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Río Doce/Culiacán, Sinaloa.- Jesús Malverde, convertido primeramente en leyenda sinaloense, robaba a los ricos y regalaba a los pobres, visto como el Robin Hood culiacanense, hoy es el santo de los narcos. El paso del tiempo ha cambiado la percepción cultural sobre este personaje. Rendirle culto, rezarle y pedirle es el contexto visto ahora natural en el que se encuentra.

El artista sinaloense, Paco Pietsch, decidió emprender un proyecto de intervención a la figura que se conoce de Malverde. Sacarlo del mundo del narcotráfico para llevarlo a un viaje por el mundo. Finalizando y presentando en las instalaciones de Cuadrante Creativo en el Parque Constitución, la exposición Out of order, out for vacations, no funciona, no workin, abierta al público a partir del lunes 29 de julio, siendo la primera de nueve piezas de este personaje sinaloense que serán intervenidas, el artista regresa a Malverde a Culiacán después de unas inigualables vacaciones en Nueva York.

“Todo mundo le va y le pide, yo no, yo me lo quise llevar de vacaciones, sacarlo del contexto al que pertenece, en el cual me lo llevé sobre un contexto culichi, pero se los estoy regresando completamente popartseado”, comentó Paco Pietsch, haciendo mención a los maestros Andy Warhol y Roy Lichtenstein, artistas pop justamente de la ciudad de Nueva York. “Intervenirlo así ya le quita absolutamente todo lo que se entiende de él”.

Ese contenido como de oscuridad que le pertenece al marco del Malverde era mi intención arrancarlo, quitarlo y devolverlo, es la misma pieza pero con otra visión simplemente, en la cual lo regreso al arte pop que es de donde proviene pero con otra perspectiva, con otros colores, con otro marco, con otra visión, con otra dimensión”.

De paseo por los hitos de Nueva York como el Museo Guggenheim, el MOMA, el Met, al Chinatown, el Strawberry Fields, memorial de Lennon en Central Park, donde curiosamente la figura de Malverde fue confundido con Clark Gable. El viaje finalmente convirtió en rubio a Malverde, americanizado por el artista.

“Esa era la intención también, a final de cuentas todos los que le van y le piden al Malverde es para ir a americanizarse, para ir a manejar el dólar, para ir a meter mercancía a los Estados Unidos. El que le va y le pide al Malverde es para americanizarse más, para tener más camionetas, para tener lujos americanos.

“Entonces es una respuesta propia del mismo Malverde convertirse en gabacho”, explica Pietsch al referirse a los textos que acompañan esta exposición donde dice, Ya no hablo español, in english only. “Yo lo pinté güero, es cuando regresa, realmente es el primer impacto cuando él regresa ya de Nueva York. Ahí en el Desierto de los Leones en México, cuando el vato vuelve güero, es la última fotografía de él”.

Intervenido una vez más al llegar a Culiacán, ya como una pieza, derramando vinil en el pilar que lo sostiene, creando el microcosmos, Paco Pietsch logra que Malverde, cargado y alimentado de colorido, se consolide como la figura pop que en realidad es. Fabricado en Taiwán, con código de barras y vendido en el mercado de Sonora por 36 dólares, el Malverde regional ha alcanzado el punto de la popularidad en que se anuncia en una página de Internet: Sinaloa style, como cualquier otra cosa, mientras se diluye dentro de la cultura pop.