Abuso sexual de clérigos
Hágase mi voluntad: bucear en la mente de Marcial Maciel
Inspirada en lo que hubiera podido ser una de las pesadillas de Maciel, Hágase mi voluntad es un monólogo de Alicia Garza Martínez, disponible en YouTube.

El libreto de Garza Martínez ofrece una clara comprensión de los intercambios perversos entre las élites mexicanas, españolas y estadunidenses y Marcial Maciel.
Uno de los mayores méritos de Garza Martínezes cómo derrumba la noción misma de un “depredador solitario”, la leyenda favorita de la Iglesia Católica para evadir su responsabilidad por depredadores como Maciel.
Rodolfo Soriano-Núñez/Los Ángeles Press
En lo profundo de los archivos de YouTube yace un tesoro oculto para quienes estén dispuestos a sumergirse en la imaginación delirante de un clérigo depredador. Escrita por la dramaturga mexicana Alicia Garza Martínez, la pieza no es para quienes buscan evadir la realidad; la televisión, abierta y por cable y el mismo YouTube ya ofrecen suficiente de eso.
Esta es una inmersión en los calabozos de los estados mentales de Maciel. No es un culebrón de Televisa ni un rollo de final feliz tipo Hollywood. Es un retrato meticuloso de las capas que dan forma a la mente de un depredador.
Representa fielmente la suerte de cebolla que son las muchas capas de la mente de un depredador, sin importar que sea clérigo o con algún otro título que los haga creer en su propia grandeza. Es una descripción de su firme convicción de que cualquier daño infligido a sus víctimas es insignificante comparado con sus supuestas contribuciones a las instituciones donde jugaban a ser mesías.
Al igual que otras obras que tratan las complejidades del abuso sexual, a menos de clérigos o de otros personajes, Hágase mi voluntad es un intento de mirar a los ojos de la bestia, de comprender las razones detrás de la banalidad del mal que perpetra. Como tal, es una moraleja para la Iglesia Católica, otras iglesias cristianas, otras religiones y cualquier otra institución en riesgo de ser capturada por narcisistas.
El video es una grabación de poco menos de una hora de teatro en vivo de una producción de David Adrián García Garza, tal como se presentó en El Círculo Teatral en la Ciudad de México, el pasado 28 de junio de 2025.

El único personaje, el de Marcial Maciel, es interpretado por Francisco De Luna, quien ofrece una representación magistral con una escenografía muy sencilla con un sillón, un baúl, algunos papeles, una botella y un vaso y un tapete.
De Luna retratar a Maciel durante una pesadilla, probablemente en los últimos días de su vida en Florida, mientras peleaba como una especie de Ebenezer Scrooge mexicano con los fantasmas de su propio pasado convulso, comenzando con su mamita querida, Doña Maurita, hasta su amado Juan Pablo II, con algunas líneas despectivas, adecuadas al personaje, para “¡Ratzinger!”.
Como suele ser el caso con muchos depredadores en la videa real, De Luna transmite de manera cabal la ira y el desprecio de Maciel hacia el llamado “Rottweiler de Dios”, aun cuando, para quien haya seguido las desventuras de la crisis de abuso, Benedicto XVI fue lo suficientemente débil como para mantener a Maciel como sacerdote, incluso si le dio un jalón de orejas al “castigarlo” a una supuesta “vida de oración”.
Al principio de la obra, se ve la interpretación de De Luna del despecho de Maciel por Joseph Ratzinger. Amenaza en el laberinto de la pesadilla al entonces papa con decir lo que sabía de los muchos abusos de Georg, el hermano de Ratzinger, el ahora finado sacerdote y director de un coro de niños quien, ahora lo sabemos, al menos toleró el abuso con el consentimiento de su todopoderoso hermano.
En ese sentido, el retrato de Garza Martínez de la pesadilla de Maciel es una descripción precisa de lo que sabemos sobre el “último Maciel”, el anciano Whitexican, perdido en los inmensos pasillos de los centros comerciales de lujo en el sur de Florida, mientras gastaba compulsivamente una fortuna amasada en México. Lo hacía mientras se burlaba del castigo de Ratzinger y de las débiles estructuras de la Iglesia Católica, con el arzobispo John Clement Favalora de Miami en primera fila.
