Crónica de un crimen contra la autoridad

Parecían cuetes, dice Romina; conozco ese sonido, comenta Rogelio
Ríodoce/Ricardo González
La mañana del 5 de enero de 2026, el estruendo de ráfagas de armas largas interrumpió la cotidianidad en la sindicatura de Aguaruto. Fueron solo segundos de fuego seguidos por un sonido seco: una camioneta Toyota Tacoma blanca se estrelló con tal fuerza que derribó un poste de alumbrado público y reventó las bolsas de aire. Eran alrededor de las 8:00 horas sobre el bulevar Adolfo López Mateos, la calle principal, frente a decenas de vecinos que apenas iniciaban su jornada.
Al volante de la unidad oficial iba Francisco Javier Zazueta Lizárraga, quien era director de la Unidad de Vialidad y Tránsito Municipal de Culiacán. El mando policial, con 32 años de servicio en la corporación, fue emboscado cuando se dirigía a su trabajo, a menos de cien metros de su domicilio. Aunque fue trasladado con vida a un hospital, falleció poco después debido a la gravedad de las heridas.
El sonido que antecede al miedo
Rogelio había salido a pasear a su perro esa mañana. Vive a unas tres cuadras del lugar del ataque. Planeaba comprar chicharrones para el desayuno, pero decidió primero caminar un poco con su mascota. Fue entonces cuando escuchó las detonaciones.
“Escuché clarito y supe que eran disparos, muchos disparos. Luego supe dónde fue y pensé: si no saco primero al perro, quién sabe qué hubiera pasado”, dice. No vio el ataque, pero el sonido le bastó para entender que algo grave había ocurrido.
El ruido de los fusiles le removió miedos y recuerdos, la violencia es un ciclo que se repite. “Hace unos ocho años, aquí mismo en la sindicatura, me tocó ver que mataron a uno. Vi que un carro venía despacio y luego se le emparejó otro. El que iba manejando levantó el brazo y el otro le apoyó un rifle R15”, recuerda. “Disparó tres veces a quemarropa. Nunca se me olvidó ese sonido, fue igual al que escuché hoy”.
Rogelio conoció a Francisco cuando era niño. Lo recordaba como un joven “muy movido” que creció ahí mismo, en Aguaruto pero le fue perdiendo la pisada. No fue hasta hace poco que lo reconoció en una fotografía del periódico, sentado junto a funcionarios de alto rango, portando su uniforme de director.
Pecho a tierra
Romina tiene una carpa sencilla con un par de mesas y una parrilla al lado del canal. Esa mañana atendía a una pareja cuando escuchó lo que describe como “muchos cuetes tronando al mismo tiempo”.
“Me tiré al piso junto con ellos. No vi a nadie, no vi quién disparó. Nomás escuché los balazos”, relata. Permanecieron así, tirados en el suelo, hasta que el estruendo cesó. Cuando se levantó, vio la Tacoma destrozada y el poste de luz en el suelo.
Romina se sacudió la ropa, acomodó la mesa y siguió trabajando.
“¿Qué más haces?”, dice, al mismo tiempo que dos niños en bicicleta escuchan atentamente la conversación mientras esperan un pedido y un cliente se acerca a preguntar si todavía quedan chicharrones.
Han transcurrido dos horas desde el atentado, la camioneta no ha sido removida del lugar y las cintas amarillas custodiadas por militares aún bloquean el paso por el puente de la calle principal.
“Aquí me voy a que quedar, hasta la tarde. Ya le avisé a mi marido y se quería venir por mí, pero le dije que no, que se quedara trabajando, yo aquí lo voy a esperar”, añade mientras termina también de desayunar.
Desparpajo mortal
Francisco Javier Zazueta Lizárraga vivía a unas cuadras del lugar donde fue atacado. Tan cerca, que su hijo también escuchó los disparos. Como Rogelio y como Romina, reconoció el sonido, pero en su caso el miedo no tardó en convertirse en certeza.
De acuerdo con versiones de los primeros respondientes, fue su propio hijo quien lo trasladó en un vehículo particular para intentar salvarle la vida. Cuando llegó al hospital, el director de Tránsito ya había fallecido.
El alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil, lamentó el crimen y aseguró que no existían registros de amenazas previas contra el mando. Sin embargo, el gobernador Rubén Rocha Moya fue más tajante al dimensionar el golpe político del atentado durante su conferencia semanera.
“Hoy hubo ese atentado contra el director del Tránsito. ¿Y eso qué es? Pues es la muerte de un oficial, sí, pero es también una falta de respeto a la autoridad”, declaró el mandatario. “Quiere decir que todavía hay retos de la delincuencia que tienes que enfrentar… no hemos resuelto el problema”.
El asesinato no ocurrió en un paraje aislado ni bajo el amparo de la oscuridad. Fue a plena luz del día, frente a la mirada de civiles y a 100 metros de su casa. El desparpajo de los gatilleros en Aguaruto, como lo reconoce el propio Gobernador, es un reto abierto a la autoridad.
Ejecutan a la comisaria de Bachigualatito
El 8 de enero de 2026 la violencia cobró la vida de otra autoridad en el municipio de Culiacán, con el asesinato de Mirna Karime Corrales Gutiérrez, comisaria del ejido Bachigualatito, ejecutada a balazos al interior de su domicilio en la calle Benigno Aispuro, frente a un campo deportivo de la comunidad. El ataque ocurrió por la mañana, cuando sujetos armados ingresaron a la vivienda y abrieron fuego; Mirna Karime de aproximadamente 40 años, murió en el lugar, mientras que su hermano, Daniel, resultó herido en el ataque.
Artículo publicado el 11 de enero de 2026 en la edición 1198 del semanario Ríodoce.
