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El Papa durante la celebración del Domingo de Pascua

El Papa durante la celebración del Domingo de Pascua | Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN News

Durante la Misa solemne que conmemora la Resurrección del Señor, el Papa reivindicó este Domingo de Pascua la “esperanza” y la paz de Cristo resucitado frente a las injusticias y los abusos que asolan el mundo.

La celebración eucarística en la Plaza de San Pedro comenzó, como es habitual, con el tradicional rito del “Resurrexit”.

Este rito evoca el testimonio de San Pedro ante el sepulcro vacío y la Resurrección de Cristo. Dos diáconos abrieron las puertas del icono del Santísimo Salvador, mientras un tercer diácono proclamaba ante los fieles: “El Señor ha resucitado del sepulcro, el mismo que por nosotros colgó del madero”. Después, los fieles respondieron con el triple aleluya.

A continuación, el Papa veneró el icono e incensó la imagen de Cristo, el Santísimo Salvador.

Tras las lecturas, se cantó la secuencia de Pascua y se proclamó el Evangelio, que fue entonado primero en latín y después en griego, subrayando el carácter universal del anuncio pascual.

Durante la homilía, pronunciada en italiano, el Papa aseguró que la Pascua del Señor invita a “levantar la mirada y a ensanchar el corazón”, especialmente ante “las injusticias, en los egoísmos partidistas, en la opresión de los pobres, en la escasa atención hacia los más frágiles”.

La esperanza que no desfallece

Ante las 50.000 personas que estaban presentes en la Plaza de San Pedro, según los cálculos del Vaticano, el Pontífice constató que el anuncio pascual alcanza a los hombres “hasta en los abismos de la muerte” y “abre a la esperanza que no desfallece”.

Cientos de fieles en la Plaza de San Pedro en la Misa del Domingo de Pascua. Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN News
Cientos de fieles en la Plaza de San Pedro en la Misa del Domingo de Pascua. Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN News

Sin embargo, reconoció que se trata de un mensaje que no “siempre es fácil de acoger”. Es —señaló— “una promesa que nos cuesta aceptar, porque el poder de la muerte nos amenaza siempre, dentro y fuera”.

Dentro de nosotros, explicó, “cuando el lastre de nuestros pecados nos impide alzar el vuelo; cuando las decepciones o la soledad que experimentamos agotan nuestras esperanzas”.

Esa amenaza de la muerte, explicó, también se manifiesta en la realidad de la guerra y las injusticias: “La vemos en la violencia, en las heridas del mundo, en el grito de dolor que se eleva por todas partes a causa de los abusos que aplastan a los más débiles, ante la idolatría del lucro que saquea los recursos de la tierra, ante la violencia de la guerra que mata y destruye”.

Como cada año en el Domingo de Pascua, la Plaza de San Pedro lució como una alfombra multicolor formada por miles de flores llegadas desde los Países Bajos, una tradición que este año cumplió cuatro décadas.

El Papa sale en procesión para la Misa del Domingo de Pascua. Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN News
El Papa sale en procesión para la Misa del Domingo de Pascua. Crédito: Daniel Ibañez/ EWTN News

En esta ocasión, las decoraciones incluyeron 65.000 tulipanes, narcisos y jacintos; más de 200 violetas y otros 7.800 ejemplares de distintas flores, entre ellas rosas y crisantemos. También se colocaron 600 ramas de plumosa, 80 azaleas y 600 largas ramas de sauce, además de ramas de eucalipto y diversos tipos de follaje verde.

El Papa invitó asimismo a los cristianos a ponerse en movimiento, como lo hicieron María Magdalena y los Apóstoles, para mostrar al mundo que en cada experiencia de muerte hay también espacio para “una nueva vida que surge”.

“Corramos, pues, como María Magdalena, anunciémoslo a todos; llevemos con nuestra vida la alegría de la resurrección, para que allí donde aún se cierne el espectro de la muerte, pueda resplandecer la luz de la vida”, aseveró.

Durante la homilía, León XIV citó la Evangelii Gaudium (La alegría del Evangelio), la primera exhortación apostólica de su predecesor, el Papa Francisco publicada en 2013 y considerada el documento programático de su pontificado.

La Pascua —concluyó— “es la nueva creación obrada por el Señor Resucitado, es un nuevo comienzo”. “Hoy necesitamos este canto de esperanza. Y somos nosotros, resucitados con Cristo, quienes debemos llevarlo por las calles del mundo”, exclamó finalmente.

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