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El Papa y el presidente de Guinea Ecuatorial es Teodoro Obiang Nguema Mbasogo.El Papa y el presidente de Guinea Ecuatorial es Teodoro Obiang Nguema Mbasogo. | Crédito: Marco Mancini/EWTN News

El Papa León XIV mantuvo este 21 de abril un encuentro con las autoridades, sociedad civil y cuerpo diplomático de Guinea Ecuatorial, a quienes recordó que Dios no puede “ser profanado por la voluntad de dominio” e instó a atreverse a aplicar políticas “que vayan a contracorriente, centradas en el bien común”.

Después de reunirse en privado con el presidente del país, ​​Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, el Santo Padre se trasladó en automóvil hasta la Catedral Metropolitana de Malabo. 

Devoción a Santa Isabel de Hungría

Este templo está dedicado a Santa Isabel de Hungría, una devoción que ha acompañado históricamente el desarrollo de la Iglesia en la isla de Bioko desde los tiempos de las misiones del siglo XIX. 

Comenzó a construirse en 1897, gracias especialmente a las donaciones proporcionadas por el Imperio español. El proyecto corrió a cargo del arquitecto Luis Segarra Llairadó y fue inaugurado en 1916.

El 16 de enero de 2020, esta catedral de estilo neogótico, compuesta de dos naves laterales y una central, sufrió graves daños a causa de un incendio.

Al inicio de su discurso, el Papa León XIV hizo alusión a las palabras de San Juan Pablo II durante su visita al país en 1982, cuando subrayó la responsabilidad del presidente del país en la promoción de los derechos humanos.

Cabe destacar que Nguema es el líder africano con más tiempo en el poder e incluso el primero a nivel mundial entre los jefes de Estado de países no monárquicos. Durante su mandato, se han denunciado repetidamente graves abusos a los derechos humanos.

Confirmar en la fe y consolar al pueblo

León XIV expresó a continuación el propósito de su visita a Guinea Ecuatorial: “Confirmar en la fe y consolar al pueblo de este país en rápida transformación”.

Al recordar el proyecto de trasladar la capital desde Malabo a la nueva Ciudad de la Paz, cuya construcción se inició en 2008 en una zona casi completamente cubierta por la selva ecuatorial virgen, el Santo Padre explicó que San Agustín “leía los acontecimientos y la historia según el modelo de dos ciudades”, la de Dios que es eterna, y la terrena. En ese sentido, expresó su deseo de que la decisión de levantar la nueva capital “haga reflexionar a cada conciencia sobre cuál es la ciudad a la que quiere servir”. 

Profundizando en las enseñanzas de San Agustín, el Papa recordó que el santo consideraba que los cristianos “están llamados por Dios a habitar en la ciudad terrena, pero con el corazón y la mente dirigidos hacia la ciudad celestial, su verdadera patria”. 

Bajo esta premisa, subrayó que “todo ser humano puede apreciar la ancestral conciencia de que la vida en la tierra es sólo un paso”. 

El catolicismo es la religión mayoritaria en Guinea Ecuatorial, introducida durante la colonización española. No obstante, en las últimas décadas también han crecido diversas iglesias protestantes.

En este contexto, el Santo Padre recordó que la misión de la Iglesia Católica es “contribuir a la formación de las conciencias mediante el anuncio del Evangelio y la propuesta de criterios morales y principios éticos auténticos, respetando la libertad de cada persona y la autonomía de los pueblos y sus gobiernos”. 

“El objetivo de la doctrina social —continuó— es educar para afrontar los problemas, que siempre son diferentes, ya que cada generación es nueva, con nuevos retos, nuevos sueños y nuevos interrogantes.

Nuevas tecnologías con fines bélicos

A continuación, León XIV subrayó que actualmente “nos enfrentamos a cuestiones que sacuden los cimientos de la experiencia humana” los cuales, a su juicio, llevan a la exclusión e injusticia social.

“Cuando hablamos de exclusión —precisó— también nos encontramos ante una paradoja. La falta de tierra, alimentos, vivienda y trabajo digno coexiste con el acceso a las nuevas tecnologías que se difunden por todas partes a través de los mercados globalizados”. 

Ante a este panorama, instó a las autoridades civiles a eliminar los obstáculos al desarrollo humano integral, “cuyos principios fundamentales son la destinación universal de los bienes y la solidaridad”.

Además, indicó que “la rapidísima evolución tecnológica a la que asistimos ha acelerado una especulación conectada a la necesidad de materias primas, que parece hacer olvidar necesidades fundamentales como la salvaguardia de la creación, los derechos de las comunidades locales, la dignidad del trabajo y la protección de la salud pública”.

También afirmó que uno de los principales motivos de la proliferación de los conflictos armados se debe a la colonización de yacimientos petrolíferos y mineros, “sin tener en cuenta el derecho internacional ni el derecho de los pueblos a la autodeterminación”.

“Las mismas nuevas tecnologías parecen concebidas y utilizadas principalmente con fines bélicos y en contextos que no permiten vislumbrar un aumento de oportunidades para todos”, denunció. 

El nombre de Dios “no puede ser profanado por la voluntad de dominio”

Además, señaló la necesidad de un cambio de rumbo en la responsabilidad política, ya que sin respeto por las instituciones y los acuerdos internacionales, “el destino de la humanidad corre el riesgo de verse trágicamente comprometido”. 

“Dios no quiere esto. Su Santo Nombre no puede ser profanado por la voluntad de dominio, la prepotencia y la discriminación; sobre todo, nunca debe ser invocado para justificar decisiones y acciones que causan la muerte”, aseveró. 

Por ello, invitó al país a revisar sus propias trayectorias de desarrollo y las oportunidades positivas, para situarse “en la escena internacional al servicio del derecho y la justicia”.

Por último, León XIV afirmó que pueden encontrar la ayuda necesaria en la Iglesia “para formar conciencias libres y responsables” y para avanzar juntos hacia el futuro. 

“En un mundo herido por la prepotencia, los pueblos tienen hambre y sed de justicia. Hay que valorar a quienes creen en la paz, y atreverse a aplicar políticas que vayan a contracorriente, centradas en el bien común”, dijo a continuación. 

A modo de conclusión, el Papa León XIV subrayó que se necesita urgentemente “el valor de nuevas visiones y de un pacto educativo que dé a los jóvenes espacio y confianza”.

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