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Por: Cuauhtémoc Villegas Durán (Columna Ajo Blanco)

Hoy, 19 de abril, se marca en el calendario el “Día Nacional de la Madre Buscadora”. En cualquier otro contexto, un día nacional sugeriría orgullo o celebración; aquí, el título es un recordatorio ácido de la negligencia estatal. Es una ironía sangrienta que en México —y particularmente en nuestra región— tengamos que dedicar un día para reconocer a mujeres que, ante la parálisis de las fiscalías, han tenido que aprender a usar la pala, a leer la tierra y a identificar restos óseos.

¿Qué se felicita? ¿El dolor? ¿La ausencia? Felicitar a una madre buscadora es un despropósito. No se puede felicitar a quien ha perdido el sueño, el patrimonio y la tranquilidad buscando a un hijo. Lo que hoy se hace es visibilizar una tragedia que el discurso oficial intenta maquillar con cifras alegres. Mientras en la capital del estado los brindis por la Feria Nacional de San Marcos ahogan las noticias de seguridad, a pocos kilómetros, en los límites con Jalisco y en municipios como Pabellón de Arteaga, la realidad es otra.

La realidad frente al discurso Apenas ayer, el mundo fue testigo de cómo las madres buscadoras en Tlajomulco entraban a una casa de seguridad donde aún funcionaban los ventiladores y las tablas de tortura estaban frescas, mientras los sicarios las vigilaban desde afuera ante una policía que tardó 40 minutos en aparecer. Esa es la verdadera “conmemoración” del 19 de abril: la soledad absoluta de las familias frente al poder avasallador del crimen y la omisión burocrática.

En Aguascalientes, el panorama no es distinto. El “blindaje” del que tanto se presume tiene grietas por donde se filtran ejecuciones de jóvenes y desapariciones que no siempre llegan a las carpetas de investigación. Hoy, mientras los reflectores apuntan al Foro de las Estrellas, no debemos olvidar que hay familias que no buscan entretenimiento, sino una fosa donde poder terminar su agonía.

Dignidad, no felicitación El 19 de abril no nace de una concesión gubernamental, nace del sudor y las lágrimas de quienes no se rindieron. A las madres buscadoras se les debe respeto, protección y, sobre todo, resultados. Todo lo demás es retórica vacía.

Hoy no celebramos nada. Hoy señalamos la deuda histórica de un Estado que les falló dos veces: primero al no proteger a sus hijos, y después al obligarlas a buscarlos entre los escombros de la impunidad.

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