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Renuncia Juan Ramón de la Fuente

Tras relevo en Cancillería, Ebrard amplía poder exterior con Sheinbaum

El nuevo canciller de Sheinbaum, Roberto Velasco, era subsecretario y había trabajado en la SRE desde tiempos de Marcelo Ebrard como canciller de AMLO

De la Fuente, Sheinbaum y Velasco, foto distribuida por la Presidencia de la República

El nombramiento de Álvarez difícilmente cambiará la relación de Sheinbaum con Trump, controlada en lo económico por Marcelo Ebrard.

De igual modo, se antoja difícil que Álvarez pudiera ser un rival, contrapeso o incluso complemento de lo que hace Omar García Harfuch a nombre de Sheinbaum en materia de seguridad en la relación bilateral.

Los Ángeles Press

Este jueves de Semana Santa no hubo actividad en Palacio Nacional. Lo que hubo desde ayer por la tarde fueron anuncios de cambios en el gobierno de Claudia Sheinbaum, el más notable el de la salida de Juan Ramón de la Fuente de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Las razones aducidas son de salud. Es un hecho que De la Fuente ha estado enfermo, incluso ausente de actividades públicas que requerían de su presencia, pero también es un hecho que cuando funcionarios en ese tipo de posiciones desean quedarse en el cargo, tienen mecanismos para hacerlo.

En el caso de quien fuera rector de la Universidad Nacional Autónoma de México no hubo el deseo de continuar en el cargo y queda en su lugar quien, hasta ayer, fue su subsecretario del ramo, Roberto Velasco Álvarez.

El cambio podría considerarse de trámite e incluso inevitable si la salud de De la Fuente es en realidad la causa determinante de este relevo. Lamentablemente, dada la manera en que el actual gobierno opera este tipo de relevos es inevitable preguntarse si no hay otras razones para que quien fuera secretario de Salud de Ernesto Zedillo Ponce de León, uno de los más frecuentes blancos de las puyas de Andrés Manuel López Obrador y Sheinbaum cuando denuestan al “periodo neoliberal”, haya salido del gobierno como lo ha hecho.

La más obvia es que no ha tenido capacidad para ser un interlocutor del gobierno de Donald Trump. La relación comercial y económica la controla casi por completo, incluso por encima de lo que pueda decir la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Marcelo Ebrard, secretario de Economía con Sheinbaum y quien fuera el canciller de López Obrador en la primera presidencia de Trump.

La relación en materia de seguridad, la controla casi en su totalidad Omar García Harfuch. En ese sentido, De la Fuente ha cumplido con las formalidades de recibir embajadores y funcionarios de Estados Unidos cuando vienen a México, pero es difícil imaginar que él sea el factor determinante de las decisiones que toma o no Sheinbaum cuando se trata de lidiar con Trump.

Hubo quien muy al inicio de la administración Sheinbaum ironizaba que no podría haber un mejor canciller en Tlatelolco que un médico psiquiatra, serio, sin un historial de escándalos, al menos no públicos, pero la realidad es que no encontró en Marco Rubio una contraparte, un colega dispuesto a resolver problemas, quizás porque el secretario del Departamento de Estado de Trump ya tiene demasiados problemas tratando de suavizar los excesos verbales de Trump en su relación con Europa y otros aliados militares de Estados Unidos o, entre otros, con China.

Como sea, el hecho es que De la Fuente deja el cargo y su lugar lo ocupa ahora una persona que ha orbitado alrededor de Ebrard. Podría ser, en ese sentido, el fortalecimiento del excanciller de López Obrador, pero es difícil imaginar que incluso si no fuera así, alguien pudiera eclipsar en estos momentos a Ebrard.

A pesar de que perdió la apuesta que hizo en Honduras al apoyar al gobierno de la expresidente Xiomara Castro, en México toda la negociación del futuro del Tratado México-Estados Unidos-Canadá, pasa por las manos de Ebrard.

Ha sido él quien ha traducido las fiebres proteccionistas de Estados Unidos al lenguaje de la Cuarta Transformación exigiéndole a las empresas chinas que inviertan en México si quieren hacer negocios en este país.

No es claro si su trato en privado con los funcionarios del gobierno chino es tan agresivo como lo es en público o si hay un entendimiento con Beijing acerca de la “necesidad” de mantener un tono agresivo, de pleito, con los productos de la República Popular China, al mismo tiempo que se facilitan vías para, por la puerta de atrás, mantener el acceso al mercado mexicano, para aplacar a Trump.

En Mercado Libre y Amazon, las dos plataformas que operan con instalaciones y bodegas propias en México desde hace más de diez años y que han sido clave para el dominio de las manufacturas chinas en sectores como la electrónica, no hay un cambio sustantivo. Han variado los precios, pero el acceso a productos chinos sigue abierto.

