Quinientos días y quinientas noches

Altares y sótanos/Ismael Bojórquez/Ríodoce.- La primera condición que exige la solución de un problema es su reconocimiento. Este es el problema, existe y hay que resolverlo, ¿cómo? Hay que ver las opciones. Negar el problema es prolongar su existencia. Esto aplica en general, pero sobre todo para la política donde a los problemas, casi como regla, se les echa tierra: no hay pobreza, no hay corrupción, todos los niños han sido vacunados, está bajando la violencia, se abaten los feminicidios, no hay extorsión… Y así, nuestros políticos son unos verdaderos artistas de la simulación.
Llevamos 17 meses de guerra, de miles de muertos, con miles de desaparecidos, de mujeres y niños asesinados, de éxodos, de quiebras empresariales, de luto, de llanto, de impotencia… y el gobierno maneja el mismo discurso: estamos trabajando, estamos recuperando vehículos robados, ha bajado el índice de homicidios, hay coordinación de los tres niveles de gobierno… Sí, hay mucha coordinación, de eso no tenemos duda, pero el resultado, a la vuelta de quinientos días y quinientas noches, es que la población de Sinaloa sigue atrapada en medio de una guerra que parece no tener fin, con saldos dramáticos, inenarrables, como el crimen vil del niño Ricardo Mizael la semana pasada en Culiacán, un muchacho inocente; o como el asesinato de una decena de mineros en Concordia sin que hasta ahora nadie, ni el gobernador, ni el secretario nacional de seguridad, ni la misma presidenta de la república, nos puedan explicar el motivo. Todos hechos bola con el tema, sus respuestas terminan confundiendo todavía más, causando mayor pesadumbre y dolor en la población.
Que bueno que la presidenta Claudia Sheinbaum le corrigió la plana a Omar García Harfuch al decir que no está descartada la extorsión en el caso de los mineros, que las líneas de investigación de la FGR están abiertas. Porque el delito de extorsión contra las minas en los altos de Sinaloa es un hecho incontrovertible; que el tema no sea parte de la mesa de seguridad, como dijo el gobernador, Rubén Rocha, no significa que no exista, y en todo caso habla de la ausencia del gobierno y de la impunidad con que operan los grupos criminales. Y todos, no hablo de uno solo; todos los grupos donde controlan el territorio cobran piso a las compañías mineras porque es muy fácil hacerlo y las empresas no tienen muchas opciones, aparte de que no representan pérdidas cuantiosas comparadas con las ganancias que extraen de las minas, como históricamente ha sido.
El tema aquí es que la comisión de estos delitos ocurre en territorios controlados por el narco y la presencia del gobierno federal —a través de la SEDENA, sobre todo— es meramente simbólica y muchas veces hasta cómplice porque basta con que se arreglen con el jefe de la guarnición para que se hagan de la vista gorda y todo el mundo viva feliz, los jefes militares, los narcos y las compañías mineras… hasta que la “normalidad” se trastoca por alguna razón —en este caso el motivo es la guerra— y ocurre una desgracia como la que estamos viendo con los mineros.
Lo que hemos padecido en las últimas dos semanas son crímenes de altísimo impacto por la calidad de las víctimas, gente inocente que es confundida por los sicarios, como es el caso del niño en Culiacán, y los mineros en Concordia, cuya explicación todavía nos debe el gobierno. No se ha informado nada sobre los cinco hombres que fueron levantados en Ahome y luego asesinados con saña y cuyos cuerpos fueron abandonados arriba de una camioneta por la carretera costera. Tampoco de los cuatro jóvenes turistas desaparecidos en Mazatlán.
Y como los hechos ocurren todos los días, los sinaloenses están pendientes de qué pasó hoy y pensando con el Jesús en la boca que pasará mañana. Y rogando porque una bala perdida no les pase rozando la cabeza. Así está viviendo Culiacán, así la gente de Sinaloa, atrapada en una guerra por la que ya, aquí sí, sin deberla ni temerla, ha pagado un precio desmesurado.
Bola y cadena
DESPUÉS DE 17 MESES EL GOBIERNO debe dar una explicación; es evidente que su estrategia ha fallado, está fallando. Pueden esgrimir números y con eso creerán salvada la condena. Pero esto no es un asunto de métricas, sino de hechos que nos arrastran al llanto y a la desesperación, a la impotencia, a la quiebra. Si habláramos de percepciones, nadie dudaría en decir que estamos como hace quinientos días. O peor.
Sentido contrario
SI HICIÉRAMOS UN BALANCE DE las características que debe tener un gobierno de izquierda, la Cuarta Transformación no saldría bien librada. La izquierda es democrática o no lo es, la izquierda es transparente o no lo es, la izquierda gobierna con honestidad o no lo es, la izquierda es igualitaria o no lo es. Pero hay tópicos que no se le pueden regatear a los gobiernos de esta “izquierda” tan peculiar que tenemos; uno de ellos es el de la justicia social. El incremento de los salarios mínimos en los últimos siete años es loable. Y lo que ahora están haciendo las cámaras para instaurar jornadas de 40 horas a la semana, tiene que ver con ese perfil que debe tener una izquierda auténtica.
Humo negro
LAS ELECCIONES SINDICALES EN el STASAC han transcurrido en paz a pesar de los temores que se generaron a partir del ataque a los diputados de Movimiento Ciudadano, Sergio Torres y Elizabeth Montoya. Y de que el recinto sindical amaneció con pintas amenazantes en su fachada. Dos de los aspirantes se retiraron de la contienda después de recibir amenazas, aunque ellos nunca lo aceptaron. Con todo, ha sido una victoria muy respetable de los trabajadores del ayuntamiento, una lección de sindicalismo y de vida gremial.
Artículo publicado el 15 de febrero de 2026 en la edición 1203 del semanario Ríodoce.
