Abuso sexual de clérigos
Berríos y Rupnik, las vidas paralelas de sacerdotes depredadores
Tanto Berríos como Rupnik fueron, en algún momento de sus vidas, sacerdotes jesuitas. Ambos tienen acusaciones creíbles de abuso sexual contra mujeres.


La Compañía de Jesús, los así llamados jesuitas, expulsaron por separado a Berríos y Rupnik, al reconocer el daño infligido por ambos a sus víctimas.
Sin embargo, Berríos y Rupnik son sacerdotes porque el Dicasterio para la Doctrina de la Fe sigue atado a reglas diseñadas para proteger a depredadores y clérigos en general.
Rodolfo Soriano-Núñez/Los Ángeles Press
El lunes 9 de febrero, un grupo de tres sobrevivientes de abusos a manos del sacerdote exjesuita chileno Felipe Berríos del Solar publicó, en nombre de un grupo más grande, una desgarradora carta abierta.
La carta, disponible en español más abajo, es un relato doloroso y detallado del destino que enfrentan hasta ahora muchos sobrevivientes de abusos sexuales por parte del clero en Chile, América Latina y el mundo.
Su historia es similar a otras que surgen en lugares de Estados Unidos estos días, con detalles sobre cómo Jeffrey Epstein, sus cómplices, socios en el crimen y quienes aún los protegen, logran minimizar el daño que, todavía ahora, infligen a sus víctimas. Paradójicamente, lo hacen mientras intentan convertirse en víctimas de lo que presentan como planes para dañar su reputación.
Se trata de la llamada estrategia DARVO, acrónimo en inglés de Denial, Attack, Reverse Victim and Offend o Negar, Atacar, Invertir la condición de Víctima y Agredir. Primero, el agresor niega la ocurrencia del ataque y, casi de inmediato, ataca a quien lo acusa o habla de las acusaciones formuladas en su contra; después, invierte la estrategia de victimización, presentándose como la verdadera víctima, para finalmente agredir de alguna manera y cuestionar la credibilidad de quien formula las acusaciones.
Recientemente, se vio a Pam Bondi, la Fiscal de Estados Unidos, emplear técnicas similares a las de DARVO durante una audiencia en el Congreso el 11 de febrero para evitar reconocer los numerosos errores cometidos por sus equipos al publicar los llamados archivos Epstein.
Lo hizo mientras se negaba a disculparse con las víctimas, algunas de las cuales estaban presentes, en la Cámara de Representantes de Estados Unidos. Lejos de disculparse o al menos reconocer alguna irregularidad, Bondi se presentó a sí misma, y de manera más prominente a Donald Trump, un personaje clave en dichos archivos, como víctimas de ataques de “los medios de comunicación”.
Bondi hizo lo más que pudo para invertir la condición de su jefe y la suya propia para presentarse como víctimas de los medios al reprochar a gritos que no estén dispuestos a reconocer la “gran economía” que la administración Trump afirma construir ahora, como si hubiera algún vínculo entre el desempeño de la economía y el aún incierto destino de muchas de las víctimas de Epstein y sus cómplices.
En la carta de las víctimas chilenas, como en otras declaraciones de sobrevivientes de abuso, sexual o de otro tipo, se encuentran indicios de cómo su depredador, Berríos del Solar, imita la estrategia de DARVO.
Se esfuerza por presentarse como víctima de lo que, en la jerga del movimiento de Trump, MAGA, serían “falsas víctimas”, que, según el relato de Felipe Berríos, en realidad intentan destruirlo.
Sin embargo, como subrayan las víctimas en varias líneas de su carta, mientras que Berríos del Solar tiene un acceso relativamente fácil a los medios tradicionales, muy dispuestos a abrirle los micrófonos y a amplificar sus críticas inspiradas en DARVO, a las víctimas les resulta difícil acceder a los medios.
En cierto momento, las sobrevivientes chilenas enfatizan cómo los medios chilenos están más que dispuestos a amplificar la imagen que Berríos hace de ellos como “personas dañadas y débiles”, al tiempo que insinúa que actúan por despecho y no por agravios reales. La carta completa se publica después de este párrafo, en formato PDF.
https://docs.google.com/gview?url=https://losangelespress.org/core/lapress/assets/pdfs/2026/02/14/carta-denunciantes-f-berrios-lqv2N5Sas.pdf&embedded=true
Carta de las víctimas chilenas. original en español.
Sin embargo, ni Bondi ni Berríos reconocerían jamás cómo utilizan ambas nociones como excusa para desestimar las preocupaciones y acusaciones legítimas de los sobrevivientes de abusos a manos de Epstein y Berríos mismo.
