La FSSPX confirma que ordenará obispos sin mandato del Papa pese a la advertencia del Vaticano
La reunión tendrá lugar en Dicasterio para la Doctrina de la Fe con el Cardenal Víctor Manuel Fernández | Crédito: Victoria Cardiel/EWTN News
La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), conocida como los “lefebvrianos”, confirmó que seguirá adelante con las consagraciones episcopales previstas sin autorización del Papa, pese a las advertencias de la Santa Sede sobre las consecuencias canónicas de ese paso.
En una carta al prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicada este jueves, el superior general de la FSSPX, el sacerdote Davide Pagliarani, reafirma su decisión de proceder el 1 de julio con la ordenación de nuevos obispos sin mandato pontificio, y asegura que no acepta posponerla como condición para abrir el diálogo con el Dicasterio, a pesar de que Roma advierte que esa consagración implicaría una ruptura de comunión y posible cisma.
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La ordenación de obispos sin mandato pontificio puede acarrear la excomunión automática tanto del consagrante como del ordenado y, en la práctica, situar al grupo en una ruptura formal de la comunión con la Iglesia católica.
Durante un encuentro hace una semana entre el P. Pagliarini y el prefecto del Dicasterio, el cardenal Víctor Manuel Fernández, la Santa Sede propuso a la Fraternidad “un camino de diálogo específicamente teológico”, orientado a fijar los mínimos necesarios para la plena comunión con la Iglesia católica.
Sin embargo, supeditó la apertura de ese proceso a la “suspensión” de las consagraciones episcopales anunciadas el pasado 2 de febrero.
El Vaticano advirtió expresamente de que “la ordenación de obispos sin mandato del Santo Padre” prevista para el próximo 1 de julio “implicaría una ruptura decisiva de la comunión eclesial (cisma) con graves consecuencias para la Fraternidad en su conjunto”.
Pese a ello, la sociedad fundada el 1 de noviembre de 1970 por el arzobispo francés Marcel Lefebvre rechazó esa condición y descartó aplazar las ordenaciones a cambio de abrir un nuevo proceso de diálogo doctrinal.
“No puedo aceptar la perspectiva y los objetivos en nombre de los cuales el Dicasterio propone reanudar el diálogo en la situación actual, ni tampoco el aplazamiento de la fecha del 1 de julio”, dijo el P. Pagliarani en la carta.
Sin reconocimiento canónico pleno
En la actualidad, la FSSPX no goza de reconocimiento canónico pleno dentro de la Iglesia, lo que implica que su situación jurídica es irregular. El Vaticano proponía explorar un mecanismo que permitiera encauzar su realidad eclesial y reconocer su espiritualidad pero actuando dentro de los márgenes de la Santa Sede.
Paralelamente, los lefebvrianos difundieron un posicionamiento doctrinal en el que sostienen que las consagraciones previstas no constituyen un acto de cisma.
En ese documento defendieron que una consagración episcopal sin mandato pontificio no supone ruptura de la comunión si no va acompañada de intención cismática ni de la asunción de jurisdicción, una tesis que choca frontalmente con la interpretación mantenida por la Santa Sede.
“La Fraternidad se defiende de toda acusación de cisma y considera, apoyándose en toda la teología tradicional y en la enseñanza constante de la Iglesia, que una consagración episcopal no autorizada por la Santa Sede, cuando no va acompañada ni de una intención cismática ni de la colación de la jurisdicción, no constituye una ruptura de la comunión de la Iglesia”, señaló el documento.
La carta de Pagliarani
En su carta, fechada en Menzingen el 18 de febrero de 2026, Miércoles de Ceniza, el P. Pagliarani respondió formalmente al cardenal Fernández considerando que el contexto actual, marcado por advertencias públicas sobre posibles sanciones, no ofrece las condiciones de serenidad necesarias para un diálogo.
“No puedo aceptar, por honestidad intelectual y fidelidad sacerdotal, ante Dios y ante las almas, la perspectiva y los objetivos en nombre de los cuales el Dicasterio propone reanudar el diálogo en la situación actual; ni tampoco, por otra parte, el aplazamiento de la fecha del 1 de julio”, afirmó el sacerdote.
