De la promesa popular al colapso autoritario
37 años de poder absoluto
I. El origen del mito: Hugo Chávez y la seducción del pueblo (1992–1999)

La dictadura bolivariana no nació como dictadura. Nació como relato.
En febrero de 1992, un teniente coronel llamado Hugo Rafael Chávez Frías encabezó un golpe de Estado fallido contra el presidente Carlos Andrés Pérez. El golpe fracasó militarmente, pero triunfó simbólicamente. Frente a las cámaras, Chávez pronunció dos palabras que marcarían a Venezuela durante décadas: “por ahora”.
Ese “por ahora” fue una promesa. El país venía golpeado por el Caracazo, por la corrupción de los partidos tradicionales y por una desigualdad brutal. Chávez se presentó como el vengador de los pobres, el redentor de los olvidados, el hombre que hablaba como el barrio y citaba a Bolívar como si fuera contemporáneo.
En 1998 ganó la presidencia con un discurso antisistema. No prometió dictadura: prometió refundar la República.
Y Venezuela lo creyó.
II. La revolución bolivariana: democracia plebiscitaria y poder concentrado (1999–2006)
Chávez llegó al poder por la vía electoral, pero nunca creyó en la democracia liberal. Su primer gran movimiento fue convocar una Asamblea Constituyente que le permitió desmontar los contrapesos institucionales heredados.
La nueva Constitución de 1999 amplió derechos sociales, sí, pero también concentró poder en el Ejecutivo, debilitó al Parlamento tradicional y abrió la puerta a la reelección.
El chavismo entendió algo clave:
no necesitaba eliminar las elecciones, solo controlarlas.
Durante estos años:
- Se politizó el Ejército
- Se colonizó el Poder Judicial
- Se comenzó a someter a los medios críticos
- Se usó el petróleo como herramienta de control social
PDVSA, la joya petrolera del país, dejó de ser una empresa técnica y se convirtió en caja chica del régimen.
Cuando sectores civiles y empresariales intentaron frenar a Chávez en 2002, el intento de golpe —torpe, desordenado— terminó legitimándolo aún más. El chavismo aprendió otra lección: toda oposición podía ser presentada como golpista, traidora o imperialista.
III. El petróleo como anestesia: populismo, subsidios y lealtad forzada (2006–2012)
Con el precio del petróleo en máximos históricos, Chávez consolidó su proyecto.
Regaló dinero, alimentos, viviendas, becas, electrodomésticos.
Creó las misiones, estructuras paralelas al Estado que respondían directamente a él.
No construyó instituciones: construyó dependencia.
El país dejó de producir. Importaba todo. Vivía de la renta petrolera.
Y mientras tanto:
- Se expropiaron empresas
- Se destruyó el sector privado
- Se criminalizó la disidencia
- Se persiguió a periodistas
- Se compraron conciencias en el extranjero
Chávez se volvió un caudillo continental. Exportó ideología, financió campañas, sostuvo gobiernos aliados. Venezuela pasó de ser una república petrolera a un proyecto ideológico armado con petrodólares.
Pero el cuerpo de Chávez empezó a fallar.
Y con él, el mito.
IV. La herencia maldita: Maduro y el tránsito a la dictadura abierta (2013–2017)
Cuando Nicolás Maduro asumió el poder tras la muerte de Chávez, Venezuela ya estaba herida, pero aún respiraba.
Maduro no tenía el carisma, la inteligencia política ni la conexión popular de su mentor. Solo heredó el aparato… y el miedo a perderlo.
Aquí ocurre el quiebre definitivo.
La caída del precio del petróleo desnudó el desastre económico:
- Inflación fuera de control
- Escasez de alimentos y medicinas
- Colapso de servicios públicos
- Migración masiva
En 2015, la oposición ganó la Asamblea Nacional. Fue la última elección relativamente libre.
La respuesta del régimen fue clara: desconocerla.
Maduro creó una nueva Asamblea Constituyente a su medida, anuló al Parlamento electo y cerró cualquier vía institucional al cambio.
Desde ese momento, Venezuela dejó de ser una autocracia disfrazada y se convirtió en una dictadura funcional.
V. Represión, hambre y exilio: el Estado como aparato de control (2017–2022)
La dictadura bolivariana se sostuvo con tres pilares:
- Fuerza
Represión sistemática, presos políticos, tortura documentada, ejecuciones extrajudiciales. - Control
Carnet de la patria, alimentos condicionados, vigilancia social. - Impunidad
Cúpulas militares y civiles implicadas en corrupción, narcotráfico y violaciones de derechos humanos.
Millones de venezolanos huyeron.
La migración venezolana se convirtió en la mayor crisis humanitaria del continente.
Mientras tanto, el régimen sobrevivía:
- Apoyado por Rusia, China, Irán y Cuba
- Blindado por el Ejército
- Tolerado por una comunidad internacional dividida
Las elecciones se volvieron simulacros. La oposición fue fragmentada, cooptada o exiliada.
VI. Venezuela hoy: un país secuestrado
Hoy, Venezuela es:
- Un país sin Estado de derecho
- Con instituciones vacías
- Con elecciones sin competencia real
- Con una economía parcialmente dolarizada por supervivencia
- Con una población exhausta
La dictadura bolivariana ya no se sostiene por ideología, sino por inercia, miedo y negocios.
El discurso antiimperialista convive con pactos opacos.
La retórica revolucionaria se mezcla con lujo obsceno de las élites del poder.
El proyecto que prometió dignidad terminó produciendo hambre, exilio y silencio.
VII. Epílogo: la tragedia venezolana

Venezuela no cayó de golpe.
Fue empujada, voto a voto, concesión a concesión, aplauso a aplauso.
La dictadura bolivariana es una advertencia histórica:
las democracias no mueren solo con tanques, también mueren con discursos, carisma y promesas imposibles.
Y mientras el mundo discute geopolítica, millones de venezolanos siguen pagando el precio de una revolución que nunca fue para ellos.
