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Lo bueno, lo malo y lo peor de la era de los militares en Sinaloa

Se va el general Schazarino, como antes se fue Mérida, antes Castañeda, y antes…cinco militares en nueve años.

Andrés Villarreal/Ríodoce.

El General Óscar Rentería Schazarino llega en diciembre de 2024 al relevo de la Seguridad Pública. Era el cuarto mes de la guerra abierta entre los grupos de los Chapitos y los Mayitos. El General Gerardo Mérida estaba rebasado, llevaba un año en retiro cuando llegó al estado en septiembre de 2023, reunía el perfil para un Sinaloa con una reducida criminalidad. Los buenos tiempos.

El nuevo equipo de Schazarino se integró por militares de alto rango y todos con experiencia operativa. Le dieron el mando total para la coordinación de uno de los más numerosos grupos de fuerzas federales que se haya tenido registro en Sinaloa. No hay antecedente de tal número de elementos en funciones operativas, y eso que en Sinaloa se han enviado contingentes enormes en otros episodios violentos. Schazarino asume un territorio en disputa.

Solo rindió cuentas al gabinete federal, ahora comandado por Omar García Harfuch y más arriba por la Presidenta Claudia Sheinbaum. Los tres ya se conocían de mucho antes, cuando Schazarino fue el comandante de la primera Zona Militar en CdMx, donde Harfuch se encargaba de la seguridad y Sheinbaum era la Jefa de Gobierno.

De los 18 meses de la guerra narca en Sinaloa, a Schazarino le tocó encabezar el bando del gobierno federal en 15 meses. Unos días antes de su relevo, quizás ya decidida su salida de Sinaloa, en la visita presidencial de Sheinbaum se resaltaba la disminución en el índice de homicidios dolosos: De junio de 2025 que fue el pico de asesinatos a enero de 2026 se redujo en 50 por ciento el promedio diario de homicidios, segun los datos del Secretariado Ejecutivo (pasó de 6.9 homicidios diarios en junio de 2025, a 3.4 diarios en enero de este año).

La capacidad organizativa, de operación y de despliegue que impuso Schazarino a las fuerzas federales y a las magras locales, ahora se pondrá a prueba con el relevo en el mando general. Porque pese a la disminución evidente que pudiera existir en esa comparación entre el dato más alto de asesinatos y el más reciente, eso es solo estadística. En el terreno la guerra de Mayitos y Chapitos sigue tan cruenta y vigente como el primer día, aun en ese sube y baja de sucesos.

Ellos no se dan tregua, al contrario. La espiral de violencia sostenida mantiene a la ciudad de Culiacán en vilo, durmiendo temprano y prácticamente recluida la mitad del día. Esa intensidad no es fácil de medir, el índice de los delitos principales como asesinatos, desapariciones, robo de coches, quema de propiedades y ataques a la autoridad, se queda corto ante una realidad mayor. No se pueden escatimar los resultados evidentes en la contención, pero hay un plan inacabado en Sinaloa.

Guías y diarios de viaje

Margen de error

(Verdes) Casi se cumple una década de que el gobernador Quirino Ordaz entregó de nuevo al Ejército la seguridad pública de Sinaloa. De nuevo, porque 20 años atrás ya la había entregado el gobernador Renato Vega: en 1997 quitó a los civiles y nombró militares en todas las policías. Desde las municipales, hasta la Estatal y Judicial —hoy Ministerial— y la Protección Ciudadana ahora Seguridad Pública.

En realidad, en estas casi tres décadas (con seis gobernadores de todos los colores) los militares van y vienen de los mandos de las corporaciones civiles. Una vez que llegaron, se fueron en periodos muy cortos, y nunca del todo.

El padre de Renato Vega fue un general relevante, aun así, no era una iniciativa de él como gobernador, sino una imposición del gobierno de Ernesto Zedillo. A mediados de 1997 casi la totalidad de los estados nombraron a militares en sus corporaciones de seguridad.

Dos años estuvieron Acata, Collazo, Gómez, Mejía. Dos años controversiales por los señalamientos de violaciones a los derechos humanos. En 1999, con Juan Millán como gobernador, Sinaloa da el viraje: Militares, no; es el tiempo de los civiles. Entonces Millán nombra a puros abogados en Seguridad Pública, la Ministerial, y las policías locales. No resultarían diferentes.

Millán preparaba así el terreno para su policía favorito: Jesús Antonio Aguilar Íñiguez, ChuyToño.

En 2011, con Mario López en un gobierno azul pero priista, el número de asesinatos roza los 2 mil. El peor en toda la historia. Malova regresa a civiles en las corporaciones, otra vez fuera los militares que en 2008 nombró el gobernador Jesús Aguilar en plena guerra entre el Chapo-Mayo y los Beltrán Leyva. Es el tiempo de los “cuates” de Malova como Genaro García Castro y ChuyToño 2.0

Apenas deja el poder Malova, y volvemos a los militares con Quirino Ordaz, en 2017.

Primera cita

(Ibarra) La historia de la seguridad pública de Sinaloa está contada a retazos, peor contada que la historia del narco. Un largo periodo donde han perdido la vida centenares de mandos civiles y militares que tenían la encomienda de enfrentar la violencia.

Héctor Manuel López Ibarra es apenas un ejemplo. Es quien encabezó la Policía Judicial (hoy Ministerial) con la salida de los militares. Es justo antes de los años del poderoso ChuyToño.

López Ibarra tiene un paso efímero en la corporación, pero al salir le encomiendan un área de asuntos internos de la policía. Inexistente antes y ahora. Tarda más en integrar un expediente en que lleguen a su casa a matarlo. Un comando le dispara en su casa y lo asesina. Sobra decir que es otro crimen sin resolver.

López Ibarra seguía una pista: los señalamientos de los vínculos de policías ministeriales con el Cártel Sinaloa, el Chapo y el Mayo. Antes y hoy sabíamos que era una pista que tenía mucho (todo) de verdad (PUNTO)

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