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Foto:NTR.

Por: Cuauhtémoc | Investigación Especial para Objetivo7

En la narrativa oficial de Jalisco, hay expedientes que se cierran no porque se haya hecho justicia, sino porque el crimen organizado ya dictó la sentencia. El caso de la masacre de Jauja es el monumento a la impunidad pactada: donde la Fiscalía no investigó, el Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) “resolvió”, y un jefe policial sirvió de puente.

El Escenario: La Masacre de los Inocentes

Fue el 27 de febrero de 2021. Once trabajadores de la construcción —hombres que esperaban su pago afuera de un domicilio en la colonia Jauja, Tonalá— fueron acribillados con armas de grueso calibre. No había nexos con el narco, no había cuentas pendientes. Fue, como se dice en el bajo mundo, “por gusto” o por una confusión sangrienta de un jefe de plaza fuera de control.

El Personaje: López Ruelas y el “Entrego”

La investigación apunta a que el autor de la masacre fue un mando medio del CJNG que operaba en la zona. Ante la presión mediática y el calor político que generó el asesinato de 11 civiles, la orden vino de arriba: Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, no permitiría que un “loco” le calentara la plaza de esa manera.

López Ruelas había sido director de la Policía de Ocotlán donde no pasó los exámenes de cconfianza y en Tonalá donde fue denunciado por acoso sexual.

Es aquí donde entra la figura del “Recadero”. Según fuentes periodísticas y reportes de inteligencia que quedaron en la sombra:

  • El Cártel cazó al responsable de la matanza.
  • En un acto de “cortesía” criminal, el sujeto fue ejecutado y su cuerpo entregado a mandos de la Policía de Tlaquepaque, específicamente vinculando a figuras cercanas a la dirección de la corporación en ese entonces.
  • El mensaje era claro: “Aquí está el culpable, cierren el caso y dejen de buscar”.

La Fiscalía: El Sello de la Infamia

Lo más grave no fue el asesinato del sicario, sino la reacción de la Fiscalía del Estado de Jalisco. En lugar de profundizar en la estructura que permitió la masacre, la dependencia tomó la “investigación” del cártel como válida.

Al aparecer el cuerpo del presunto culpable con un mensaje que lo vinculaba a Jauja, la Fiscalía dio carpetazo. Validaron la “limpia” del CJNG como una resolución judicial. López Ruelas no fue solo un mensajero de sangre; fue el facilitador de que la justicia institucional se arrodillara ante la justicia del narco.


En 2021 la policía de Tlaquepaque estuvo bajo la lupa y fue intervenida en varias ocasiones por sospechas de infiltración total. El caso de los 11 albañiles sigue siendo una herida abierta en Tonalá porque, aunque hubo un “muerto” señalado, nunca hubo una verdadera reparación para las familias.

En los tiempos de López Ruelas las tiendas de droga se multiplicaron y hasta antros, bares, burdeles y restaurantes eran tiendas de droga con la complacencia policíaca quienes se dedicaban a quitar cédulas de búsqueda de desaparecidos de los fantasmas y de las paredes en la zona turística y donde se ven camionetas con letras del CJNG vigilando el cierre de la zona turística.

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