Esto es aún más preocupante para las sobrevivientes de Berríos, ya que la única razón por la que él está libre es porque los delitos han prescrito. No porque exista duda alguna de que agredió a menores bajo su cuidado pastoral mientras ya era sacerdote en los años noventa y principios del milenio, como narra el texto enlazado luego de este párrafo hace unos meses.
Lo que ocurre con Berríos es más preocupante porque hay otros casos en que las autoridades civiles de países latinoamericanos deciden seguir la ruta más tradicional y segura de reconocer la prescripción de los delitos y sus consecuencias.
En el texto enlazado arriba, hay referencias a casos similares en tribunales argentinos, donde el plazo de prescripción es la única razón por la cual los sacerdotes depredadores son libres de ir a parroquias católicas, a pesar del riesgo que supone para una grey cada vez menor, como lo narró hace unas semanas el texto enlazado luego de este párrafo con datos del Pew Research Center.
Aunque la cuestión clave es el abuso sexual en sí, de adultos o menores, varones y mujeres por igual, un problema central también es el de la parálisis institucional que se observa en toda América Latina cuando se aborda este problema.
La parálisis afecta tanto a las autoridades civiles como a la jerarquía católica en cada país. Si en California y Nueva York, en los Estados Unidos, las autoridades locales encontraron formas de eludir la prescripción y la falta de voluntad de las autoridades federales para intervenir. En lugar de desestimar el dolor de las víctimas o atacar a las instituciones religiosas como tales, los gobiernos estatales de California y Nueva York estuvieron dispuestos a encontrar una solución.
Algo similar han hecho los obispos católicos franceses y alemanes. En lugar de dar por sentada la trampa de seguridad que ofrece la prescripción o leyes similares, en Francia han creado un mecanismo para tratar el asunto, mientras que en Alemania cada diócesis está construyendo algo similar.
No hay ni una sola pista de una solución similar en ningún lugar desde México hasta Argentina o Chile. Todo lo contrario.
Un resurgimiento creíble
En Francia es posible incluso encontrar noticias creíbles sobre un pequeño pero notable resurgimiento del catolicismo tras la publicación del Informe Sauvé, según informó La Croix (contenido en francés) y otros medios católicos allí. Tal “milagro” es posible sólo porque los obispos franceses han estado dispuestos a reconocer sus errores.
La cifra de diez mil adultos franceses que decidieron convertirse en católicos es creíble porque ha habido un debate abierto sobre el tema, los obispos estuvieron dispuestos a encargar el Informe Sauvé y, aunque a veces parecen tratar de evitar las consecuencias, han reconocido sus errores. Además, están dispuestos a vender propiedades diocesanas o a obligar a las órdenes religiosas que operan en sus diócesis a vender sus propios bienes inmuebles para proporcionar una medida de justicia a las víctimas.

También, a diferencia de lo que solía ser la habitual “conspiración del silencio”, hoy en día los obispos franceses están dispuestos, con la aprobación de Roma, a repudiar a sus colegas, como en el caso de Jean-Paul Gabriel Émile Gusching, el ahora obispo emérito de Verdún, quien tras ser forzado a dejar su cargo, intentó aferrarse a la vieja práctica católica de negar cualquier error de su parte, como lo narro el texto vinculado después de este párrafo en 2025, al comparar dos casos similares, el suyo de Francia y otro de Perú.

Basta con prestar atención a lo que ha sucedido durante el último año con las víctimas del colegio católico de Nuestra Señora de Bétharram en el sur de Francia para ver cómo, aunque persisten problemas en el catolicismo francés, como en el caso de la Comunidad del Emmanuel (ver el texto después de este párrafo) o más recientemente con la llamada Alianza de los Corazones Unidos (contenido en francés), un grupo que ha sido desde la última década blanco de acusaciones de prácticas y actitudes sectarias, hay evidencia de intentos de abordar los problemas.
Estas prácticas sectarias son peligrosas porque, en muchos casos, aunque los fundadores o líderes de un movimiento u orden no tratan de promover el abuso sexual como tal, el tipo de actitudes asociadas habitualmente con las prácticas sectarias son un caldo de cultivo perfecto para el abuso, sexual o de otro tipo.
La razón se puede entender fácilmente si se reconoce la complejidad de la práctica religiosa: muchos nuevos movimientos u órdenes enfatizan una idea de obediencia presentada como “perfecta” o absoluta que, en última instancia, es una obediencia ciega que facilita la “captura” de víctimas desprevenidas.
Al hacerlo, estos nuevos movimientos facilitan el uso de cierto nivel de violencia, aunque sólo sea simbólica, para lograr tal perfección. La violencia no siempre implica una violación o golpear el rostro de una persona. Con frecuencia se disfraza como abandono a la voluntad de Dios, como una forma de legitimarla.