El texto, hecho público por la Fraternidad, está firmado por el Consejo General, incluidos los obispos Alfonso de Galarreta y Bernard Fellay, entre otros.
El P. Pagliarani agradeció al prefecto haberlo recibido y haber hecho público el contenido del encuentro, “lo cual favorece una perfecta transparencia en la comunicación”.
Asimismo, aseguró que no puede sino “acoger favorablemente la apertura a una discusión doctrinal”, recordando que fue él mismo quien la propuso en 2019. No obstante, subrayó que en aquel momento el Dicasterio “no mostró realmente interés”, al considerar imposible un acuerdo doctrinal entre la Santa Sede y la Fraternidad.
El superior general sostuvo que una discusión doctrinal “era —y sigue siendo— deseable y útil”, incluso sin garantías de acuerdo, porque permitiría “conocerse mejor mutuamente” y comprender “el amor real por la Verdad, por las almas y por la Iglesia” que anima a cada parte.
Un desacuerdo “de conciencia”
El núcleo del rechazo, según la carta, radica en la imposibilidad de alcanzar un consenso en torno a las orientaciones surgidas tras el Concilio Vaticano II.
“Ambos sabemos de antemano que no podemos ponernos de acuerdo en materia doctrinal, especialmente en lo que se refiere a las orientaciones fundamentales adoptadas desde el Concilio Vaticano II”, escribió Pagliarani.
Para la Fraternidad, ese desacuerdo no es “una simple divergencia de opiniones”, sino “un verdadero caso de conciencia, nacido de lo que resulta ser una ruptura con la Tradición de la Iglesia”. A su juicio, ese “nudo” se habría vuelto “aún más inextricable con los desarrollos doctrinales y pastorales surgidos durante los últimos pontificados”.
El sacerdote cuestionó además la viabilidad de un proceso orientado a determinar conjuntamente “los mínimos necesarios para la plena comunión”, dado que —según recuerda— los textos conciliares “no pueden ser corregidos” ni puede ponerse en cuestión la legitimidad de la reforma litúrgica.
El P. Pagliarani evocó también el precedente del diálogo doctrinal iniciado en 2009 y prolongado hasta 2017, que concluyó —según su versión— con una decisión unilateral del entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Gerhard Ludwig Müller, quien habría fijado los “mínimos necesarios” incluyendo explícitamente “todo el Concilio y el posconcilio”.
“La mano tendida para la apertura al diálogo va acompañada, lamentablemente, de otra mano ya dispuesta a infligir sanciones”, denunció, aludiendo a las advertencias sobre una posible ruptura de la comunión y “graves consecuencias”.
Un conflicto que se remonta a 1988
La crisis actual reaviva un conflicto que estalló en 1988, cuando el arzobispo Lefebvre consagró cuatro obispos desobedeciendo una orden explícita de San Juan Pablo II. Todos fueron excomulgados. Veintiún años después, Benedicto XVI levantó la excomunión a los obispos que estaban vivos entonces como gesto de acercamiento.
Posteriormente, el Papa Francisco autorizó a los sacerdotes herederos de Lefebvre a confesar válidamente y a asistir matrimonios en determinadas condiciones, en un nuevo intento de aproximación.
Según sus propios cálculos, unas 600.000 personas comparten la espiritualidad de los lefebvrianos, que cuentan con cinco seminarios y están en unos 60 países.
La nueva ordenación episcopal, prevista para el 1 de julio, coincide con el aniversario del decreto firmado en 1988 por Juan Pablo II para declarar la excomunión de Lefebvre.
Fundada en 1970 como reacción a las reformas del Concilio Vaticano II, la Fraternidad mantiene que algunas de sus enseñanzas son erróneas y celebra la Misa según el rito anterior a la reforma litúrgica. Lefebvre falleció en 1991 sin haberse reconciliado con Roma.
Las consagraciones episcopales sin mandato pontificio están tipificadas en el derecho canónico (Can. 1387) como un acto que puede comportar la excomunión automática, como ya ocurrió en 1988.
Textualmente, dice: “El Obispo que confiere a alguien la consagración episcopal sin mandato pontificio, así como el que recibe de él la consagración, incurren en excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica”.