En ropa y calzado, las cosas se han complicado un poco, pero la realidad es que todavía es posible adquirir esos productos. Imponer un cierre absoluto del mercado mexicano a esos productos implicaría disparar los precios y profundizar el ciclo inflacionario que detonó el gobierno de Donald Trump a escala global.

Plataformas chinas como Shein han incluso abierto bodegas propias en México para facilitar la importación de productos, lo que ha servido para evitar un golpe a ese tipo de importaciones. Más allá de lo que diga Ebrard en público, es claro que ha abierto alguna puerta para evitar el colapso de las importaciones chinas a México que son más importantes en el caso de la tecnología, la electrónica y los insumos para instalaciones eléctricas.

En ese sentido el que Velasco entre al relevo de De la Fuente no implicará un intento del nuevo canciller para hacerse del control de la relación con Estados Unidos, pues Velasco mismo fue funcionario de Ebrard, responsable de la relación con América del Nirte.

El problema para Ebrard es que sus discípulos y antiguos protegidos han sido díscolos, por decir lo menos. Mario Delgado, el hombre de NXIVM en México y actual secretario de Educación Pública es el más notable, pues pasó de ser un empleado de Ebrard en la jefatura de gobierno del entonces Distrito Federal a ser su enemigo declarado cuando Delgado fue presidente de Morena y desde ahí cumplió cada capricho de López Obrador para hacer de Sheinbaum su heredera.

Lejos de ser leal a Ebrard, Delgado usó la maquinaria de Morena para reventar actos públicos de Ebrard, “disuadir” a gente que pudiera tener simpatías o preferencias por Ebrard de que “es Claudia”, como rezaban las hipócritas pintas, aparentemente espontáneas, resultado de una estrategia planeada desde Palacio Nacional para imponer a como diera lugar a la actual titular de la Presidencia de la República.

La diferencia ahora es que Ebrard es quien ha construido desde hace ya casi ocho años la relación con Trump. Fue blanco de las puyas del actual presidente que suele mofarse del funcionario mexicano al decir que se rindió de inmediato a todas y cada una de las exigencias de Trump durante su primera administración.

Ebrard ha dicho que no fue así, pero como Ebrard tampoco se caracteriza por la consistencia de sus dichos, es difícil saber quién dice la verdad respecto de qué asuntos.

Por lo pronto, incluso si Velasco quisiera ser más canciller de lo que fue De la Fuente tendría que construir sus propias relaciones al menos con Marco Rubio, cuya agenda, en medio del conflicto entre Estados Unidos e Israel contra Irán, se antoja difícil de ser capaz de integrar al nuevo canciller mexicano.

Aunque Velasco hace gala de sus estudios en la Universidad de Chicago en Estados Unidos, como lo demuestra el que su página en Wikipedia sólo existía hasta las 10 de la mañana del jueves en inglés, lo mismo que su perfil de Linkedin eso mismo lo hace sospechoso a los ojos de la actual administración Trump.

La Universidad de Chicago es, después de todo, la cuna de los enfoques de políticas públicas basados en datos y evidencia y esas son cosas que el gobierno de Trump aborrece por lo que, por más que su inglés sea aceptable, difícilmente podría encontrar interlocutores en un gobierno como el que actualmente dirige a Estados Unidos.

Es difícil imaginar a personajes conocidos ahora sus arrebatos y excesos como Kash Patel, el director del Buró Federal de Investigaciones de Trump, hacer mancuerna con un egresado de la Universidad de Chicago que trabaja para un gobierno al que Trump frecuentemente acusa de “obedecer a los cárteles”.

Ell sin perder de vista la comedia de equívocos que protagonizó la propia Sheinbaum cuando dio por bueno un vídeo y fotos atribuidos a Ryan Wedding, el narcotraficante y excampeón olímpico de Canadá, que mereció un desmentido de la Canadia Broadcasting Corporation, la TV pública de Canadá a la tituar de la presidencia en México.

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De ahí que sea poco probable imaginar un cambio radicar en el control y manejo de la relación en materia de seguridad. Para bien o para mal, quien la ha construido es García Harfuch y se antoja improbable que eso cambie de la noche a la mañana por la llegada de Velasco a Tlatelolco.

Fue notable, por cierto, que no hubiera actividad este jueves de Semana Santa y que, a diferencia de lo que suele hacer la titular de la presidencia de la República no hubiera un aviso de que la actividad se cancelaba o suspendía.

Este es el segundo cambio en el gabinete de Sheinbaum en menos de 48 horas luego de la salida de Rafael Marín Mollinedo de Aduanas de México.

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