Y es cierto, la disposición de los obispos franceses a ejercer su influencia para abordar las necesidades de las víctimas francesas no resuelve todos los problemas. En un mundo perfecto, los obispos franceses usarían su influencia para obligar a las órdenes con sede en Francia, pero cuyas víctimas no son franceses, a abordar sus necesidades dondequiera que las víctimas vivan. Eso no sucede, al menos no todavía.
Quietismo latinoamericano
El hecho permanece, sin embargo. Mientras que en Francia “algo sucede”, aunque sea limitado, es imposible encontrar señales similares de que algo ocurra en América Latina. Independientemente de la relación Iglesia-Estado, desde el diseño supuestamente “laico” mexicano, hasta los Estado confesionales en la República Dominicana, Panamá o Perú, nada sucede al sur del Río Bravo.
Lejos de poner fin a la miseria de las víctimas, sus familiares y amigos, y para evitar el riesgo de más escándalos mediáticos, los obispos católicos en América Latina, Europa del Este y otras regiones están más que dispuestos a seguir el entendimiento más farisaico de la ley civil y eclesiástica, para evitar reconocer los abusos y cualquier responsabilidad por lo que hicieron sacerdotes como Berríos del Solar.
Si uno vuelve a comparar a Francia y Perú, mientras que los obispos franceses y la nunciatura en Francia estuvieron dispuestos a reconocer la mala conducta del obispo Gusching al dejar en claro por qué se le removió del cargo, nada remotamente similar sucede en Lima. No es que el pueblo peruano espere la información. Pero ellos, como muchos católicos en América Latina, sí esperan algo similar a lo hecho por los obispos y el nuncio apostólico en Francia: un escarmiento, el reconocimiento de los errores.
Ya sea que uno vaya en Lima al edificio de la avenida Salaverry, donde se encuentra la nunciatura en Perú, o si uno va a la avenida Estados Unidos, a la sede de la Conferencia Episcopal Peruana, apenas separados por poco más de 800 metros, nadie reconoce lo que hizo Ciro Quispe López, el ahora prelado emérito de Juli en su antigua diócesis.

En lugar de apostar por la transparencia y la honestidad, los obispos peruanos apuestan su menguante capital social a la propuesta perdedora de que su rebaño es lo suficientemente tonto como para no prestar atención a las razones detrás de la silenciosa “renuncia” de Quispe López.
En su caso, la única “ventaja” para la jerarquía católica es que las víctimas, más de diez, eran todas mujeres adultas, por lo que las posibilidades del escándalo asociado con las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo y, más aún, del abuso de víctimas menores son, hasta ahora, cercanas a cero; pero eso no resuelve el problema de la opacidad con la que abordan el tema, como quien esconde el polvo bajo una alfombra metafórica.
Con toda probabilidad, los monseñores del edificio de la avenida Estados Unidos, una de las zonas más bonitas de Lima, nunca reconocerán cómo su silencio sobre la destitución de Quispe López es otra variación de la interpretación legalista y farisea del abuso sexual a manos de clérigos.
En esta ocasión, no tratarán con víctimas menores de edad. En esos casos, tienen que lidiar con un fingimiento que sólo es posible cuando la jerarquía católica está dispuesta y es capaz de entrar en oscuros acuerdos con las élites políticas locales, lo suficientemente corruptas como para aceptar tales transacciones, a pesar de los efectos negativos para la Iglesia Católica y la sociedad en general.
Eso es lo que transpira en muchas líneas y párrafos completos de la carta de las sobrevivientes chilenas: la constatación de que la iglesia en que crecieron, los traiciona. Y de nuevo, con Berríos del Solar es imposible culpar a la revolución sexual de los sesenta, a la modernidad o al “lobby gay”. Berríos del Solar, al igual que Marko Rupnik y muchos otros sacerdotes depredadores, atacaron a mujeres.
No es que la pedofilia o la efebofilia, el abuso de varones adolescentes, no sean reales. Hay casos documentados, pero el punto no es si la víctima era un niño que asistía a una escuela católica solo para varones o una mujer adulta devota que ayudaba en su parroquia. El hecho es que, ya sea adulto o menor, hay víctimas de abuso sexual y la Iglesia, en Chile y en otros lugares de América Latina, hace todo lo posible para evitar su responsabilidad en el asunto.
El salón de la infamia
Y a pesar del “tema” recurrente que se encuentra en muchos grupos de redes sociales asociados a parroquias, diócesis, órdenes religiosas y sus movimientos adyacentes, no es sólo un caso aislado. En Chile es posible contar, entre los depredadores más infames, a personajes como Fernando Karadima, Cristián Precht Bañados, Renato Poblete, John O’Reilly y Francisco José Cox Huneeus.
