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El cementerio municipal de Ricla (Zaragoza) ha sido escenario de la exhumación de los restos de seis personas represaliadas durante la Guerra Civil. Los trabajos se desarrollaron entre los días 4 y 8 de noviembre, y aunque lo esperado era encontrar los restos de cinco personas, finalmente han sido seis.

Seis son también los años que han pasado desde que los familiares de dos de las víctimas contactaron por primera vez con la Asociación por la Recuperación e Investigación Contra el Olvido (ARICO), que ha promovido los trabajos en colaboración con la Asociación Charata para la Recuperación de la Memoria Histórica de Uncastillo.

Quienes dieron con sus huesos allí eran, a la espera de conocer la identidad del sexto, vecinos y vecinas de la cercana localidad de Morés, asesinadas el 13 de agosto de 1936, menos de un mes después del golpe fascista.

La comarca de Calatayud no fue excepción en lo que a alianzas reaccionarias se refiere: militares, guardias civiles, falangistas y civiles derechistas integraron la maquinaria sublevada.

El 25 de julio de 1936 la Guardia Civil del puesto de Sabiñán, encabezada por Juan Martínez Valtueña, entraba en Morés apoyada por falangistas de La Almunia de Doña Godina. Pronto hicieron desaparecer a muchos de sus habitantes, entre los que se encontraban Narciso Crespo Lozano y Antonio Lozano Morlanes, primos asesinados juntos en Calatayud el 10 de agosto.

Durante tres días, las madres de ambos denunciaron la desaparición de sus hijos, hasta que el 13 de agosto fueron detenidas y conducidas, junto a al menos otros tres hombres, de Morés a Ricla para ser asesinados y enterrados.

Ellas eran Petra Lozano Forcén, de 48 años, y su cuñada Lorenza Morlanes Serrano, de 43, ambas naturales de Morés. Quienes han estado con ellas 80 vivían también allí, pero sus lugares de origen eran otros. Zacarías Arranz Pascual (de Morón de Almazán, Soria), Tomás Sanz Lorente, (de Fuente la Higuera, Valencia) y Sebastián Rueda Camacho (natural de Jaén), se encontraban en Morés trabajando como ferroviarios en la estación de la localidad.

La sexta víctima es, por el momento, desconocida, si bien según testimonios de algunas personas que se acercaron a la exhumación, el mismo día que estas cinco personas fue asesinado un hombre sin hogar.

Aunque en un primer momento se esperaban encontrar los restos de cinco personas, se barajaba la posibilidad de que hubiera una más, ya que el 14 de agosto se anotaron como “desconocidos” en el Registro Civil de Ricla seis defunciones: dos mujeres y cuatro varones.

Petra tenía cinco hijos y Lorenza tres. La guerra y la posguerra aplastaron a sus familias con más asesinatos, prisión, saqueos y persecución cotidiana. Tomás y Sebastián dejaron jóvenes viudas e hijos e hijas muy pequeñas.

No ha sido posible localizar a la familia del tercer hombre del que sí se conocen algunos datos. Se trata del ya citado Zacarías Arranz Pascual, natural de Morón de Almazán (Soria), asesinado el 13 de agosto de 1936 a los 27 años. Estuvo casado con Isabel Espejo la Serna, con quien tuvo a Dolores y a José. Tras el estudio de ADN, las familias recibirán los restos de sus madres, padres o abuelas, tras ochenta años de espera.

Esta exhumación ha sido el punto de llegada de un largo trabajo de documentación mediante diversas fuentes entre las que ha resultado crucial el testimonio de Máxima Crespo Lozano, hija de Petra Lozano Forcén.

Pese a que la conocida como Ley de Memoria Histórica continúa en vigor, y reconoce el derecho de Máxima a honrar y recuperar a su madre, no ha sido posible actuar hasta el momento. De poco sirve que una ley permanezca vigente, si de facto se desactiva no destinándole presupuesto. Sin embargo, aunque está habiendo avances en este sentido, se está lejos de llegar a lo esperado.

Tanto esta exhumación como trabajos futuros han tenido que fijarse en el calendario de forma acelerada ya que los permisos imprescindibles para llevarlas a término finalizan el 1 de diciembre del presente año, pero la financiación para realizarlas no ha llegado.

Esta contradicción y falta de coordinación de la Administración dificulta la labor de este equipo, que a pesar de ello ha trabajado de forma ejemplar, pese al frío y la intensa lluvia que les han acompañado. De hecho, no sólo no se ha hecho efectivo el ingreso de la subvención, sino que dos días después de haber finalizado la intervención el equipo no había recibido todavía oficialmente la notificación de si les concedían o no esa financiación, ni su cuantía.

Próximas intervenciones

A pesar de todo, comenzarán de forma inminente y sucesiva dos proyectos de exhumación de fosas comunes, promovidos por la Asociación Charata de Uncastillo y por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica Batallón Cinco Villas, con la colaboración de ARICO.

En primer lugar, continuarán las labores de localización y exhumación de las hermanas Lourdes y Rosario Malón Pueyo en Longás (Zaragoza), y las mismas tareas tendrán lugar después en el cementerio municipal de Luesia para localizar a 13 vecinas y vecinos de Uncastillo (Zaragoza) y dos de Petilla de Aragón (Nafarroa), asesinados en agosto de 1936.