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Prohibición que fortalece al crimen

Negocio que el gobierno mexicano le regaló al narco

La negativa del Estado mexicano a regular la marihuana consolidó al narco como proveedor único de un mercado que ya es legal en EEUU.

México entrega el negocio de la marihuana al narco.

Donde otros países vieron una oportunidad de control y recaudación, México mantuvo un esquema que beneficia al narco.

Por Hazael Sayavedra

En febrero del 26, Estados Unidos ya no es el patio trasero del narco. Marihuana recreativa legal en veinticuatro estados, más Washington D.C.; medicinal, en treinta y ocho estados (Wikipedia). El mercado factura 158 mil millones de dólares anuales, recauda 34 mil millones en impuestos y genera 600 mil empleos directos, según el reporte de MJBizDaily (2025). La frontera se secó: las incautaciones de marihuana mexicana bajaron 93 por ciento desde 2018 —de 2 millones de libras a menos de 150 mil, según la DEA—. Ese mazazo le costó al narco mexicano entre 1500 y 2 000 millones de dólares al año solo en exportación: plata que antes compraba AK-47, camionetas blindadas y mordidas.

México sigue regalando el negocio. Calderón declaró la guerra al narco en 2006, y la marihuana fue el pretexto perfecto para meter militares a las calles. Diez años después, Andrés Manuel López Obrador prometió en campaña: “Legalizarla para quitarle el negocio al crimen”. En 2020 presentó un proyecto: cultivo personal de hasta 6 plantas, venta regulada, impuestos. El Congreso lo archivó. En 2022, la Suprema Corte dijo: prohibir el uso personal es inconstitucional. En febrero del 26 quitó el límite automático de 5 gramos —si es personal, no te criminalizan—. Pero sin ley federal: cultivo, venta, semillas; todo ilegal o un infierno burocrático. COFEPRIS da permisos médicos, pero recreativo: trámites de $10 000 pesos mínimo, meses de espera; imposible para el mexicano de a pie.

Los consumidores van con el narco. Compran “prensada” o “premium” en la esquina: cogollos de THC alto, genéticas importadas, pero a $500 pesos el gramo y con riesgo. Decomisos de 2025 muestran trazas de fentanilo en paquetes de “exótica” (Fiscalía General de la República). No es masivo, pero suficiente para enganchar sin saberlo. La policía, aunque la Corte dice “no delito”, te para, te quita la bolsita y te saca $1 000 o $2 000 pesos para no ir a la comandancia. En CDMX, Guerrero y Sinaloa —quejas constantes en 2025—. Extorsión que el narco alimenta: sin mercado legal, no hay opción. El cártel dicta calidad, precio y seguridad.

INTERPOL y la DEA lo ven: el mercado negro interno mueve de 6 000 a 9 000 millones de dólares anuales en cannabis ilegal, de acuerdo con el World Drug Report 2025, de la ONU. Mientras EEUU recauda y regula —quitándole al narco su fuente—, México pierde 10 000 millones posibles en impuestos y gana muertos: violencia en la sierra por cultivos, extorsión a campesinos, rutas que ahora llevan fentanilo al norte; 78% de las sobredosis en EEUU. (CDC, 2025).

En seguridad nacional no es moral: es una estrategia fallida. Calderón lo militarizó, Obrador lo prometió y lo dejó morir. No legalizar no protege: le regala al narco un negocio eterno, rutas letales y poder real.

¿Por qué siempre las leyes persecutorias llegan rápido? En  Los Ángeles multan por hablar por teléfono al volante, y México la copia en semanas como medida recaudatoria. Pero legalizar la marihuana para ayudar al ciudadano y joder al narco: eso se demora años. En Estados Unidos lo hicieron para proteger a su gente; aquí lo tropicalizamos al revés: perjudicamos al mexicano y regalamos el negocio que los estadounidenses ya hicieron suyo. México se lo sigue perpetuando al narco.

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