceso electoral de los dineros del narcotráfico, se comprometieron. La alerta se encendió, dijo alguien, por los hechos ocurridos en Iguala de la Independencia, Guerrero.

En 2015 se renovarán 1 mil 551 cargos de elección popular en 18 entidades de la República y las 500 curules de la Cámara de Diputados.

El segundo llamado fue al día siguiente, cuando arrancó formalmente el proceso electoral. Tanto el Instituto Nacional Electoral (INE), como el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), se comprometieron para reducir al mínimo el riesgo de la intromisión del crimen organizado en el proceso electoral 2014-2015.

Noviembre de 2013, Cobaes 25. El Ñacas no fue.
Noviembre de 2013, Cobaes 25. El Ñacas no fue.

Parecen buenas las “intenciones”, aunque, por la experiencia de otros procesos, hay que estar seguros, primero, si las intenciones son reales. Desde todos los partidos políticos se han postulado candidatos ligados al narcotráfico, unos en mayor medida y otros menos. Pero desde todos. Los narcos no tienen color, hasta eso: son muy plurales. Se acomodan donde creen que habrá facilidades, negocio, relaciones. Y por ello financian, apoyan con logística, brindan seguridad para realizar campañas en las plazas que controlan y hacen el trabajo sucio con los opositores, si es necesario.

En las elecciones de 2010 por la gubernatura de Sinaloa, operadores y dirigentes del PRI fueron advertidos de que pararan su campaña a favor de Jesús Vizcarra Calderón. Lo hicieron hombres armados que parecían dispuestos a todo. Curioso el caso porque Vizcarra fue una y otra vez acusado de ser compadre de Ismael Zambada García, el Mayo.

En las elecciones intermedias del año pasado, el candidato a la alcaldía de Sinaloa municipio, Esteban López Beltrán, que había sido postulado por una alianza PAN-PRD-PT, renunció a realizar campaña por amenazas y ante el asesinato de uno de sus operadores. Se dijo, entonces, que los agresores eran células delictivas al mando de Fausto Isidro Meza Flores, el Chapo Isidro. Perdió la elección.

Así que no solo habría que blindar los procesos electorales de este país para que ya no haya dinero del narco en las campañas, lo cual se antoja muy complicado, sino garantizar que a todas las etapas de estos procesos sea ajeno el crimen organizado.

Es un pronunciamiento pertinente el de los partidos, de Gobernación, del INE y del TEPJF, pero más bien parece una quimera hasta desde el momento en que muchas veces no hay elementos para demostrar que un candidato tiene relaciones con el narco. No vayamos muy lejos. El 2 de octubre pasado detuvieron a un hijo del narcotraficante Javier Torres y solo entonces se supo que el señor, del cual hay referencias criminales, era síndico de la Ilama, Cosalá. El alcalde justificó que presentó carta de no antecedentes penales para registrarse y que por ello nadie se opuso. Lo cual significa que también hubiera podido ser regidor, luego diputado…

Y no es porque sea hijo de un narcotraficante preso, ser familia no es un delito, pero tampoco nos chupemos el dedo.

Iguala acaba de explotar, pero allí está Michoacán, también muy reciente, y las evidencias de cómo el crimen organizado logra penetrar no solo las campañas, sino los gobiernos en toda su estructura. Sirvan también de ejemplo. De las tragedias también se aprende y ya es hora de que, en México, alguien ponga la primera piedra para construir otro país.

Bola y cadena
Y en medio de esta vorágine de hechos criminales que están sacudiendo al país —ojala caigan muchas manzanas podridas de árbol—, el director del COBAES, Juan de Dios Palazuelos, “desinvita” al monero Ricardo Sánchez Bobadilla, que preparaba ya su exposición “Territorio Ñacas”, en el marco de una jornada cultural de la institución.

Lo de menos fue el aviso de que “siempre no”. Cada quien invita a su casa a quien quiere y no hay porqué reprocharle nada. Lo peor es la “explicación” que intenta el COBAES por medio de una firmante Dirección de Extensión Cultural y los Servicios, un rosario de ininteligibles e incongruentes “conceptos” sobre la educación que terminan por ser ametrallados por la realidad de lo que pasa en sus planteles, llenos de jóvenes ilusionados en superarse que chocan con parvadas de delincuentes, hijos de narcos y sicarios, que escupen a los maestros y, hasta bajo amenazas de muerte, obtienen calificaciones aprobatorias.

Desinvitaron al Ñacas, dicen, porque la función del COBAES es “orientar la educación de los jóvenes con base en el ejercicio de la moral y la ética y el cultivo de los valores”, lo cual significaría que los cartones que publica en Ríodoce son inmorales, profanos, inconvenientes y hasta pornográficos.

Vetaron al “Ñacas”, añaden, porque es la “parodia de un sicario, representante de la sordidez moral de nuestra sociedad”. Luego entonces, por eso hay que quemarlo en una plaza o en un carnaval, no exponerlo en una institución “educativa”, “cultural… que forma a los jóvenes con un pensamiento crítico y reflexivo; saludable, tolerante y respetuoso de las diversas manifestaciones del pensamiento y la creatividad humana”.

Así, entonces, que los ejecutados en las banquetas de los COBAES se entierren en fosas cavadas por ellos mismos para que nadie los vea, que los levantados aparezcan aunque sea en un panfleto caro, “educativo” y acartonado —como los que hace COBAES—, que nadie lee; que las jóvenes prostituidas en sus aulas sean vestidas de vírgenes; que los maestros insultados, amenazados y escupidos, reciban condecoraciones; que las muchachas secuestradas al salir de sus planteles guarden silencio. Porque eso no va con la “hebegogía”, esa mamada etérea que se presume y nadie sabe —en las aulas, qué raro— con qué se sorbe.

Y que nadie recuerde que los COBAES fueron creados, hace 30 años, para enfrentar las manifestaciones críticas de las prepas de la UAS, por un gobernador, Antonio Toledo Corro, que fue acusado de narco y que, en el lenguaje del Ñacas, bien podría haber sido el “Viejón” de aquellos años.

Dijera alguno de los personajes de Ricardo Sánchez Bobadilla: Inches utos.