Como fue el caso en Santiago de Chile cuando Fernando Karadima permaneció como un sacerdote activo, con una feligresía propia, a pesar de las “sanciones” de Benedicto XVI, Maciel pudo seguir “livin’ la vida loca”, la personificación misma de quien alardea su impunidad en esos centros comerciales y en muchos otros lugares, sin asomo de penitencia y menos de reconocer el daño, las consecuencias, de su abuso.
El guión de Garza Martínez ofrece también una excelente comprensión del tipo de intercambios perversos entre las élites mexicanas, españolas y estadunidenses con Maciel. Esa es, quizás, la conclusión clave que muchos en el mundo católico aún no están dispuestos a aceptar: los depredadores son el subproducto de entornos que facilitan e incluso fomentan la desigualdad en las interacciones sociales. Eso es más peligroso en entornos religiosos donde, al menos en teoría, todos son hijos e hijas de un Dios amoroso.
El sacerdote mexicano les ofrecía acceso a Juan Pablo II y a la Curia Romana, y ellos estaban más que dispuestos a recompensar su intermediación en el Vaticano, aunque no fuera más que por el dudoso privilegio de fingir cierta cercanía con Karol Wojtyla.
Otro mérito en el libreto de Garza Martínez es la forma en que describe la delusión de Maciel de presentarse como el proverbial “alter Christus” de antaño, no por sus propios méritos, sino porque era “capaz” de presentar cualquier objeción a su abuso como una especie de persecución.
Hijo del Bajío mexicano, embriagado con la dudosa idea de ser hijo, sobrino y primo de mártires de la llamada Cristiada o guerra Cristera, de 1926-29, Maciel encontró un público lo suficientemente crédulo como para creer las muchas mentiras de él luchando en esa guerra cuando era un niño pequeño.
Allí surge uno de los aspectos más tristes de la crisis de abuso sexual del clero, no sólo en el Bajío mexicano, donde todavía se encuentran charlatanes que afirman ser descendientes directos de los cristeros, sino en todo el mundo.
Ya sea que uno vea a Maciel, a Karadima en Chile, a Carlos Miguel Buela en Argentina o a Luis Fernando Figari en Perú, todos ellos perfeccionaron el arte de hacerse la víctima, mientras secuestraban a los hijos e hijas de los más fieles de su iglesia, demasiado convencidos de la santidad de estos depredadores como para cuestionar siquiera si eran realmente víctimas de los “comunistas” que intentaban destruirlos a ellos y a la Iglesia de Cristo.
El Maciel de De Luna demuestra lo experimentado que es como actor. Se necesita ser un histrión bien entrenado para pronunciar muchas de las líneas de Maciel sin atragantarse con las infinitas contradicciones contenidas en casi cualquier frase escrita por Garza Martínez y ejecutada por el protagonista.
A diferencia del desperdicio que fue Maciel, el lobo de Dios de HBO, objeto de un texto completo en la serie que trata sobre el abuso sexual en Los Ángeles Press, el monólogo de Garza Martínez es extremadamente cuidadoso al transmitir la imposibilidad misma del abominable depredador solitario, la leyenda favorita de la Iglesia Católica cuando evita su responsabilidad institucional por los muchos abusos de sus fieles a manos de depredadores que pretenden estar consagrados a la “cura de almas”.
Noticias de Los Ángeles
El video de la obra está disponible inmediatamente después de este párrafo. La dicción perfecta de De Luna y el buen diseño de sonido, al igual que la iluminación, permiten una experiencia tan buena como es posible al tratar estos temas.
Mi única sugerencia (y expectativa) es que, después de temporadas cortas en diferentes teatros de la Ciudad de México y Monterrey en 2025, esta obra pueda encontrar un foro o foros que permitan al público tener la oportunidad de experimentarla tal como Alicia Garza Martínez escribió originalmente el texto, en un teatro propiamente dicho.

