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Morena va ganando… pero el estado no es un trámite administrativo

Elecciones 2027: Sonora

Sonora aparece hoy como un estado ‘a modo’ para Morena, pero la historia electoral del norte demuestra que ninguna elección se gana antes de tiempo.

Un mitin para afiliar simpatizantes de Morena en Sonora.

Con control territorial, encuestas a favor y el gobierno en turno, Morena presume dominar el terreno electoral en Sonora; pero 2027 aún está lejos y los errores pueden opacar sus ventajas.

Alejandro Pérez/Los Ángeles Press

En 2027 estarán en juego 17 gubernaturas y, como siempre ocurre cuando el calendario electoral se acerca, las encuestas empiezan a pesar más que los discursos y las alianzas valen más que las ideologías. En ese tablero nacional, Sonora aparece hoy como uno de los estados “a modo” para Morena, casi como si ya estuviera apartado con anticipo. Pero la política —sobre todo en el norte— no perdona el exceso de confianza ni las lecturas simplonas.

A poco más de un año de que arranque formalmente la sucesión, Morena llega como favorito, con estructura territorial, control municipal, respaldo federal y una candidata que encabeza cómodamente las preferencias. El problema no es ese. El problema es creer que con eso alcanza.

El mapa territorial: quien controla el suelo, controla la elección

Sonora no es un estado menor. Es frontera, es logística, es industria, es migración, es crimen organizado y es relación directa con Estados Unidos. Y electoralmente, es territorio con memoria larga: aquí no gana quien grita más fuerte, sino quien pisa más municipios.

Tras las elecciones de junio de 2024, Morena y sus aliados lograron una posición dominante en el estado. De los 72 municipios, al menos 38 están en manos de Morena, PVEM y PT, con control de ayuntamientos clave como Cajeme, Nogales, Guaymas, Navojoa y San Luis Río Colorado. La oposición, por su parte, se reparte el resto como puede: el PRI, el PAN y el PRD suman alrededor de diez municipios —incluido Hermosillo—, Movimiento Ciudadano retiene algunos bastiones dispersos y el Partido Sonorense juega a ser bisagra local sin peso real estatal.

Esto no es un dato decorativo: es maquinaria electoral pura. Programas, estructuras, operadores, movilización, narrativa local y control del territorio. Morena llega al 2027 con una ventaja logística que la oposición no ha sabido ni querido revertir.

Durazo: gobernabilidad estable, desgaste inevitable

El gobierno de Alfonso Durazo ha logrado algo que en Sonora no siempre es sencillo: estabilidad política. No ha sido un sexenio espectacular, pero tampoco un desastre. Programas sociales funcionando, inversión en educación superior, obras municipales repartidas y una relación directa con el gobierno federal que hoy encabeza Claudia Sheinbaum.

Los números oficiales hablan de más de 8,600 millones de pesos invertidos en educación, reducción moderada de pobreza y una narrativa constante de transformación. Eso, electoralmente, suma. Morena no llega al 2027 defendiendo ruinas.

Pero tampoco llega con las manos limpias. La inseguridad sigue siendo el talón de Aquiles del gobierno estatal. Homicidios al alza en zonas estratégicas, disputa criminal en corredores fronterizos y una percepción ciudadana que empieza a endurecerse. Sonora no vive una crisis generalizada, pero sí una violencia focalizada que pega justo donde más duele: frontera, comercio y

Lorenia Valles: ventaja clara, pero no invencible

En ese contexto aparece Lorenia Valles, hoy la figura mejor posicionada de Morena para la gubernatura. Las encuestas la colocan consistentemente entre 40 y 43% de intención de voto, con una ventaja que supera los 20 puntos frente a cualquier rival opositor.

En el escenario más reciente, Valles alcanza 40.6%, mientras que Antonio Astiazarán (PAN) ronda el 17%, Ernesto Gándara (PRI) el 12% y Movimiento Ciudadano apenas sobrevive con un dígito. El mensaje es claro: la oposición no tiene candidato competitivo hoy.

Pero cuidado: Valles no solo carga con su imagen, también con la del gobierno. Su fortaleza depende de que Morena mantenga cohesión interna, disciplina territorial y control del relato. Y ahí empiezan los problemas.

Las fisuras guindas: cuando el enemigo está en casa

Morena en Sonora no está exento de pleitos internos, ambiciones adelantadas y grupos que se toleran, pero no se quieren. La reciente renuncia del alcalde de Puerto Peñasco, Adolfo García Morales, no fue un simple trámite administrativo: fue una señal de alerta.

Rumores de corrupción, conflictos presupuestales y presiones internas exhibieron que la cohesión municipal no es tan sólida como aparenta. Estos episodios, acumulados, desgastan. No tumban una elección por sí solos, pero alimentan el discurso opositor y erosionan la narrativa de orden y control.

Estados Unidos: el factor incómodo

A esto se suma un elemento que Morena suele subestimar: la presión estadounidense. Sonora no es cualquier estado; es frontera estratégica. Migración irregular, tráfico de fentanilo y seguridad binacional son temas que Washington no suelta.

Los señalamientos desde medios y actores políticos de Estados Unidos hacia la administración estatal no son casualidad. Son parte de una narrativa que puede escalar conforme se acerque la elección. Y aunque no definen el voto local por sí solos, sí influyen en sectores empresariales, urbanos y de clase media que la oposición necesita desesperadamente activar.

La oposición: dividida, pero no muerta

PAN, PRI y MC llegan al 2027 fragmentados, sin liderazgo claro y sin narrativa unificada. Hoy parecen más preocupados por sobrevivir que por ganar. Pero en política, la debilidad del adversario nunca debe confundirse con su inexistencia.

Si Morena se equivoca —en seguridad, en candidaturas, en soberbia—, la oposición encontrará cómo capitalizarlo. No porque sea brillante, sino porque el voto de castigo existe y Sonora ya lo ha usado antes.

Sonora 2027: ventaja clara, victoria no escrita

Morena llega fuerte. Muy fuerte.

Con territorio, encuestas y gobierno.

Pero Sonora no es un trámite administrativo ni una hoja de Excel. Es un estado exigente, fronterizo, desconfiado y con memoria política. El 2027 no se gana con encuestas tempranas ni con triunfalismo, se gana evitando errores.

Porque en política, sobre todo en el norte, el que va ganando y se confía, pierde primero el respeto… y luego la elección.

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