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Una furgoneta carga dos cuerpos malheridos y ensangrentados. Uno de ellos, semidesnudo y posiblemente muerto, es colgado de un puente como advertencia macabra. Esta escena, tristemente familiar para muchos mexicanos, da inicio a Heli, una película que no se limita a denunciar la matanza del narco, sino que habla del amor, la juventud, la esperanza y toca fibras más finas que la mera denuncia social. Pero, como siempre, la violencia explícita genera reacciones adversas: “¿No cree que da mala imagen de México?” Le preguntan algunos periodistas al director Amat Escalante. “Mejor pregúntale a quien dejó así este país”, responde el cineasta en la presentación de su obra, presentada en la Cineteca Nacional de México cuatro días antes del estreno nacional.

En una de las escenas, dos jóvenes son torturados y apaleados y a uno de ellos le queman los genitales ante la absorta mirada de unos chiquillos que juegan a videojuegos.
Heli narra la historia de Estela (Andrea Vergara), una niña de 12 años que se enamora de un joven cadete imprudente e irresponsable (Juan Eduardo Palacios) que acaba involucrando a toda su familia en el terror del narcotráfico. La inocencia de los chicos contrasta con el salvajismo y la maldad de los todopoderosos capos del dinero y la droga. El hermano de Estela (Armando Espitia) afrontará el destino trágico de su familia desde la impotencia más absoluta. El miedo, el valor, la venganza y la esperanza se reflejan en su mirada; un chiquillo escuálido y descamisado que planta cara al inmenso furgón militar que acecha su casa. La batalla imposible, David contra Goliat como símbolo de la guerra fratricida que desangra México. Una escena hermosa e inexplicable que resume una película y un país: “Me duele la juventud de México y quise reflejar su lucha imposible pero esperanzada”.

También a Buñuel le echaron en cara pintar un México pobre y miserable cuando estrenó Los olvidados (1950), y sin embargo, el tiempo y la crítica le dieron la razón. “Mi película no está exagerando en nada. Nadie puede decir que lo que cuento no ocurre”, explica el director de Heli. “¿Debería censurarme para no dar una mala imagen de mi país? Eso sí sería muy triste”.

Influido por el cine de Werner Herzog, Michael Haneke y Luis Buñuel, el director se muestra muy agradecido con el recibimiento de su cine (sus dos anteriores películas, Sangre y Los bastardos, también se estrenaron en Cannes). Hace un año Escalante ganó el premio a Mejor Director en el festival francés, donde compitió con grandes directores como los hermanos Cohen, Jim Jarmusch, Steven Soderbergh y Roman Polanski, entre otros.

Aunque la mayor parte de la historia no contiene violencia explícita, hay un momento en concreto que, según muchos, supera en crudeza y brutalidad a todo lo visto anteriormente en el cine mexicano: dos jóvenes son salvajemente torturados y apaleados y a uno de ellos le queman los genitales ante la absorta mirada de unos chiquillos que juegan a videojuegos. Durante la proyección de esa escena, algunos espectadores se marcharon de la sala y otros se taparon los ojos, incapaces de seguir contemplando. “El cine está para mostrar, no para ocultar. La violencia del narco es horrible, pero que los niños sean parte de esa violencia me parece aún más grave”, explicó el director, “quise reflejar que el fututo de México se está arruinando en ese cuarto”.

Torturas, violaciones, corrupción policial, violencia generalizada… La sensación de asfixia y pesimismo inunda al espectador, incapaz de adoptar una visión optimista ante el escenario que refleja la película. “Sé que cuesta ver más allá de la maldad y el horror. Esos actos inhumanos demuestran que algo no funciona en nuestro país. Pero a pesar de todo, los protagonistas salen adelante a través del amor, del sexo y de las ganas de hacer una nueva vida”, explica el director.

El cine mexicano más crudo

Desde el estreno hace 13 años de Amores Perros (2000), dirigida por Alejandro González Iñárritu y escrita por Guillermo Arriaga, el cine mexicano ha recobrado el prestigio internacional que tuvo durante casi medio siglo. Las nuevas producciones, encabezadas por directores como Luis Estrada, Guillermo del Toro y el mencionado Iñárritu, actores como Gael García Bernal y Demián Bichir y documentalistas como Everardo González, Lucia Gaja y Juan Carlos Rulfo atesoran premios internacionales y gozan de los elogios de la crítica y del público.

El director Amat Escalante en la Cineteca Nacional de México. / ALFREDO ESTRELLA. (AFP)
Aunque en México varias películas tocan el tema del narco, hay muy pocas que lo aborden como motivo de preocupación social. En 2011, el director Luis Estrada fue el primero que llevó al cine lo que los mexicanos veían día a día en los medios de comunicación. Su filme El Infierno, retrató mundo del narcotráfico desde el humor negro. Un año después Gerardo Naranjo abordó el tema de forma cruda e hiperrealista en Miss Bala (2012), un retrato sobre la irrupción del terror en la vida cotidiana. Heli va mucho más en la línea de esta segunda película, que huye del estereotipo del mafioso con sombrero de charro, botas de cowboy y hebillas gigantes y se adentra en la monstruosidad que todo lo abarca sin ofrecer soluciones ni esperanzas. “Mi película es un reflejo del virus de nuestra sociedad. No pretendía hacer una película social. No soy ningún analista, ni trato de dar ningún mensaje. Solo pretendo ser honesto conmigo mismo”.

A la presentación acudieron los principales protagonistas de la película, varios de los cuales no son actores profesionales. “Les encontré en la calle, porque yo busco personas interesantes en el mundo entero, no solo en el gremio de los actores”. Las anécdotas que contaron acerca del rodaje, en el tono tímido y entrecortado de quien no está acostumbrado a grandes multitudes, fueron un respiro y sirvieron de contraste con el estupor que dejó el filme en los espectadores. Juan Eduardo Palacios, el joven que interpreta al cadete torturado y asesinado, reconoció que al principio no le hizo mucha gracia el destino de su personaje pero que para su alivio, todo fueron efectos especiales. “Me dio mucha vergüenza desnudarme, pero bueno, al final lo logramos y hasta fue una experiencia divertida”, añadió provocando las risas del público y demostrando que en México ni siquiera la muerte puede con el sentido del humor.

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