En ese aspecto, no es difícil entender por qué Chile se ha convertido en el epítome mismo de lo que sucede cuando tanto la Iglesia Católica como el sistema político descuidan sus deberes hacia sus fieles y ciudadanos.
Incluso si es imposible encontrar la proverbial “pistola humeante” que demuestre más allá de toda duda razonable que el abuso sexual y el vaciamiento de las bancas de la Iglesia Católica chilena están conectados, esa ha sido una hipótesis de trabajo de varias entregas de esta serie que revisa las especificidades del abuso sexual clerical en América Latina y la Iglesia Católica en general.
No es por capricho, rencor o como subproducto de algún interés oscuro. Es la consecuencia de prestar la mayor atención posible a lo que ha sucedido en Chile y en otros países de América Latina durante los últimos 30 años aproximadamente en el contexto de la crisis de los abusos sexuales del clero.
Si uno presta más atención al caso chileno, sólo necesita fijarse en algunos de los depredadores ahora famosos allí, una especie de “equipo” del “salón de la infamia”, para darse cuenta de ello. Karadima era culpable; sólo él estaba todavía dispuesto a creer la mentira de su inocencia o, al menos, de ser absuelto porque uno de sus colegas sacerdotes depredadores lo absolvía de sus pecados.
El problema es que la justicia chilena encontró una salida fácil al usar la prescripción de sus muchos crímenes, mientras Benedicto XVI estaba obsesionado con la idea de convertir a Karadima en el arquetipo de la “amenaza rosa”, el peligroso homosexual que se cuela al sacerdocio, una forma de insistir en que el motor de la crisis global de abuso sexual no son las contradicciones teológicas en el sacerdocio católico o la ausencia absoluta de rendición de cuentas para los depredadores y los obispos que hicieron posibles sus carreras.
Pero la ridícula acusación de Benedicto XVI contra las personas LGTBQ no significó nada cuando se conocieron los detalles de lo que O’Reilly hacía a niñas menores de edad en las escuelas de la Legión de Cristo para los “nuevos ricos” chilenos en los suburbios de Santiago de Chile.
La justicia chilena estuvo dispuesta a pasar por la liturgia de un juicio, sólo para dictar una sentencia de tipo “tirón de orejas”: cuatro años y un día, como narró en su momento el servicio en español de la BBC o como se puede ver en la sentencia completa. El Congreso chileno llegó incluso a despojarlo de la nacionalidad y luego lo envió de regreso a su Irlanda natal.
Con Precht Bañados el problema no fue solo conocer los muchos casos que finalmente obligaron a Roma a dimitirlo del estado clerical. Hubo el drama añadido de presenciar la caída de un personaje que solía ser considerado un paladín de la defensa de los Derechos Humanos durante el régimen militar de Pinochet.
Y con Cox Huneeus, aunque hubo poco o ningún reconocimiento real de la magnitud de lo que hizo como arzobispo y pariente cercano de otra figura importante del episcopado chileno, se puede estar seguro de que Juan Pablo II habría tenido que conocer crímenes reales de gran magnitud para forzar la de “dimisión silenciosa” en 1997 y enviarlo a Alemania donde, muchos años después, finalmente sería laicizado.

Renato Poblete fue capaz de ocultar sus muchos abusos y tuvo la suerte de morir en 2010, antes de que su propio mito se derrumbara, convirtiendo su erudición en teología y ciencias sociales en un mal chiste del que es difícil imaginar que haya una recuperación futura.
Lo que en los setenta y ochenta solían ser las palabras de un importante académico latinoamericano que era también un sacerdote jesuita, son ahora un recordatorio doloroso de lo capaces que son los clérigos católicos para compartimentar sus vidas:
Sólo en lo que respecta a Poblete, hay al menos 22 casos documentados de mujeres de las que abusó en diferentes momentos de su carrera. El texto vinculado antes de este párrafo ofrece un relato más detallado de su caso. Un resumen del informe sobre el perfil de Poblete como depredador sexual está disponible en el recuadro después de este párrafo.
https://docs.google.com/gview?url=https://losangelespress.org/core/lapress/assets/pdfs/2026/02/14/poblete-full-2019-47Iz5RTLk.pdf&embedded=true
Reporte Poblete.
En ese sentido, Berríos del Solar ha sido el resumen viviente de las muchas contradicciones que configuran el catolicismo chileno y latinoamericano. Durante todo el tiempo que pudo, interpretó el papel de potencial sucesor de los legados de Poblete y de Alberto Hurtado. Hurtado ha sido objeto de amplias referencias en entregas anteriores de esta serie, como la vinculada después de este párrafo:
Lo que surge de este recuento parcial de algunos de los personajes principales de la tragedia que es el catolicismo chileno y latinoamericano en este momento es una cosa clara: al igual que sucede con las víctimas de Jeffrey Epstein en los Estados Unidos en estos días, las víctimas de Berríos son revictimizadas a diario.
