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AGUASCALIENTES, AGS. – Lo que en septiembre de 2025 parecía un compromiso de honor frente a los micrófonos de la radio local, hoy se ha convertido en el monumento a la incongruencia del diputado Fernando Alférez Barbosa. A medio año de haber aceptado públicamente una deuda con el abogado Alan Capetillo durante una intervención en el programa Infolínea, el coordinador de la bancada de Morena sigue sin abrir la cartera, apostando al olvido y al ruido político.

A pesar de que en su momento Alférez intentó desviar la atención acusando una supuesta “extorsión”, la realidad legal no ha cambiado: el adeudo persiste y el legislador, que hoy goza de una dieta mensual pagada por los ciudadanos, ha decidido ignorar el juicio que tiene en contra.

El fuero como escudo ante las deudas

Fuentes cercanas al caso confirmaron a Objetivo7 que Alan Capetillo no ha recibido un solo peso del monto pactado. La estrategia de Alférez ha sido clara: ganar tiempo en los tribunales mientras en la tribuna del Congreso se desvive en discursos sobre la honestidad y la justicia para los desprotegidos.

Los puntos críticos de la falta de pago:

El compromiso de Infolínea:

El audio de aquella discusión con José Luis Morales sigue siendo el recordatorio de una palabra empeñada que no valió nada. De la acusación al silencio: Tras llamar “extorsionador” a Capetillo para victimizarse, el diputado no ha presentado pruebas de dicha acusación, reforzando la tesis de que fue una cortina de humo para no pagar. Insolvencia ética: Con un sueldo que supera los 60 mil pesos mensuales, más prestaciones, la falta de pago no es por carencia económica, sino por una decisión política de desacato. ¿Justicia para quién? La pregunta que hoy circula en los pasillos del Congreso es simple: ¿Cómo puede un diputado exigir que se respete la ley si él mismo evade una sentencia o un compromiso de pago derivado de un juicio? Para los afectados, la actitud de Alférez Barbosa es el ejemplo perfecto de la “casta” que tanto critica en sus discursos: un funcionario que se siente intocable detrás de su escritorio legislativo.

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