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Foto: Cuauhtémoc Villegas Durán/Objetivo7fotógrafos.

EL “GRAN CACIQUE”: CÓMO ANDRÉS MANUEL COLONIZÓ MÉXICO CON SUS GOBERNADORES


EL SEÑOR FEUDAL: LA FARSA DEL PATRIOTA Y EL DELIRIO DEL PODER

Por: Cuauhtémoc Villegas Durán

El caso de Andrés Manuel es una anomalía histórica gestada en las entrañas del Estado mexicano priista más rancio. No estamos ante un estadista, sino ante un señor feudal que logró engañar a millones de personas, mimetizándose como un hombre que buscaba el bien de la patria, cuando su único y verdadero delirio ha sido —y sigue siendo— el poder absoluto, el clásico dictador militarista de un país bananero.

Bajo una máscara de humanismo, su gestión se reveló vil: persiguió con saña a periodistas críticos mientras, en un contraste ofensivo, extendió mantos de impunidad y defensa hacia los capos del narcotráfico. Su ambición no conoció límites geográficos ni éticos; puso e impuso gobernadores en todo el país, convirtiendo a los estados en simples satélites de su voluntad.

En su natal Tabasco, la imposición fue cínica. Su sucesor terminó salpicado por la violencia del CJNG, una mancha de sangre que se extiende desde el trópico hasta Sinaloa, donde el dictador hizo lo propio, entregando el territorio a la delincuencia organizada.

No se puede omitir lo ocurrido en Jalisco. Bajo los “buenos oficios” del exgobernador —quien pasó de la política a ser el “aguador” de un equipo español— y la venia presidencial, el cartel de “El Mencho” experimentó un crecimiento exponencial. El resultado es el horror que hoy vive el estado: decenas de miles de personas desaparecidas y otras tantas asesinadas ante la indolencia criminal de un sujeto que utilizó la investidura presidencial para ejecutar venganzas personales.

Estamos ante un saqueo visceral y cobarde a la patria, perpetrado por quien prometió salvarla y terminó entregándola a las sombras para satisfacer su ego y sus rencores.

CIUDAD DE MÉXICO. – En el léxico de Andrés Manuel, la palabra “cacique” siempre fue un dardo envenenado reservado para sus adversarios del “PRIAN”. Sin embargo, al concluir su mandato, la realidad política del país revela que él mismo perfeccionó y ejecutó el cacicazgo más eficiente y extenso de la era moderna en México. No solo ganó la presidencia; impuso una red de gobernadores cuya única credencial era la lealtad ciega, eliminando cualquier rastro de contrapeso federalista.

EL MECANISMO DE LA IMPOSICIÓN: LEALTAD SOBRE COMPETENCIA

El método de Andrés Manuel no fue el “dedazo” tradicional del PRI, sino una “purga” ideológica. Para ser candidato de Morena a una gubernatura, no se requería trayectoria, arrastre local o un plan de gobierno; se necesitaba la bendición papal de Palacio Nacional.

El presidente utilizó tres herramientas clave para este control:

  1. Las “Encuestas” Internas: Un mecanismo opaco donde el resultado siempre coincidía con el deseo presidencial, desplazando a figuras locales con verdadero arraigo.
  2. Los Superdelegados: Funcionarios federales con presupuesto y padrones de programas sociales que operaron como “gobernadores en la sombra” para debilitar a los mandatarios de oposición y pavimentar el camino a los incondicionales de Morena.
  3. La Amenaza de la UIF: La Unidad de Inteligencia Financiera fue utilizada como garrote político para “doblar” a gobernadores de oposición (como en los casos de Quirino Ordaz en Sinaloa o Carlos Aysa en Campeche), quienes terminaron entregando sus estados a cambio de impunidad y embajadas.

EL FEUDO DEL SURESTE: LA CONSOLIDACIÓN DEL PODER FAMILIAR Y DE GRUPO

Es en su región natal donde el cacicazgo de Andrés Manuel se vuelve más evidente y patrimonialista. El sureste no fue gobernado; fue administrado para proteger sus obras faraónicas (Tren Maya y Dos Bocas) y asegurar el flujo de recursos para su grupo político.

  • Tabasco (La Joya de la Corona): Aquí la imposición fue cínica. Primero, su “hermano” Adán Augusto López, un político de viejo cuño priista que garantizó el control operativo del estado. Cuando Adán saltó a la SEGOB, el control no se relajó; se mantuvo a través de interinos incondicionales hasta llegar a Javier May, el hombre que demostró su lealtad operando el Tren Maya sin cuestionar costos ni impacto ambiental. Tabasco dejó de ser un estado para convertirse en la oficina de logística de la familia presidencial.
  • Chiapas (El Cacicazgo Matrimonial): La llegada de Rutilio Escandón no fue una victoria de la militancia chiapaneca, sino la consolidación de un pacto de poder. Escandón es cuñado de Adán Augusto López, uniendo así los hilos del poder tabasqueño con la gubernatura de Chiapas. Bajo su mandato, el estado se sumió en una crisis de violencia y paramilitarismo, mientras la prioridad seguía siendo la protección de los tramos del Tren Maya.
  • Campeche (La Gobernadora Incendiaria): Layda Sansores fue una imposición directa de Andrés Manuel, pasando por encima de aspirantes locales. Su papel no ha sido gobernar, sino actuar como el brazo propagandístico y de choque del presidente en el sureste, utilizando su “Martes del Jaguar” para perseguir adversarios con audios ilegales, todo bajo el amparo de la impunidad presidencial.

EL RESTO DEL PAÍS: EL AJEDREZ DE LA LEALTAD

El cacicazgo de Andrés Manuel se extendió a 22 estados, un mapa teñido de guinda donde la constante es la mediocridad administrativa compensada con obediencia absoluta.

  • Veracruz: Con Cuitláhuac García, el presidente impuso a un incondicional que, a pesar de los desastrosos resultados en seguridad y economía, recibió el respaldo público de AMLO en innumerables ocasiones. La única explicación: Cuitláhuac jamás le diría que no.
  • Guerrero y Colima: Casos emblemáticos donde las candidaturas fueron “heredadas” a hijas (Evelyn Salgado e Indira Vizcaíno) tras la caída de los candidatos originales (Félix Salgado Macedonio y el padre de Indira), demostrando que en el partido de Andrés Manuel, el poder es un asunto de familia y lealtad, no de mérito.

NOTA DEL EDITOR (Para Objetivo7): Andrés Manuel se va, pero deja un país sembrado de gobernadores que no responden a sus ciudadanos, sino al legado y las órdenes de su “Gran Cacique”. La resistencia que fuimos en 2012 contra el autoritarismo del PRI hoy debe evolucionar para denunciar este nuevo centralismo que asfixia la democracia local.

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