Sucede porque tanto Epstein como Berríos y todos los clérigos católicos depredadores antes mencionados han podido desempeñar sus papeles con muchas ventajas, con acceso a medios muy dispuestos a amplificar sus voces, sus enfoques sobre lo que hicieron, mientras que a las víctimas se les niega en su mayor parte el acceso a plataformas similares y, al mismo tiempo, tienen que litigar sus casos desde la incómoda posición de ser relativamente anónimas.
La misma asimetría que creó víctimas potenciales y reales las mantiene en esa posición muchos años después porque existen estructuras, tanto en las iglesias, católicas o no, como en el sistema político, que se perpetúan a sí mismas para mantener a las víctimas como tales.
Los datos chilenos
No debería sorprender la magnitud de lo que reportan los datos sobre identidad y práctica religiosa en Chile. En las últimas semanas, Los Ángeles Press ha proporcionado pruebas, tantas como las hay a escala de América Latina, de cómo el viejo monolito católico en la región se ha resquebrajado, con poca o ninguna expectativa de una recuperación importante de la confianza en la institución y, en última instancia, de la asistencia y la membresía a la misma.
Los textos vinculados antes y después de este párrafo han proporcionado la mayor parte de la información disponible de la serie de Latinobarómetro (ver unos párrafos arriba) y del Pew Research Center (ver abajo):
La conjetura informada sobre la razón subyacente del éxodo masivo que ambas series describen en sus números es que, aunque sea imposible demostrar que el abuso sexual del clero es el principal contribuyente al tipo de comportamiento observado en ambas series, es posible afirmar que la persistencia de la crisis de los abusos no ayuda a mejorar la percepción de cómo la Iglesia Católica trata el asunto y cómo pretende influir en otros ámbitos de la vida pública.
Evidencia más específica de encuestas de Chile muestran una realidad mixta donde, aunque hay cierta recuperación de la confianza en la Iglesia Católica, ocurre a paso de tortuga. Ha ido del nueve en 2021 al 17 por ciento en 2025, como se puede apreciar en la gráfica que aparece después de este párrafo, tomada de la serie de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Otras encuestadoras en Chile ofrecen una lectura más generosa de la confianza en la Iglesia Católica; CADEM-Plaza Pública, la más notable, sitúa a la Iglesia Católica en un tránsito que en la última década va de un mínimo de 26 en 2015 a un máximo de 40 por ciento de confianza en 2024. ¿Es eso suficiente? Quizás para evitar una actitud más pugnaz contra la institución, pero no lo suficiente para volver a llenar las bancas o para confiar en la Iglesia Católica en otros temas, como lo prueban los datos del Pew Research Center considerados hace un par de semanas.
Cabe notar que, aunque existe una disposición de algún modo natural a ver ese cambio como extremadamente positivo, una especie de recuperación, los números actuales en ambas encuestas están todavía muy lejos de lo que solían reportar las encuestas a finales del siglo XX, cuando se percibía que la Iglesia Católica había desempeñado un papel positivo en el retorno de Chile a la democracia.
Ya sea que uno se quede con los números de la Universidad Católica de Santiago o con los de CADEM sobre la confianza en la Iglesia Católica, el hecho es que, como demuestran los datos del Pew Research Center, la asistencia a los servicios católicos es mínima y es probable que la transmisión misma de los conocimientos y las prácticas asociadas a la fe católica también sea mínima.
Tan mínima como la tasa de aprobación que los adultos chilenos están dispuestos a dar a las Cortes de Justicia, a la Fiscalía Nacional y al Congreso Nacional. En ese sentido, uno tiene que preguntarse cuánto de la desaprobación tanto de las Cortes, de la Fiscalía como del Congreso en Chile es también un subproducto de su incapacidad para trabajar, junto con la Iglesia Católica o entre ellos, para idear una solución creativa, como las elaboradas por las legislaturas locales de California y Nueva York que ofrezca una solución tangible a las víctimas de abuso sexual, de clérigos o de otros.
Cabe destacar también que, en Estados Unidos, la solución no fue una política de «talla única» para todo el país. Las decisiones clave para hacerlo posible se tomaron en Sacramento y Albany, las capitales estatales de California y Nueva York, como una solución subnacional. Aunque en Chile el diseño del Estado unitario y central dificultaría seguir ese ejemplo, México, Argentina y Brasil cuentan con diseños federales fuertemente inspirados en el modelo de Estados Unidos.
