
Ricardo Raphael queda emplazado a presentar los registros periodísticos que acrediten su supuesta investigación.
Guadalupe Lizárraga/Los Ángeles Press
Ricardo Raphael insiste desesperadamente en mantenerse en el espacio público con su botín. Se presenta como investigador cuando a los ojos de la realidad es un mero plagiador, alguien que creó una narrativa en favor del Estado, robada de su autora original. La base de su libro y de múltiples textos publicados proviene mi trabajo, una investigación documentada, verificada y judicializada que desmontó la versión oficial y expuso la fabricación de culpables en torno al secuestro para simular la eficiencia policial de Genaro García Luna desde su paso por el CISEN.
Ahora, en un tomo de machito de cantina, Ricardo Raphael reta a Ciro Gómez Leyva a debatir con sombrero ajeno, ya se lo echaron en cara en la misma red. Y Gómez Leyva le contesta que no es lo mismo investigar que leer. En ese punto se sostiene la diferencia de fondo. Raphael ha construido su discurso a partir de información ya trabajada, sin acreditar el origen y sin demostrar trabajo de campo propio. Además de la ficción a la que siempre recurre como muleta ante la debilidad de su investigación.
Al caso de su amiga Isabel Miranda, él llego desde 2005, con la detención arbitraria y tortura de Israel Vallarta. Miranda, ya fungía de acusadora de sus víctimas, y legitimaba otros casos. En 2008, sobre el caso, a la única que entrevistó en Canal Once fue a Isabel Miranda, a nadie más ni le interesaba. En 2012, aplaudía la candidatura de Miranda a la jefatura de la Ciudad de México, y en todo ese tiempo, Ricardo Raphael no se daba por enterado de las fabricaciones de culpables para sostener el montaje de su amiga.
Noticias de México
Muy al estilo de Miranda, ahora le gusta andar retando para poder legitimar su propia farsa. Sin embargo, el verdadero reto para Ricardo Raphael es presentar los registros periodísticos de esa investigación que dice haber hecho. No declaraciones, no fanfarronadas, ni invenciones literarias de bachiller: registros periodísticos. ¿Dónde están sus registros? Los míos, los he presentado desde 2014, hasta la fecha, y han sido clave para la defensa de las víctimas.

Dos ejemplos son suficientes para establecerlo con claridad.
¿Dónde está la entrevista grabada a Carlos León Miranda, padre biológico de Hugo Alberto Wallace, a quien refiere en su libro? ¿Dónde está al menos una fotografía que evidencie que estuvo con él y que le dijo lo que Raphael escribió? Porque León Miranda negó haberse reunido con él.
Y el otro ejemplo. ¿Dónde está la entrevista a María Rosa Morales, la madre de César Freyre, cuya historia incorpora con detalles que no fueron públicos y que forman parte exclusiva de mi investigación? ¿Una llamada grabada, un audio, una imagen que demuestre que habló con ella? Nada. La madre de César Freyre murió el 10 de julio de 2021 y, hasta entonces, no aceptaba hablar con ningún periodista; solo conmigo, por el acoso y la vulnerabilidad en la que estaba.
Ambas referencias no aparecen en fuentes abiertas ni en coberturas periodísticas de la época. Existen porque fueron obtenidas mediante mi trabajo directo, incluso mucho antes de que él se diera por enterado de mi investigación en formato de libro en 2018. Si Raphael las utilizó como base narrativa, debió haber acreditado quién las realizó. Sin embargo, no solo me plagia, despliega además una campaña de odio con sus seguidores en las redes, y trafica influencias en e Poder Judicial con las relaciones de su parentesco para frenar mi denuncia y contrademandarme.
En paralelo, Raphael intenta desplazar la discusión señalando a otros periodistas que usa para legitimarse. Acusa a Ciro de complicidad en el tratamiento del caso, pero omite su propia trayectoria dentro de esa misma narrativa. Ciro Gómez Leyva siempre fue congruente con Isabel Miranda; al menos no le sacó la vuelta públicamente y, hasta su supuesta extinción, le fue leal.
Pero Raphael, desde el CISEN, cuando la AFI, bajo la dirección de Genaro García Luna, operaba la fabricación de culpables, ya formaba parte de ese entorno. Junto con Sergio Aguayo y otros, validaron la no filtración del narcotráfico en ese organismo y, 20 años después, voltearon para otro lado ante la detención en Estados Unidos de García Luna. Su relación con Isabel Miranda, pues, se remonta a esos años. No es sino hasta la presentación de mi libro, en diciembre de 2018, cuando se presenta como crítico de Miranda.
Sus textos posteriores repiten ese patrón. En publicaciones de Milenio incorpora elementos narrativos sin precisión de fechas ni contexto; cae en pifias, particularmente en lo que respecta a la familia Freyre.
Su falta de honestidad periodística incluso lo hace perder la realidad de la historia y cruza la frontera entre ficción y hechos reales en su libro, que presenta como “investigación”. No lo es. Es una combinación de plagio, ficción y manipulación en favor de un Estado con prácticas criminales, sostenida sobre un caso que mantiene a seis víctimas reales en prisión y una red de servidores públicos en impunidad intacta.
A estas alturas no se admiten simulaciones. Y quien afirma haber investigado tiene una obligación básica: probarlo.
Para leer más sobre el caso: Colección en Los Ángeles Press
