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Cecy Flores, líderesa del colectivo Madres Buscadoras de Sonora.

Por: Cuauhtémoc Villegas

AJO BLANCO

Día de las Madres: El país de las sillas vacías

Por: Cuauhtémoc Villegas

El 10 de mayo en México no es una fecha de manteles largos, sino de palas largas. Mientras el marketing oficial nos vende la imagen de la madre abnegada recibiendo flores, la realidad nacional nos escupe una cifra que debería quemarnos el rostro: más de 133 mil desaparecidos registrados hasta este mayo de 2026. Decenas de miles de madres que no saben dónde están sus hijos.

No son números, son ausencias que han parido un ejército de mujeres que el Estado no quiere ver. En este país, la maternidad se ha vuelto un oficio de rastreo. Se estima que existen más de 230 colectivos de búsqueda organizados formalmente en todo el territorio nacional, aunque la cifra real, contando a los grupos independientes que surgen por pura desesperación en los pueblos más olvidados, es incalculable.

Jalisco, el segundo estado con más desapariciones (superando los 16 mil registros), es el epicentro de este terremoto social. Tan solo aquí operan 23 colectivos, como el recién nacido “Desaparecidos sin Justicia” o “Luz de Esperanza”. Cada uno nace no por gusto, sino porque la fiscalía no alcanza y lo le interesa, porque las carpetas se apilan y porque la tierra sigue devolviendo lo que el crimen intentó ocultar.

¿Cuántas madres son? Son miles. Son las que, como Cecy Flores en Sonora, han tenido que celebrar este día entre el polvo del desierto, con el pastel puesto sobre una mesa de campo y el cartel de sus hijos como único invitado. Es una ironía sangrienta que en el país que más “venera” a la madre, sea el mismo donde se les deja solas excavando fosas con sus propias manos, rifando comida para pagar la gasolina y siendo amenazadas por preguntar lo que el Gobierno prefiere callar.

El lado negro de este 10 de mayo es entender que los colectivos no son un logro de la sociedad civil, sino el monumento más grande al fracaso del Estado. Cada nuevo grupo que se forma es un recordatorio de que la justicia en México no se imparte, se desentierra.

El Ajo Blanco de hoy es para esas madres que no quieren felicitaciones, sino respuestas. Para las que hoy no van a un restaurante, sino a un predio a ver si la varilla les devuelve el olor de lo que alguna vez fue su vida.

A ellas, mi respeto absoluto. A los que cuentan votos mientras ellas cuentan huesos, mi más profundo desprecio.

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