Periodismo político
Ello confirma la idea de que la falta de soluciones es un problema sí, de la Iglesia Católica que elude tanto como puede su responsabilidad, pero también de la indisposición de las élites de la política en cada país para seguir el ejemplo de los gobernadores y legisladores de California y Nueva York.
En cualquier caso, la lesión autoinfligida más devastadora son los datos sobre cómo las generaciones más jóvenes de chilenos están cada vez menos dispuestas a identificarse como católicos, como demuestra el gráfico de abajo, de la serie de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Vidas paralelas católicas
Al ver más allá de los números chilenos, hay que tener en cuenta que Berríos del Solar no está solo. Además de su pertenencia al Salón de la Infamia chileno, tiene un espejo, un reflejo distante, en el conocido depredador esloveno, el también exjesuita, también depredador y también sacerdote Marko Rupnik.
En el caso de Rupnik, se sabe ahora que antes del juicio que finalmente reconoció alguna mala práctica pero se quedó corto al no dimitirlo del estado clerical, en 1993, Franc Šuštar, entonces rector del seminario católico de Liubliana y como tal un sacerdote con cierta autoridad en la capital de Eslovenia, y desde 2015 obispo auxiliar allí, echó a Rupnik de la Comunidad de Loyola en Mengeš, un pueblo situado a menos de 15 kilómetros al norte de Liubliana.
La mencionada comunidad fue fundada originalmente por un Rupnik muy joven con la ayuda de Ivanka Hosta, una monja eslovena. Diversas fuentes afirman que él comenzó a abusar de mujeres precisamente allí. De ahí el “castigo” de Šuštar, que forzó a Rupnik a irse a Roma. Lamentablemente, aunque a estas alturas se sabe que algo ocurrió en aquel momento en esa comunidad, los detalles son escasos. Algunos indicios surgieron a raíz de una entrevista que el diario francés La Croix realizó en 2023 a Daniele Libanori.
Libanori es jesuita, antiguo obispo auxiliar de Roma y actual funcionario del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Allí se ocupa principalmente de casos en órdenes religiosas. Como tal, ha investigado la estancia de Rupnik en la Comunidad Loyola en la década de 1990. En la entrevista, disponible en portugués aquí, aporta algunos detalles sobre lo ocurrido en aquel momento, pero está claro que las disposiciones que existieran entonces no se cumplieron cuando Šuštar expulsó a Rupnik de esa comunidad.
Libanori parece, al menos en la entrevista, estar dispuesto a reconocer que allí ocurrió algo terrible. Recurre a la metáfora de la “sangre de Abel” al explicar por qué la Iglesia Católica rastreaba lo sucedido en Loyola 30 años antes, en la década de 1990, pero, como suele ser el caso, los detalles son escasos.
Nacido en 1954, Rupnik ingresó en la vida religiosa como jesuita en 1973, por lo que para cuando él y Hosta fundaron la Comunidad de Loyola, ya tenía 39 años y era sacerdote desde hacía ocho años en ese momento, tras su ordenación en 1985.
Curiosamente, ese mismo año de 1993, Rupnik se unió al Centro Aletti en Roma, una institución que todavía está dispuesta a reconocerlo, hasta hoy, como parte de su claustro de profesores, como se puede ver aquí (contenido en italiano).
Además del hecho de que tanto Rupnik como Berríos tienen acusaciones creíbles de abusos sexuales en su contra, tan creíbles que la Compañía de Jesús los expulsó a ambos de la orden como tal, ambos también cuentan con poderosos “padrinos” dentro y fuera tanto de la orden jesuita como de la Iglesia Católica.
En el caso de Berríos del Solar, eso queda más que claro cuando se revisa la carta de las tres sobrevivientes de sus ataques y se descubre lo fácil que le resulta encontrar medios de comunicación chilenos dispuestos, interesados en presentarlo como víctima de una especie de conspiración.

Semejanzas
La similitud más impactante entre Berríos y Rupnik no son sus prácticas sexuales, el abuso sistemático de mujeres bajo su cuidado pastoral, sino el hecho de que su antigua orden, la Compañía de Jesús, pudo encontrar razones para expulsarlos de ella, mientras que los jueces anónimos de la Curia Romana que los han juzgado han sido incapaces de laicizarlos, de expulsarlos del sacerdocio.
Su expulsión fue un intento bastante tímido de reconocer el verdadero alcance y los efectos de la crisis de los abusos sexuales del clero, algo en lo que los jesuitas han estado haciendo hincapié durante la última década aproximadamente a través de diferentes medios, como demuestra este texto sobre una instalación artística. El hecho de que el texto esté firmado por los jesuitas eslovenos y fechada en 2023 es, sin embargo, un dato bastante angustioso si se tiene en cuenta cómo Rupnik surgió de sus propias filas.
