GINEBRA.— En una decisión de urgencia que refleja la gravedad de la situación en el continente africano, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró este fin de semana la epidemia de Ébola en la República Democrática del Congo (RDC) y Uganda como una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII). El organismo alertó que el brote es provocado por una cepa sumamente rara y peligrosa para la cual no existe tratamiento ni vacuna disponible.
El Director General de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, tomó la determinación tras evaluar la rápida evolución epidemiológica de la enfermedad, provocada específicamente por el virus Bundibugyo. A diferencia de crisis anteriores donde las vacunas ayudaron a frenar los contagios, la ausencia de herramientas biológicas específicas convierte a este escenario en un desafío extraordinario para la comunidad médica internacional.
El virus rompe el cerco y llega a las capitales
El balance oficial al corte del 16 de mayo registra al menos 88 muertes probables y más de 336 casos sospechosos. Aunque el epicentro se localiza en la conflictiva provincia de Ituri, en el este del Congo, la alarma se disparó tras confirmarse de forma laboratorial que el virus ya penetró en grandes urbes.
En Uganda, se detectaron dos casos confirmados en su capital, Kampala, correspondientes a personas que viajaron desde la RDC. De igual forma, las autoridades reportaron un caso positivo en Kinshasa, la capital congoleña. La presencia del Ébola en estas metrópolis, separadas por cientos de kilómetros del foco inicial, confirma que el virus se movió de forma silenciosa antes de que se activaran los protocolos de contención.
Médicos contagiados y un enemigo invisible
La comunidad científica externa ha mostrado especial preocupación debido a que los métodos de prueba rápida de campo suelen fallar ante la variante Bundibugyo. Además, los primeros síntomas son fácilmente confundibles con la malaria, el tifo o una influenza severa (fiebre alta, fatiga, dolor muscular y de cabeza), lo que retrasa el diagnóstico oportuno.
La OMS reconoció que el brote real podría ser “mucho mayor” de lo reportado debido a la alta movilidad poblacional, la existencia de redes de salud informales y la inseguridad en la región. El riesgo intrahospitalario ya es un hecho: al menos cuatro trabajadores de la salud, entre ellos varias enfermeras, fallecieron tras contagiarse en clínicas locales, evidenciando fallas críticas en el control de infecciones.
Coordinación, no parálisis
A pesar del decreto de emergencia internacional —el máximo nivel de alerta que contempla el organismo y que busca liberar fondos de donantes de manera inmediata—, la OMS aclaró que la situación no constituye una emergencia pandémica al estilo del COVID-19. Asimismo, aconsejó explícitamente a la comunidad internacional no imponer restricciones de viaje ni cierres de fronteras, argumentando que estas medidas suelen asfixiar las economías locales y entorpecer la llegada de ayuda humanitaria y misiones médicas especializadas.
Por el momento, los países que comparten frontera terrestre con la RDC y Uganda han sido declarados en “alto riesgo”, por lo que se ha instado a activar de inmediato sus comités nacionales de gestión de catástrofes para vigilar los flujos comerciales y migratorios.