Más cuando en el mismo sitio web, el de las provincias europeas de la Compañía de Jesús, todavía existe un texto de 2018 de los jesuitas de España que elogia el arte de Rupnik como una desarrollo especial y único que acerca a los fieles a Dios.
El sitio web jesuita europeo, rico en aciertos y errores, tiene aquí otro texto, de 2025, sobre el abuso sexual para informar de su compromiso con un Día de Conmemoración por las víctimas de este flagelo, publicado por los jesuitas de Francia.
Es cierto que, al menos en teoría, la Curia Romana está en proceso de revisar su anterior postura sobre Rupnik, por lo que, al menos en el papel, todavía existe la posibilidad de que Rupnik sea expulsado del estado clerical.
El 13 de octubre de 2025, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe nombró formalmente a los cinco jueces independientes que supervisarán el nuevo juicio. En ese momento, la entidad encabezada por el cardenal argentino Víctor Manuel Tucho Fernández, destacó la presencia de mujeres que no son funcionarias de la Curia Romana en el panel de cinco jueces independientes.

Sin embargo, desde ese nombramiento, ha habido un silencio total sobre el proceso. Según la información que se ha podido recabar, el juicio se encuentra actualmente en la fase de “instrucción”, donde el tribunal independiente está revisando el material organizado y preparándose para citar a testigos.
La otra diferencia significativa es que, mientras Berríos es lo que técnicamente se conoce como un “sacerdote vago”, es decir, un sacerdote sin asociación formal con una orden o una diócesis, Rupnik fue incardinado (asociado) inmediatamente después de su expulsión de los jesuitas a la diócesis de Koper (Eslovenia).
A pesar de esa asociación formal con la diócesis de su país natal, él vive en el convento de Montefiolo (cerca de Roma) y, según se informó a finales de 2025, viaja como parte de su trabajo artístico bajo la “presunción de inocencia” otorgada por su obispo esloveno. Varios periodistas italianos y brasileños han publicado fotos de Rupnik trabajando con los equipos de albañiles que instalan sus mosaicos en la Basílica de Nuestra Señora de Aparecida.
En el caso de Berríos, no está claro si algún obispo chileno o el superior de alguna orden allí estaría dispuesto a aceptarlo pero, fiel al esquema DARVO, interpreta lo más posible el papel de víctima y, quizás de manera más significativa, se presenta lo más posible como un sacerdote y “verdadero jesuita” en el fondo de su alma.
Postdata
En un movimiento inesperado, Fernández publicó documentos históricos que tratan sobre la crisis de abuso sexual del clero. La publicación en sí misma es un acto de transparencia, pero es una transparencia con el freno de mano puesto.
Al publicar el 9 de febrero de 2026 los documentos “con fines de estudio”, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe evita las frecuentes críticas planteadas por periodistas, académicos, sobrevivientes y sus defensores sobre la opacidad con la que la Santa Sede trata estos documentos.
Hacerlo es una admisión explícita de la ineficacia de un modelo basado en el silencio que, como tal, fomentó comportamientos cómplices y sectarios bajo el pretexto de la “defensa de la Iglesia”. Es excelente para realizar una autopsia de por qué las cosas han salido mal en lo que solía ser el Santo Oficio, la Inquisición, pero hace poco o nada de valor para los sobrevivientes que lidian con las secuelas del abuso contra sus cuerpos y sus almas.
Un par de días después de que Fernández publicara los viejos textos, el 12 de febrero de 2026, la diócesis de Brooklyn (contenido en inglés), Nueva York, anunció un fondo de cientos de millones de dólares para liquidar mil 100 demandas bajo la Ley de Víctimas Infantiles de Nueva York.
Mientras que en Estados Unidos, al menos antes de Trump, el sistema político y la Iglesia Católica resolvieron los límites de la ley, en los mundos de Berríos y Rupnik, la lógica farisea preferida es la de usar la prescripción de los delitos.
Es bueno que Fernández desvele la caja negra de la arquitectura legal que permitió el silencio. Admite abiertamente que hubo herramientas que fomentaron el silencio y la negación, pero no ofrece nada más, ya que no está acompañado de medidas concretas para ofrecer la reparación que esta misma arquitectura impidió.
Poder de dispensa
También demuestran cuán casuística ha sido la gestión de la indisciplina, incluso cuando se trata del “crimen más dañino”, como el propio Dicasterio solía clasificar el abuso sexual de menores. En el Rescripto de 2002, como uno de muchos ejemplos posibles, está la prueba de cómo Juan Pablo II otorgó a la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe la facultad de dispensar la prescripción del delito de abuso de manera cauística, “caso por caso”, lo que prueba que el reloj es una herramienta administrativa, no fruto de la Ley Natural o de la Divina.
La pregunta inevitable es por qué Juan Pablo II decidió mantener la prescripción como tal. Y es difícil imaginar otra respuesta que no sea por los beneficios derivados de tener un dispositivo tan poderoso. Un “botón nuclear” que Joseph Ratzinger podía usar o no a voluntad para proteger a depredadores seriales como Marcial Maciel, tan querido por el papa polaco.
Para el caso específico de las víctimas de Berríos (y de Rupnik), los documentos recientemente disponibles demuestran que cancelar la prescripción no fue una maquinación de Jorge Mario Bergoglio, sino una herramienta que Juan Pablo II y Benedicto XVI mantuvieron en secreto. No usarla fue (y es) una decisión política, no una limitación legal real.
Periodismo político
¿No sería bueno que estos documentos, ahora disponibles sólo en latín o italiano, tuvieran traducciones oficiales al español, inglés y otros idiomas modernos?
¿No sería bueno que el cardenal Fernández publicara el documento de 1922, hoy disponible sólo en Bishop Accountability en latín?
¿No sería ahora un buen momento para promover una reforma profunda del procedimiento canónico para evitar el dolor que las víctimas chilenas de Berríos del Solar describen en su carta? ¿Qué impide a Roma emprender una reforma que permita una comunicación más abierta y transparente con las víctimas?
¿No sería bueno que el cardenal Fernández redactara un rescripto que sugiera a León XIV eliminar la prescripción de esos delitos del Derecho Canónico?
Sin tales reformas, para eliminar la naturaleza secreta omnipresente del proceso y la prescripción, la Iglesia Católica avanza pero sólo para proporcionar, como con los documentos recientemente disponibles, más elementos para la autopsia de un sistema defectuoso y tóxico.
Con tales reformas, la Iglesia Católica demostraría que está dispuesta a pasar de las palabras a los hechos en la crisis de los abusos sexuales del clero. Sin reformas reales, la credibilidad la Iglesia Católica seguirá gravemente afectada.

Pocas horas antes de la decisión del cardenal Fernández de publicar los documentos, surgieron detalles sobre cómo Steve Bannon maquinó gran parte de la defensa de Jeffrey Epstein. Era un esfuerzo combinado para blanquear la imagen pública del depredador, mientras sostenía un ataque implacable contra el papa Francisco. Ello ocurría con financiamiento de élites europeas irritadas por la cercanía del argentino a causas como el cuidado del ambiente, la protección de los derechos de los migrantes, de los pueblos originarios y de los trabajadores en todo el mundo.
Las revelaciones confirmaron que los ataques contra Francisco procedentes de medios como EWTN y sus asociados en Estados Unidos, The Catholic Herald en el Reino Unido e Infovaticana en el mundo hispanohablante eran artificiales. El propio Francisco calificó los ataques de EWTN contra él como “obra del demonio”.
Sin embargo, para muchos sobrevivientes de abuso sexual a manos de clérigos católicos, la noticia fue una pesadilla más, pues los coloca entre la proverbial espada y la pared. Deben reconocer una realidad compleja en la que la Iglesia Católica, incluso si está comprometida con causas como la protección de los migrantes, actúa como lo hacen los depredadores en las redes de Jeffrey Epstein.
Por un lado, los sobrevivientes se enfrentan a una institución que se esconde tras tecnicismos y la lógica farisea de la prescripción de los delitos canónicos (una pesadilla teológica en sí misma, pues los pecados como tales no prescriben). Por el otro, han sido testigos de ataques de Bannon contra Francisco por su apoyo a causas nobles, mientras era simultáneamente el coach de Epstein.
Más aún, dado que el origen de muchos de los ataques contra Francisco proviene de un antiguo miembro de la Legión de Cristo: Thomas Williams, esposo de Elizabeth Lev. Ella es hija de Mary Ann Glendon, quien se desempeñó como embajadora de Estados Unidos ante la Santa Sede (2008-9), durante la presidencia de George W. Bush.
Williams y Lev tuvieron un hijo en la primera década del siglo, cuando él era sacerdote, el principal teólogo moral de la Legión y portavoz oficial, para el mundo angloparlante. Asesoró a Mel Gibson para su película La Pasión de Cristo (2004).
Después de que se reveló la relación secreta de Williams con Lev, fue expulsado del sacerdocio y se convirtió en el corresponsal de Breitbart en Roma, con frecuentes comentarios en pantalla en Fox News, donde atacaba a Francisco según el guión de Bannon y Epstein para forzar la caída de Francisco mediante escándalos. Actualmente ofrece comentarios para el canal de cable de extrema derecha NewsMax.
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